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martes, febrero 23

de expresidentes, Beirut, y pájaros voladores

Dediqué tres días enteros a mi tarea de tópicos selectos de econometría. Este año el tópico elegido es problemas de identificación. Cuando uno se pone a verlo de cerca, toma sentido todo este asunto de que el origen de estos temas sea básicamente una cuestión filosófica. Pa variar, con tantas vueltas al problema de identificación, yo acabé con crisis de identidad. Llegué tarde a clase porque mientras pasaba en limpio mi tarea se me ocurrió que bajo ciertos supuestos, que por alguna extraña razón encontré justificables, la restricción era comprobable y todo salía bien bonito. Entré al salón cuando explicaban porqué eso no era posible. Se apachurra el ánimo cuando en dos minutos te das cuenta que tres días de tu vida se fueron a la basura. Sí, quizá exagero, quizá no es para tanto, pero ¿qué le voy a hacer si me desespero?

Descubrí a Beirut hace unos días por una casualidad bien tonta. No sé cómo pude vivir todos estos años sin escucharlos. Me gusta todo lo que hacen, pero en particular me parece maravilloso el EP de Elephant Gun, la canción homónima fue amor a primera oída para mí, ésa y Postcards from Italy y The Gulag Orkestar y quizá casi todas. Admiro a Zach Condon. Obviamente bajé los discos de internet, en primer lugar porque soy pobre y en segundo porque comprar discos es de las cosas que sólo me gusta hacer en persona (eso suena a excusa chafa pero es cierto). De todos modos cuando encuentre los discos los voy a comprar. Y espero de todo corazón que en una de ésas el universo conspire a mi favor y visiten mi pueblito pichurriento. Fin de mi statement.

Algún día tenía que decirlo públicamente. Uno de mis héroes personales o algo así es Ernesto Zedillo Ponce de León, expresidente de México. Sí, critíqueme, patalee, diga lo que quiera; es cierto. Mis tres razones, en ese orden: 1. En su gobierno se implementó el innovador Programa de Educación, Salud y Alimentación (PROGRESA), que no sólo fue una herramienta eficiente para el combate a la pobreza en su momento (nótese mi uso del tiempo pasado, aunque dejo en parte el beneficio de la duda sobre su desempeño actual), sino por su contribución como objeto de estudio en círculos académicos (Zzzz...) ; 2. La eficacia de su gobierno ante la crisis de 1994-1995 (sí, ya sé que es el peor de los argumentos, pero si uno hurga tantito, las alternativas entonces auguraban un desenlace casi catastrófico, y la verdad es que nuestro aterrizaje forzoso fue mucho más suave de lo que se podría haber diagnosticado); y 3. su papel en la "transición democrática" en México (lo pongo entrecomillado porque creo que la democracia es algo mucho más serio que el simple cambio del partido en el poder, y tampoco le doy todo el crédito 100% a él, creo que definitivamente José Woldenberg y su equipo en el IFE que hicieron en ese entonces la institución que más confianza generaba en los ciudadanos son los que merecen el verdadero reconocimiento, pero supongo que como buen priísta pudo haberse montado en su silla y darle continuidad a las prácticas con tradición de más de setenta años; claro que luego viene Salinas de Gortari con sus libros de chismes de estado a lavarse las manos diciendo que todo fue plan con maña, que la sucesión presidencial ya estaba arreglada y negociada con el PAN y que Zedillo es un traidor y todo eso, pero pues entre tanto cochinero ¿a quién creerle?). Y bueno, supongo que es también el hecho de que aunque yo me hice de la costumbre de leer el periódico desde muy niña, no fue sino hasta 1994 que seguía las noticias muy de cerca y no era para menos. Teníamos un levantamiento armado que yo temía que acabara en guerra, y además lidereado por un tampiqueño, según decían; tuvimos un montón de asesinatos políticos, uno incluso con cadáver sembrado y médium de por medio (y sin vela muy directa en el entierro, un implicado de fondo con quien coincidía en apellido, razón por la que uno de mis apodos hasta la fecha sigue siendo Srita. CórdobaMontoya), mis padres se compraron un coche nuevecito de agencia, yo festejaba el TLC porque ahora podíamos encontrar porquerías gringas en el súper, y había descubierto que me gustaban las matemáticas lo suficiente como para replantearme mi elección de estudiar leyes y cambiar a economía. Sí, mediados de los años noventa y yo por terminar la secundaria. La crisis pegó dura en mi familia, mis padres temían perder la casa, el coche y sacarme de esa escuela a pesar de mi beca. No pasó nada de eso pero no la tuvimos fácil. Yo seguía la noticia de cerca y las negociaciones de la deuda y el apoyo de Estados Unidos para aminorar los efectos de la crisis. Y Zedillo estaba ahí y decían que se había graduado de economía en tan sólo tres años en el Poli y luego que le había ido súper bien en Yale y todo eso. Para entonces por razones ajenas a eso yo decidí estudiar economía también. Un mes después de entrar al cide en 1999, Zedillo fue el invitado de honor para la celebración de los 25 años, yo estaba en la valla que se formó para escoltarlo hacia el edificio Santa Fe, donde parte de su discurso fue la cita citable del día siguiente en El Financiero "Alumnos y maestros del CIDE, ahora pueden decir que miran desde arriba a los de la Ibero" (haciendo alusión a que éramos mejores que la ibero y que además estábamos en el cerro de arriba --sobra decir que simplemente no creo que haya punto de comparación entre las dos instituciones porque para empezar son bastante diferentes). Se rumoraba que al término de su sexenio se iría de profesor al cide, pero finalmente acabó yéndose de asesor a la ONU, entre otro diverso número de cargos. Ah, otra cosa por la que me cae bien: es el único expresidente mexicano que ha renunciado a su pensión vitalicia. Pero bueno, después de toda esta apología quiero decir que lo que más me ha quedado grabado de alguna declaración suya ha sido algo negativo que siempre tengo en mente cuando pienso que estoy perdiendo el equilibrio. Una vez le preguntaron cuál era su autor favorito, y Zedillo reconoció que desde que era estudiante de doctorado básicamente no había leído nada que no fuese técnico o en relación a su trabajo, pero que recordaba que Gabriel García Márquez le parecía bueno. Desde entonces me hice prometer que nunca llegaría a esos extremos, que nunca dejaría que me clavara tanto como para sólo hacer una cosa en mi vida, como para renunciar a la literatura (más aún cuando poquito después leí a Mauricio Tenorio diciendo que uno tenía que leer poesía, mucha poesía --sí, cliché, que lo dice mucha gente, pero no tan bonito y tan convincentemente como Mauricio). Creo que me desbalanceo bastante de vez en cuando, pero en la medida de lo posible he tratado de no centrar mi vida en las cosas del trabajo, y de tener a la mano siempre un libro de lo que sea, aunque últimamente me he clavado mucho en cómics y novelas gráficas. Circunstancias, circunstancias. De forma paralela también he tenido como una meta personal escribir bien. Eso ha sido un casi trauma de mi niñez gracias a mi madre que es maestra (que por alguna razón se puso estricta conmigo y con mi hermano no). Además de mi mamá que obviamente sembró la semillita y sentó las bases de una buena redacción, en el camino las revisiones a los textos de Fernando y P, las muchas correcciones de mi grupo de trabajo de Pamal Navil, y las varias noches y el montón de discusiones sobre edición y estilo que he tenido con D han sido determinantes. Y aún así, parece que todo lo que uno cree conocer nunca es suficiente cuando tiene que revisar algo propio, y entonces es como volver a empezar. Claro que uno sigue teniendo cantidad de vicios (el mío, el más inevitable, es mi necedad de usar oraciones largas largas y el abuso de oraciones subordinadas por todos lados, como ud puede deducir después de leer mis peroratas), pero después de admirarlo tanto por tantos años, señor expresidente, lo que más recuerdo de ud es el detalle de porque no lo admiro tanto tanto...
(PD. no, tampoco estoy tan ciega ni tan tonta respecto a Zedillo y mucho de su desempeño en el sexenio, pero digamos que sí me genera algo de empatía)

En fin.
Sean felices, tengan días buenos :)

miércoles, octubre 21

the gap

no tiene cabeza para generar empleos, pero que tal para generar IGNORANCIA [sic]
comentario de carvic (Miami) en la columna de Carlos Loret para El Universal en línea

Lo natural es pensar que ese comentario se refiere a Calderón y a su gobierno. Lo leí esta mañana, junto con otros muchos comentarios en otras noticias y columnas de variedad de temas y aunque en un principio compartí el malestar y la incredulidad después de un rato acabé de nuevo mareada y por primera vez cansada de tanto conformismo y de tanto quejica profesional pululando por todos lados. Inicialmente pensaba postear sobre lo increíble que me parecía la propuesta de un impuesto a las telecomunicaciones en un país con un retraso tecnológico del calibre de México y con una brecha digital de gran magnitud (simple reflejo de las innumerables desigualdades presentes en la sociedad mexicana), pero ya de eso se ha hablado en todos lados y no ahondaré más porque básicamente desapruebo una medida así y porque ya mucha gente se ha rasgado las vestiduras con banalidades (que esto le echará más leña al fuego de nuestro retraso tecnológico es un hecho, pero, aunque están en todo su derecho, me vale un pito la protesta de internautas que defienden su derecho al acceso a internet pero no están pensando más allá de las pendejaditas superficiales del facebook, hotmail, youtube, twitter, fotologs, blogs, etc --y no es un comentario de amargada, sino un hecho: en México es mayoritario el uso de internet como un medio de comunicación para las redes sociales y los correos electrónicos, pero estamos en pañales todavía para incrementar su uso como una herramienta más en los procesos de enseñanza, como un medio para facilitar transacciones económicas o como un generador de oportunidades de empleo, por mencionar algo). Y eso iba a hacer inicialmente pero después cuando venía a casa pensaba en cómo de los impuestos he escuchado críticas de muchos lados pero muy pocas discusiones verdaderas de fondo y fue cuando me pregunté: ¿dónde están los académicos cuando se necesitan? Recordé que cuando Barack Obama fue anunciado presidente electo, los siguientes meses antes de la toma de posesión y los primeros posteriores estuvieron llenos de rumores, conjeturas y confirmaciones sobre quiénes integrarían su gobierno y particulamente había mucha expectación sobre su gabinete en materia económica debido a todo el desmadre desatado por la crítica recesión. Yo no soy economista groupie que conoce a las grandes vacas sagradas o al stardom de esta ciencia social, así que no es sorpresa que muchas veces incluso me pasa con el premio nobel de economía como con el de literatura, que hasta que los anuncian me entero de su existencia, así que tampoco voy a hacer como que ya sabía de los grandes nombres del gabinete económico de Obama y obviar lo que no es obvio, pero el punto es éste: el hombre, a diferencia de Calderón, se supo rodear de las personas adecuadas, de académicos con gran experiencia en su campo, independientemente si está afiliado o no incondicionalmente a todos sus proyectos. La administración estadunidense tiene gente que se ha movido en áreas abstractas pero con suficiente experiencia aplicada, y para todo lo demás, también tiene el balance de sus operadores políticos, y por si fuera poco, girando alrededor, toda una variedad de economistas casados con sus ideologías que polemizan, critican y proponen, desde sus cubículos, aulas, columnas y blogs, enriqueciendo la discusión. No, no soy una ingenua que se traga todo el cuento de que EEUU es la maravilla del mundo, pero quisiera ver algo de esto en mi país. A diferencia de lo que pensé cuando me fui enterando del gabinete económico de Obama, dos años antes estuve horrorizada con los nombramientos que hizo Felipe Calderón (a excepción de Georgina Kessel a quien conocía por su trabajo con Enrique Dávila y Santiago Levy, pero de quien quedé muy decepcionada luego de la supuesta "reforma energética" y veremos qué pasará ahora con LFC). Aunque nunca quise a Calderón como presidente, el contexto en ese entonces no dejaba más que apechugar tratando de darle el beneficio de la duda, pero luego de la elección de su gabinete no pude evitar sentir que efectivamente nos las veríamos muy negras. Aún tratando de no ser prejuiciosa, es difícil no dudar de la visión de personas sin experiencia en el servicio público, propanistas, tecnócratas y con una formación que a veces está plagada de muchas ideologías. Y sin embargo, no debería esto ser un problema si contáramos con