miércoles, julio 4

día 1


Cuando uno no duerme acompañado la confianza nos traiciona en dos momentos del día: al levantarnos y a la hora de ir a la cama. Por la mañana se hace palpable el primer momento de soledad y esa prácticamente ineludible obligación de seguir y darle la cara al mundo. Por la noche te vas a acostar solo y la imposibilidad de conciliar el sueño te lleva a encontrarte con esos pensamientos que durante el día sí pudiste evitar. Se requiere o ser muy inteligente o ser muy valemadrista para sacarle vuelta a esta situación. Yo no soy ni lo suficientemente inteligente ni valemadres para no dejarme influir por mis sentimientos. Pero en términos generales estoy bien.

Tengo las piernas adornadas con muchos moretones que me hice anoche en la odisea de cargar con mis maletas; fue espantoso bajar 6 pisos con tanto peso a cuestas y luego hacer el ridículo arrastrando tanta cosa por la central de autobuses. Afortunadamente a falta de compañía conté con un taxista de la categoría "viejito pan de dios" que me acompañó hasta casi subirme al camión. Creo que en estos diez años en el DF tuve muchísima suerte con los taxistas.

Mi cuarto está lleno de cajas y maletas, y debo lidiar con el hecho de que mi recámara se convirtió en la bodega del resto de la familia; de pronto siento que debo volver a dormir en la sala. Paradojas: desempacar para luego volver a empacar a un nuevo destino (suena cursi, pero es terrible).

Hace un calor del averno, un clima tropical de república bananera.

Me veo al espejo y el reflejo me devuelve una figura de gordita porteña que me parece lamentable; no había tenido este peso antes y me deprime reconocerlo.

En fin, back to the basics, regreso a los orígenes para tomar fuerza y comenzar desde cero. En realidad me siento bien. El único reto a superar esta noche es quitarme de la cabeza a Demian Rice cantando The blower's daughter. That's all.

No hay comentarios.: