lunes, junio 18

Miscelánea

De sueños mafufos y pesadillas

No me gusta repetir en un día lo que hice el día anterior, como usar los mismos aretes o comer lo mismo que ayer. Creo que mi inconsciente lo sabe y por eso no tengo el mismo sueño dos noches seguidas. Por eso me extrañó que la madrugada del sábado y del domingo tuviese un sueño recurrente. En realidad para mí fue una pesadilla, porque me sentía ansiosa y asustada, además es muy real, sólo hasta que me despierto me doy cuenta que era un sueño. Esto es lo que sucede: estoy dormida y me levanto, al baño o algo así, llevo un camisón de algodón rosa (el cual no tengo en realidad) y me doy cuenta que el foco de la sala está encendido y cuando voy a apagarlo me percato que el portallaves que está en la pared donde obviamente colgamos las llaves no tiene ni mi llavero ni el de Diana. Hasta aquí no big deal, pero la ansiedad me viene por el significado que le doy a ese hecho: Diana y yo tenemos entendido que cuando el llavero de una no está colgado es porque no estamos en casa, entonces en mi sueño entro en una confusión terrible porque no sé qué hago adentro del departamento si mis llaves no están ahí, es decir, yo no debería estar ahí, entonces ¿quién cuernos soy o que hago adentro? La ansiedad se vuelve angustia cuando me doy cuenta que la puerta tiene las dos cerraduras abiertas, entonces jalo un poco la puerta para ver hacia fuera y sólo veo un largo pasillo pintado de verde pistache, con puertas de madera café oscuro y macetas (mi edificio no tiene pasillos, enfrente de mi departamento está la puerta del otro y las escaleras). En eso un par de manos, que no logro ver, tratan de empujar la puerta para entrar y yo con todo el cuerpo opongo resistencia. Me da tanto miedo que me hagan daño que en ese momento me despierto, agitada. No logro descifrar bien el sueño y no entiendo porqué lo tuve dos noches seguidas. En la madrugada de este lunes, cuando me fui a acostar, no pude dormir fácilmente. Estuve dormitando como una hora y me paraba cada 10 minutos porque tenía sueños feos, pesadillas. Odio que pase eso, la verdad es que no me suele pasar. No sé qué tanto hay que me asusta.
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Esto es de anoche:
Sobre el día del padre, el contacto físico y el ACSI

Hoy fue un día del padre muy particular. No pude estar con mi papá, aunque le llamé temprano para saludarlo y como buen padre, dejó de lado mi “felicidades papaíto” para preguntarme cómo estaba y cómo iba con el trabajo y la mudanza. Otro día del padre sin estar cerca de él, pero con los años he aprendido a lidiar con la distancia que me separa físicamente de mucha gente a la que llevo bien anclada en mi corazón.
Esta vez acompañé a un padre muy especial en mi vida. Fue el primer día del padre de mi amigo Fer, a quien le debía una visita y con quien pasé una tarde muy agradable en compañía de Pilar, su mujer, y su hermosa niña de tres meses, Inés. Con Inés fue algo especial porque me dejó tenerla en mis brazos casi toda la tarde y respondía con balbuceos a mi plática y me regaló muchas sonrisas. Es una niña muy viva, muy atenta a todo lo que pasa a su alrededor e interactúa con las personas con las que está. Me dejó fascinada. A veces me entra el gran anhelo tanto tener un hijo, poder ser madre, pero sé que aún no es mi momento. Creo que los hijos llegan a nuestra vida cuando Dios nos lo dispone.
Este día también fue especial porque sentí mucho el contacto físico de la gente. Fer es taciturno, frío y reservado, pero siempre se guarda un abrazo para mí. Pilar es una mujer maravillosa, muy expresiva y me abrió su corazón y su pensamiento para confiarme tantísimas cosas y despedirme con un cálido abrazo. Ni qué decir de Inés, que con una sonrisa me llenó de lindos sentimientos.
Horas antes, había sufrido un poco en la visita guiada que di hoy en el museo. Empecé con un grupo como de 25 personas que acabó duplicándose, me tocaron salas muy llenas y un concierto en el patio lateral del museo que me retó a subir la voz para no perder la atención del público. Las primeras dos salas fueron muy difíciles porque no sentía muy involucrada a la gente y eso me hizo sentir mal, pero después se armó una química especial en donde logramos generar no una simple exposición a través de la muestra sino un diálogo fascinante. El público no sólo comenzó a hacer muchas preguntas sino que entre ellos comentaban sus ideas que luego compartían conmigo y me pedían que les mostrara más obras de las que generalmente presento en mi recorrido.
Al final la gente se acercó a darme las gracias, esto suele ocurrir, pero en esta ocasión un par de señoras me abrazaron, otras personas me tomaron del brazo o de la mano mientras me daban sus comentarios finales, y un par de niñas que estuvieron a mi lado durante todo el recorrido fueron conmigo a darme un beso de despedida. No cuento esto para darme importancia, sino porque me dejó sorprendida la generosidad y entrega de la gente, y esa a veces necesidad de expresarnos físicamente con el contacto, ir más allá de las palabras. Algo así como dice Gustavo Cerati, esa frase que me gusta tanto: si el lenguaje es otra piel, toquémonos más.
Ah, y digo que no es por darme ínfulas que cuento esto, porque estoy perfectamente consciente de que el buen trabajo que el público reconoce por parte del voluntariado del Museo del Antiguo Colegio de San Ildefonso es un reflejo de la titánica labor que realiza el personal de planta encargado de capacitarnos. Así que, como se los he dicho en persona, todo se lo debemos a la entrega de Jonatan y Magaly, nuestros coordinadores, ante quienes me quito el sombrero. Entonces aprovecho para mi comercial:
Ésta es la última semana de la magna muestra Revelaciones, las artes en América Latina 1492-1820, Antiguo Colegio de San Ildefonso, Justo Sierra 16 en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Cierran los lunes, el martes es entrada libre. Sábados y domingos hay visitas guiadas gratuitas a las 12:30, 14:30 y 16 hrs. La exposición termina el domingo 24 de junio.

Junio 17, 2007
23:06

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