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jueves, febrero 4

mental overload at a glance

El proyecto en el que ahora colaboro ha sido un giro sustancial en mi carrera y muy probablemente eso determine muchas cosas a futuro, pero también puede que no, aún está por verse. Lo que sí es cierto es que ha sido una aventura para quienes participamos en él y hemos pasado de extremo a extremo entre burlas, críticas constructivas y destructivas, escepticismos, grandes esperanzas, todo tipo de expectativas y muchos tipos de malentendidos (¿qué hacen en mi escritorio manuales de exámenes SAT?, ¿qué haces en el sitio yourhormonesandyou.com?, ¿qué van a hacer con esa caja de manzanas?, ¿de verdad van a hacer que la gente escupa en el laboratorio?). En el ínter, nosotras mismas hemos estado a punto de convertirnos en sujetos de nuestro propio experimento, porque hemos llegado a niveles de estrés que sólo porque dios es grande esto no ha sido el acabose. O eso creí hasta ayer, que me tocó estar en medio de una discusión que no me tocaba presenciar desde aquellos ayeres en donde trabajaba para LR y su esposa y además de ser asistente de investigación tenía que aventármela de referee matrimonial o algo así. Sólo que esta vez no se trataba de una pareja sino de dos colegas que llegaron al colapso cuando yo menos me lo esperaba (¡yo no tenía que estar ahí, yo tenía que haber estado en mi taller de redacción, al que por segundo día consecutivo hoy no pude asistir!). Lo que más he aprendido en mis trabajos ha sido a sorprenderme de la naturaleza humana y ayer yo no me sentía particularmente tensa sino más bien triste. Mi cabecita extrapoló conclusiones del tipo "creo que en cuanto me case y tenga hijos me retiro de la vida profesional y me dedico a mi familia y a mi hogar", y quise buscarte y ya no te pude ver, pero bueno. Ayer me di cuenta de lo difícil que es ser una persona adulta y tener responsabilidades y pesos y la vida de otras personas sobre nuestros hombros; no que no lo supiera, sino que me sorprendió de pronto verlo tan cerca, TAN CERCA. De pronto pienso que voy a talonearle con ganas de aquí a los 35 años para después dejar todo esto y dedicarme a vivir en paz y hacer una cosa a la vez, obvio que primero es condición necesaria el toparme en el camino con un potencial marido billetón. No obstante, hoy me siento medio chinche todavía y mi ánimo se mantiene a flote gracias justamente a chispitas de optimismo como el hecho de que surjan discusiones interesantes respecto a cierto tema de investigación en el que aparentemente me he especializado (en tierra de ciegos el tuerto es rey, explicación más probable en realidad) y entonces me doy cuenta que lo bueno de hacer varias cosas diferentes es que cuando uno se da un resbalón marca diablo o una apucharrada inexplicablemente prolongada de corazón, pues por lo menos hay otros soportes que ayudan al ánimo; que aunque uno se caiga y cojee es mejor eso a caerse y quedarse ahí pues.

miércoles, febrero 3

...

Después de dar muchas vueltas y ante la falta de tiempo para ir a donde los libros usados o la biblioteca (la lluvia nos limita a veces de forma considerable a ciclistas y peatones, aunque, aparentemente, no a los beisbolistas....), decidí volver a mi biografía de Gaudí. Estaban por ahí en dos diferentes montones, un par de colecciones de cuentos y tres novelas, pero como bien dice D, entre libro y libro leído siempre hay por lo menos un par abandonados (cita no textual). Quise terminar oficialmente mi edición en español de Esto parece el paraíso, pero para saber de opiniones de libros o autores prefiero las de mis amigos, así que decidí postergar indefinidamente la lectura del epílogo de Rodrigo Fresán. Terminé la novela hace dos semanas y me quedé sorprendida. Para empezar me dijeron que lo escogieron con cuidado por aquello de que soy una caprichosa que no puede con Cervantes, ni con historias en el mar y a quien no le gustó la peli de Slumdog millionaire, y pues bueno, tener de obsequio un libro que lleva detrás tal proceso de selección es como si llevara la dedicatoria incluida. Sabía lo vaca sagrada que es Cheever y por eso quise leerlo con cuidado, pero en realidad lo que me sorprendió fue la extensión de la novela, sentí que era un joyita que tenía que saborear lentamente, yo que cuando me emociono leo toda encarrerada. Así que me tomé mi tiempo y me fui palabra por palabra, sencillito y potente el libro, como un buen café espresso, que si quieres disfrutar no te lo puedes tomar tan así de un sorbo. Quiero leer sus cuentos ahora, pero, sobre todo, de Cheever me ha quedado esa sensación de que me hubiera gustado conocerlo en vida, ese cosquilleo que me provocan Wilde y Cortázar, vaya ud a saber por qué. En fin, dos citas seleccionadas de esta novela, la segunda, sobre todo, me parece una gran postal, y una cree entender tantas cosas...

La deseaba como amante, por supuesto, y sentía que una consumación erótica profunda y gratificante era como atisbar el alma inmortal del otro, enseñando al mismo tiempo la propia alma inmortal.

*

Por estar destinadas a ser inexpugnables, las fortalezas del mundo antiguo han perdurado más que los mercados del pasado, dejándonos la impresión de que el miedo y la belicosidad eran las piedras angulares de nuestras primeras comunidades, cuando en realidad esas encrucijadas donde los hombres se reunían para intercambiar pescado por cestas, verduras por carne y oro pos esposas fueron los lugares donde aprendimos a conocernos y a comunicarnos. Parte del entusiasmo de Betsy por Buy Brite se debía quizá al hecho de estar participando en uno de los ritos más antiguos de nuestra civilización.


John Cheever, Esto parece el paraíso


(sí, tengo mucho trabajo, pero mi mente no está aquí, estamos otra vez en algo así como mood complejo de burrito Igor)

martes, diciembre 29

De historias de amor y preferencias hiperbólicas

Empezó a llover el domingo por la noche y los días han estado nublados desde entonces, con eventuales interrupciones de sol. Los días así me gustan, aunque la lluvia me parece algo molesta porque luego todo se enloda y se medio inunda y se pone un poco más caótico el mundo de allá afuera, así que me he quedado en casa, tratando de trabajar pero haciendo todo menos eso. Finalmente cayó la tarde del lunes y mi hermano salió con que deberíamos ver "la película de la nieve", se refería a Love Story. Conocí esta película por referencias indirectas: la primera salida al cine de mis padres cuando se volvieron novios supuestamente fue a ver esta película en una cita desastroza, y una vez escuché la canción versión Rondalla de Saltillo y me gustó mucho y me dijeron que era el tema del soundtrack. No sé cuándo finalmente la vi por primera vez y lloré como Magdalena, seguramente tendría como unos 14-16 años. Años después la encontré en oferta de puro churro y la compré. La vi y lloré mucho otra vez, era la primavera de 2006 y me acababan de diagnosticar hiperprolactinemia y me daban ataques de ansiedad y me cuestionaba el sentido de la trascendencia de la vida y cosas así y Jenny Cavalleri y yo éramos de la misma edad aunque obviamente yo no me iba a morir y eso, pero pues el drama a veces me sale así de a gratis. Tiempo después le pedí a P que viera la película conmigo, ya sabía que no era el tipo de cosas que le gustaría ver, pero quería que la viera conmigo como uno de esos clichés cursis que a veces una chica quiere vivir (y lo digo porque yo no soy de las que gusta de compañía masculina forzada para una chick flick). P dijo que estaba bien pero fue un suplicio ver esa película con él porque se la pasó criticándola desde el primer minuto, literalmente. Me pasé la mitad de la peli molesta/impaciente y la otra mitad a punto de reír o soltar la carcajada, porque criticar tele y películas con P en realidad era muy divertido. Eso le quitó mucho del tono trágico que asociaba con esa película, eso y la historia de "la película de la nieve" que no voy a contar ahora. Ayer que volví a ver Love Story, sin embargo, pensaba que una de las enseñanzas que me llevo de este año es la verdad que encontré en esa frase setentera y tan trillada de Love means never having to say you're sorry. El perdón a veces sólo llega después de mucho mucho tiempo de por medio como amortiguamiento, y en una de ésas uno aprende que amar es no tener que decir lo siento.

Otro de mis cuestionamientos estos días ha sido eso de la confianza y la sobreestimación de la buena suerte... ¿Cría fama y échate a dormir? Llega un punto en que las responsabilidades se deben de cumplir en el momento pactado, más cuando se trabaja en equipo. Si quiero que las cosas salgan bien, no puedo dormirme en mis laureles y creer que puedo sacar las cosas eficientemente sólo por obra y gracia del espíritu santo. Ahora bien, debo reordenar mis preferencias hiperbólicas y no ser un agente naïve, o lo que es lo mismo: ya ponte a trabajar, Karina. Y no, no es un propósito de año nuevo porque no creo en esas cosas y de hecho le tengo más fe a los comienzos de un ciclo un lunes por la mañana que a un día primero de enero; es más uno de mis jalones de orejas que a veces tanto me gusta publicitar por aquí.

Que tengan bonitos días de invierno :)

miércoles, octubre 21

the gap

no tiene cabeza para generar empleos, pero que tal para generar IGNORANCIA [sic]
comentario de carvic (Miami) en la columna de Carlos Loret para El Universal en línea

Lo natural es pensar que ese comentario se refiere a Calderón y a su gobierno. Lo leí esta mañana, junto con otros muchos comentarios en otras noticias y columnas de variedad de temas y aunque en un principio compartí el malestar y la incredulidad después de un rato acabé de nuevo mareada y por primera vez cansada de tanto conformismo y de tanto quejica profesional pululando por todos lados. Inicialmente pensaba postear sobre lo increíble que me parecía la propuesta de un impuesto a las telecomunicaciones en un país con un retraso tecnológico del calibre de México y con una brecha digital de gran magnitud (simple reflejo de las innumerables desigualdades presentes en la sociedad mexicana), pero ya de eso se ha hablado en todos lados y no ahondaré más porque básicamente desapruebo una medida así y porque ya mucha gente se ha rasgado las vestiduras con banalidades (que esto le echará más leña al fuego de nuestro retraso tecnológico es un hecho, pero, aunque están en todo su derecho, me vale un pito la protesta de internautas que defienden su derecho al acceso a internet pero no están pensando más allá de las pendejaditas superficiales del facebook, hotmail, youtube, twitter, fotologs, blogs, etc --y no es un comentario de amargada, sino un hecho: en México es mayoritario el uso de internet como un medio de comunicación para las redes sociales y los correos electrónicos, pero estamos en pañales todavía para incrementar su uso como una herramienta más en los procesos de enseñanza, como un medio para facilitar transacciones económicas o como un generador de oportunidades de empleo, por mencionar algo). Y eso iba a hacer inicialmente pero después cuando venía a casa pensaba en cómo de los impuestos he escuchado críticas de muchos lados pero muy pocas discusiones verdaderas de fondo y fue cuando me pregunté: ¿dónde están los académicos cuando se necesitan? Recordé que cuando Barack Obama fue anunciado presidente electo, los siguientes meses antes de la toma de posesión y los primeros posteriores estuvieron llenos de rumores, conjeturas y confirmaciones sobre quiénes integrarían su gobierno y particulamente había mucha expectación sobre su gabinete en materia económica debido a todo el desmadre desatado por la crítica recesión. Yo no soy economista groupie que conoce a las grandes vacas sagradas o al stardom de esta ciencia social, así que no es sorpresa que muchas veces incluso me pasa con el premio nobel de economía como con el de literatura, que hasta que los anuncian me entero de su existencia, así que tampoco voy a hacer como que ya sabía de los grandes nombres del gabinete económico de Obama y obviar lo que no es obvio, pero el punto es éste: el hombre, a diferencia de Calderón, se supo rodear de las personas adecuadas, de académicos con gran experiencia en su campo, independientemente si está afiliado o no incondicionalmente a todos sus proyectos. La administración estadunidense tiene gente que se ha movido en áreas abstractas pero con suficiente experiencia aplicada, y para todo lo demás, también tiene el balance de sus operadores políticos, y por si fuera poco, girando alrededor, toda una variedad de economistas casados con sus ideologías que polemizan, critican y proponen, desde sus cubículos, aulas, columnas y blogs, enriqueciendo la discusión. No, no soy una ingenua que se traga todo el cuento de que EEUU es la maravilla del mundo, pero quisiera ver algo de esto en mi país. A diferencia de lo que pensé cuando me fui enterando del gabinete económico de Obama, dos años antes estuve horrorizada con los nombramientos que hizo Felipe Calderón (a excepción de Georgina Kessel a quien conocía por su trabajo con Enrique Dávila y Santiago Levy, pero de quien quedé muy decepcionada luego de la supuesta "reforma energética" y veremos qué pasará ahora con LFC). Aunque nunca quise a Calderón como presidente, el contexto en ese entonces no dejaba más que apechugar tratando de darle el beneficio de la duda, pero luego de la elección de su gabinete no pude evitar sentir que efectivamente nos las veríamos muy negras. Aún tratando de no ser prejuiciosa, es difícil no dudar de la visión de personas sin experiencia en el servicio público, propanistas, tecnócratas y con una formación que a veces está plagada de muchas ideologías. Y sin embargo, no debería esto ser un problema si contáramos con una opinión pública bien formada y un diálogo constante entre los hacedores de política pública, académicos y sociedad civil. Pero eso, me temo, no sucede. Calderón y su gobierno parece que tienen tapones en los oídos. Su gabinete económico propone planes que tienen poco o nulo sentido desde donde sea que uno lo intente ver, y lo peor es que ni siquiera son capaces de defender sus propuestas convincentemente. El poder legislativo sólo busca llevar agua a su molino, así que qué flojera detenerse a echar verborrea sobre eso. Pero, ¿y los académicos? Los académicos parecen vivir en una torre de cristal, siempre que no les quiten su nivel en el SNI y tengan asegurada su tenure; y si se llegan a preocupar, encuentran refugio en la siempre creíble excusa de que no importa qué tanto propongan el gobierno nunca va a querer asumir el costo político de implementar sus propuestas; pero eso sí, bien que cobran cuando los subcontratan para hacer evaluaciones de sus programas ¿Estoy perdiéndome de algo, acaso? ¿el error es mío porque a donde estoy sólo me llegan los ecos de las noticias que leo en línea y no me entero de las polémicas discusiones sobre los diferentes planes para la ley de ingresos? ¿en verdad estoy juzgando mal creyendo que tanto profesor-investigador en las universidades y centros de investigación sólo discute esto en charlas de café y en los pasillos, y no que está participando activamente en buscar soluciones o mecanismos que nos signifique una mejora (sí, de Pareto, si quieren) a las burradas que se están proponiendo ahora desde el poder? Pienso que de muchas maneras la academia tiene margen de acción (y debería tener definitivamente más presencia) para proponer, discutir y evaluar, desde el inicio de los procesos y no sólo al final, debe tener un rol mucho más comprometido, activo y propositivo en el diseño de políticas públicas no sólo con capacidad de voz sino también de voto. Los institutos de investigación y las universidades, me parece, están bastante al margen de muchas decisiones importantes que se toman y afectan a la sociedad. Es fácil decir que todo mundo se queja y nadie propone nada, para un ciudadano promedio, aunque cuestionable, podríamos decir que pasa, pero para alguien que por vocación ha elegido una carrera en donde la generación de conocimiento es uno de sus principales motores, esta omisión o esta indiferencia debería ser inadmisible. Y sin embargo, eso parece pasar en mi país y por eso quizá no debería extrañarme que en lugar de haber un diálogo lleno de discusiones enriquecedoras y propositivas haya toma de tribunas en los recintos legislativos y marchas y manifestaciones. Aún así, quizá sea algo (no lo de las tomas de tribunas, lo cual me ennerva; pero sí podría ser la manifestación frente al Senado que se llevará a cabo el 25 de octubre contra la ley de ingresos). Pero podría seguir con mis preguntas: ¿por qué nos quejamos nada más echando la culpa al gobierno pero no se discuten nunca planes alternativos? ¿por qué, de entrada, creemos durante todo el año que las cosas están bien y que no hay que hablar de presupuestos hasta que llegamos al otoño? ¿por qué nos quejamos de que nos den atole con el dedo pero bien que lo aceptamos SIEMPRE? Mi impresión es que dejamos todo hasta el final y nos ganan siempre las prisas, tenemos una visión completamente cortoplacista y a pesar de las molestias encontramos mil veces más cómodo quejarnos y echar la culpa a otro antes de preguntarnos qué pudimos haber hecho nosotros y eso cuando nos afecta, porque si al final de la historia lo que pase apenas y nos roza, pues qué-más-da ¿no? La verdad es que me da risa cuando escucho/leo que tantas cosas que están pasando ahora en México no es sino una bomba de tiempo y que pronto el descontento social llevará a un levantamiento y esas cosas. Yo no lo creo. El país está en caos ya, pero no veo a absolutamente nadie comprometido con causa alguna, con un plan alternativo sensato, con una verdadera vocación de cambiar las cosas y hacerlas bien. Me dijeron que igual estaban las cosas entre 1910 y 1920 y aún así tuvimos eso que llamamos revolución... vaya consuelo, y aquí el resultado, varios pasos hacia adelante y vé tú a saber cuántos para atrás.
En estas cosas pensé durante todo el día, más o menos en ese desorden de ideas. En el ínter fui a sacar una membresía más en el juego que todos jugamos en el sistema económico del país donde vivo, tuve una cátedra sobre el régimen del ISR de exempleados de Hacienda que lo defendían (¡¿!? después de eso ya no debería sorprenderme tantas cosas sobre las que me quejo aquí...), y mientras cavilaba en porqué parecemos incapaces de vivir en un mundo mejor, el hombre en la camioneta no me vio y yo en mi bicicleta no lo vi pero por un golpe de suerte nos alcanzamos a ver antes de que algo malo sucediera a mitad del cruce entre Speedway y Campbell... y pues nada, que las cosas son y aquí seguimos.

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update OCT/22/2009
lo que tengo en mente cuando pienso en estas cosas, evidencia de que hay mucho por hacer y que se puede hacer, a veces de maneras poco ortodoxas: Presunto Responsable (el original en inglés aquí)
y de esas formas de divulgación que pueden ser bastante útiles, P&R sobre las tarifas eléctricas explicado con peras y manzanas aquí (además me consta que Carreón, un tipo notablemente teórico pero con gran sentido común y los pies bien puestos en la tierra, ha trabajado por años en estos temas con una serie de propuestas de eficiencia y que algunas han hecho mella positiva --viva viva por mi mentor :) -- ).

viernes, octubre 2

divagaciones

Me emociona la elección de Río, no sabría explicar por qué; mero frenesí acaso, creer que por haber estado cuatro días ahí y haberme maravillado por su verde y su azul, las caipirnhas y la calidez de su gente, ya lo conozco y puedo opinar que lo merece. Quizá es el contagio de las fotos de las ciudades candidatas y las emociones de sus delegaciones y los voluntarios. Pero es una decisión política, mejor dicho diplomática, a final de cuentas (económica también, ¿no? el país se endeuda hasta las narices bajo el supuesto de que habrá una gran derrama hacia el interior después)... sí, pero también me cae bien Lula. Las olimpiadas me interesan y me emocionan mil veces más que el mundial de fut (el cual sólo he medio seguido en 1994 y 2006), me gusta pensar que el espíritu de la competencia deportiva (quise decir amistosa, pero sería muy ingenuo de mi parte) en verdad nos une. Los mejores olímpicos que recuerdo son los de Barcelona 1992; para muchos su fiesta inaugural sigue siendo la mejor, pero yo recuerdo más el final, con toda esa gente cantando (a mí me gustaba mucho el tema de Amigos para Siempre), y el Cobi y el Dream Team en el basket y que hubiese tres lenguajes oficiales en todas las justas y entre ellos estuviese el español (y eso me encantó también en Brasil, por el congreso, hacer el switch automático hasta con el portugués y eso que yo lo sufro mucho). Ya más grande me quedé enamorada de Barcelona y cuando me topé con sus planes de reordenamiento urbano a partir de la justa olímpica creí que si ser anfitrión era la excusa para hacer todo lo que hicieron (cosa que los barceloneses repitieron para el Forum Universal de las Culturas en 2004) pues venga, que qué bien. Hace casi un mes estuve en el aeropuerto de Chicago en tránsito y uno podía sentir el interés de la ciudad por ser la sede los juegos: kioskos de información, muestras de la infrastructura existente y proyectada, maquetas de los proyectos, fotos, imágenes con el logo y mucho color (pero bueno, era el aeropuerto, supongo que es natural querer dejar bien claro el mensaje) y hoy leyendo las noticias de Madrid es latente la tristeza y decepción por haberse jugado todo y quedarse en el camino. Como supuesta economista que soy no le veo mucha racionalidad a todo esto, porque creo que los costos superan con creces los ingresos esperados, pero eso sólo lo sabrán las arcas del gobierno. Pero quiero pensar que si estoy en lo cierto y el balance final es positivo, el diferencial viene por el placer de estar una porción de seres de cada país diferente de este mundo en el mismo lugar, y disfrutar y estar en paz.
Sí, ya sé... cursi... Sí, yo también, dudo mucho que sea una economista de las buenas, neta que estas dudas que tengo ahorita no son de a gratis...

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Empieza el otoño y después de más de una semana promediando 38°C hemos bajado alrededor de diez grados y uno hasta parece ser capaz de ver el mundo de otra manera. A mí los días así, más frescos y con mucho mucho viento me alborotan los sentidos pero también me ponen harto melancólica. El mejor otoño de mi vida lo pasé en Canadá, y por obvias razones ha sido el mejor, por lo menos para la vista. Hace un mes o tres veníamos en el metro y yo de nuevo con mi perorata de que Toronto era como el DF, sólo que con un cuarto de su población en un área cuatro veces mayor, y más limpia y ordenada; esta mañana pensé en esa conversación y fue muy extraño porque la sentí como si hubiese ocurrido ayer, literalmente, ayer en la mañana, como si estuviéramos todavía tan cerca. No sé por qué. No sé porqué me entran esas rachas así de extrañar tanto ciertos lugares, pero es un echar de menos que a veces causa ansiedad y que duele por no poder volver. Así como está la enciclopedia de una vida a la Amy Krouse Rosenthal, así debería haber el atlas de una vida y que uno ploteara los lugares queridos e importantes en su pequeño y muy particular mundo, y bueno, es que a mí me gustan mucho las historias personales salpicadas de las historias de lugares, de cómo nos cambian los paisajes. Hoy extraño downtown Toronto, harto, mucho, las caminatas que hacía desde los alrededores del City Hall hasta Chinatown, que pues no es mucho, pero así, o el recorrido hacia Gladstone 444 en el metro pasando por estaciones en la superficie y atravesando ese parque que ya no recuerdo tan bien como debiera. De pronto pienso que soy una tonta por haberme deshecho recientemente de mi colección de mapas de ciudades y de redes del metro en los que he estado. Hoy extraño Coyoacán también, desde el otro día, pero hoy también, particularmente. A mí Coyoacán siempre me provocó lo que de niña me hacía sentir ir a las fiestas de abril en Tampico, que obviamente sólo ocurrían en abril y por eso me provocaban tal expectación, aunque uno en el fondo sabía que era algo bastante pichurriento y que iba a hacer lo de siempre y comer lo de siempre y todo eso, pero por lo mismo, supongo, más las complicidades implicadas, eran parte de todo su encanto.
Hoy pienso en todo esto y no es por evadir. Quiero estar aquí, sé que estoy bien aquí, pero de pronto dudo y pienso que no tengo fuerzas para enfrentar cuando las condiciones se me ponen adversas.

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Anoche vi Scenes From a Marriage y me dejó impresionada, es una película tan sencilla y tan bien hecha, creo que quedé enamorada de la actriz, ¡qué dominio tiene sobre su rostro, qué riqueza de expresiones! Me quedé, también, irremediablemente triste, con un montón de espinitas en el corazón y de nuevo esta duda sobre cuál es el número óptimo de intentos que uno debe sostener ¿estamos acaso condenados a separarnos temporalmente y hacernos daño por temporadas hasta que recuperemos nuestro equilibrio y volvamos a estar juntos? ¿realmente se trata de eso? ¿cuáles son las estadísticas de divorcios (o separaciones) con matrimonios reincidentes? ¿mis padres hicieron bien al nunca divorciarse y continuar juntos porque su estabilidad actual supera con creces todos esos años en donde separarse parecía lo único racional? ¿estoy de nuevo cayendo en la falacia de las generalizaciones?
(pero lo peor lo peor de los pensamientos consecuentes a esta película ha sido esta idea de que a lo mejor podemos modelar este comportamiento, de nueva cuenta, como una stopping-rule, ¡por dios!)

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Sí, ya sabemos qué fecha es hoy; sí y aunque creamos que no se nos olvida, la chimoltrufia tenía razón: no nos hagamos tarugos.
(y aquí seguía una diatriba que he decidido eliminar porque era tan inútil como deseperada, gracias)

jueves, marzo 19

(sin título)

Ésta es la foto que quise tomar la otra vez y se me pasó, el saguaro ése seguía ahí, viejito y todo. Cuando me vaya de aquí para siempre iré de nuevo y tomaré la misma foto, a ver qué fue de su suerte.


Y ésta la caída principal de las Seven Falls. Yo no vi siete de todos modos y como que creo que se refieren a los niveles y no a que haya siete caídas de agua, como sea, la que sigue está seca pero dicen que en la temporada de lluvias también hay agua aquí, y que si llueve mucho muchísimo es peligroso y la gente se muere (cosa que pasó hace menos de cinco años, bueno, esa oración está mal; quise decir: es peligroso y una vez varias personas murieron llevadas por la corriente y golpéandose con las rocas).



Ésta es la roca que me protegió del sol un rato, y el agua estaba heladísima, por un momento creí que me iban a dar calambres del frío y luego de volverme a poner los zapatos y volver a caminar. Hay otras fotitos en el flickr, pero en realidad es triste porque son paisajes bellos pero el bendito sol y mi pobre camarita no nos dejan sacar fotos a la altura.


La mejor imagen decidí no fotografiarla, es como un ejercicio de continencia que a veces me gusta hacer: guardar imágenes en la memoria y los sentimientos que me provocan. Eran varias chollas (Cylindropuntia cholla), mi cactácea favorita, y unos mini saguaritos creciendo en unas rocas color arcilla con ribetes negros-grisáceos. Me gustó su organización, como estaban distribuidas, y la variedad de colores. Me gustan esos pedazos de montaña que parecen haber sido cortados con sierra, filosos acantilados, todo eso. Mhmm... soy mala para describir, quizá para la próxima mejor sí tome la foto. Pensé mucho en Andrés y todos estos lugares llenos de piedra a los que quiero llevarlo cuando venga, si es que algún día viene, y pensé en que entonces aprenderé mucho cuando le pida que me explique esas cosas, pero después recordé aquel viaje que hicimos a Monterrey hace quién sabe cuánto y a todas nuestras preguntas sobre geología él nos respondía a mi hermano y a mí: son rocas sedimentarias y ya...

J y yo somos buenas hiking partners, supongo que es el tipo de cosas que una puede concluir después de hacer un recorrido de cinco horas y cachito. Eso de hablar cómodamente de cualquier cosa y luego sacar algún tema más acá, llegado un punto de descanso en la caminata que te lleva a un poquito de reflexión, y luego no hablar absolutamente nada porque ya las piernas te duelen hasta el alma y no ves la hora de regresar al estacionamiento. Fue justo cuando veníamos de vuelta que me dijo que a veces le dan ganas de ser de nuevo una niña de diez años y pasarla bien sólo con salir a andar en bicicleta y regresar sedienta a casa a tomar limonada preparada por su mamá. Dijo que era en esa época cuando no se preocupaba por absolutamente nada. Yo respondí con una sonrisa, pero no fui recíproca con algún comentario similar. Ya después en casa, mientras tomaba un baño, me quedé pensando que mi niñez no estuvo en absoluto exenta de preocupaciones y quizá por eso no idealizo mi infancia. No obstante, pienso que mi vida hasta antes de los 22 años estuvo prácticamente libre de incertidumbres y eso hacía las cosas mil veces más llevaderas. Y es que a partir de los 22 me topé con un mundo en el que las certezas son pocas, la seguridad escasa y todas las decisiones se convierten en viles apuestas. Pensé en cantidad de cosas que no voy a escribir aquí, pero mi quasi-conclusión fue ésta: las preocupaciones son controlables pero la incertidumbre no. En realidad esto no tiene mucho sentido si uno considera que las incertidumbres nos preocupan, blablabla. En fin, palabrería; para el caso da lo mismo si uno tiene que aprender a vivir con eso :)

*

La pregunta del día: ¿así como hay gente que parece no poder vivir estando sola, hay gente que no puede vivir acompañada? y con vivir me refiero a la vida, no a habitar una casa.
No sé, las asimetrías de este mundo a veces duelen, a veces desconciertan, a veces aterran.

La segunda pregunta del día (de alcances más de corto plazo, pero definitivamente más prácticos): ¿cómo es que puedo ponerme a contar mi vida aquí, pero ser incapaz de escribir una buena carta de motivos donde me eche flores y los convenza para que me den dinero?