una opinión pública bien formada y un diálogo constante entre los hacedores de política pública, académicos y sociedad civil. Pero eso, me temo, no sucede. Calderón y su gobierno parece que tienen tapones en los oídos. Su gabinete económico propone planes que tienen poco o nulo sentido desde donde sea que uno lo intente ver, y lo peor es que ni siquiera son capaces de defender sus propuestas convincentemente. El poder legislativo sólo busca llevar agua a su molino, así que qué flojera detenerse a echar verborrea sobre eso. Pero, ¿y los académicos? Los académicos parecen vivir en una torre de cristal, siempre que no les quiten su nivel en el SNI y tengan asegurada su tenure; y si se llegan a preocupar, encuentran refugio en la siempre creíble excusa de que no importa qué tanto propongan el gobierno nunca va a querer asumir el costo político de implementar sus propuestas; pero eso sí, bien que cobran cuando los subcontratan para hacer evaluaciones de sus programas ¿Estoy perdiéndome de algo, acaso? ¿el error es mío porque a donde estoy sólo me llegan los ecos de las noticias que leo en línea y no me entero de las polémicas discusiones sobre los diferentes planes para la ley de ingresos? ¿en verdad estoy juzgando mal creyendo que tanto profesor-investigador en las universidades y centros de investigación sólo discute esto en charlas de café y en los pasillos, y no que está participando activamente en buscar soluciones o mecanismos que nos signifique una mejora (sí, de Pareto, si quieren) a las burradas que se están proponiendo ahora desde el poder? Pienso que de muchas maneras la academia tiene margen de acción (y debería tener definitivamente más presencia) para proponer, discutir y evaluar, desde el inicio de los procesos y no sólo al final, debe tener un rol mucho más comprometido, activo y propositivo en el diseño de políticas públicas no sólo con capacidad de voz sino también de voto. Los institutos de investigación y las universidades, me parece, están bastante al margen de muchas decisiones importantes que se toman y afectan a la sociedad. Es fácil decir que todo mundo se queja y nadie propone nada, para un ciudadano promedio, aunque cuestionable, podríamos decir que pasa, pero para alguien que por vocación ha elegido una carrera en donde la generación de conocimiento es uno de sus principales motores, esta omisión o esta indiferencia debería ser inadmisible. Y sin embargo, eso parece pasar en mi país y por eso quizá no debería extrañarme que en lugar de haber un diálogo lleno de discusiones enriquecedoras y propositivas haya toma de tribunas en los recintos legislativos y marchas y manifestaciones. Aún así, quizá sea algo (no lo de las tomas de tribunas, lo cual me ennerva; pero sí podría ser la manifestación frente al Senado que se llevará a cabo el 25 de octubre contra la ley de ingresos). Pero podría seguir con mis preguntas: ¿por qué nos quejamos nada más echando la culpa al gobierno pero no se discuten nunca planes alternativos? ¿por qué, de entrada, creemos durante todo el año que las cosas están bien y que no hay que hablar de presupuestos hasta que llegamos al otoño? ¿por qué nos quejamos de que nos den atole con el dedo pero bien que lo aceptamos SIEMPRE? Mi impresión es que dejamos todo hasta el final y nos ganan siempre las prisas, tenemos una visión completamente cortoplacista y a pesar de las molestias encontramos mil veces más cómodo quejarnos y echar la culpa a otro antes de preguntarnos qué pudimos haber hecho nosotros y eso cuando nos afecta, porque si al final de la historia lo que pase apenas y nos roza, pues qué-más-da ¿no? La verdad es que me da risa cuando escucho/leo que tantas cosas que están pasando ahora en México no es sino una bomba de tiempo y que pronto el descontento social llevará a un levantamiento y esas cosas. Yo no lo creo. El país está en caos ya, pero no veo a absolutamente nadie comprometido con causa alguna, con un plan alternativo sensato, con una verdadera vocación de cambiar las cosas y hacerlas bien. Me dijeron que igual estaban las cosas entre 1910 y 1920 y aún así tuvimos eso que llamamos revolución... vaya consuelo, y aquí el resultado, varios pasos hacia adelante y vé tú a saber cuántos para atrás.
En estas cosas pensé durante todo el día, más o menos en ese desorden de ideas. En el ínter fui a sacar una membresía más en el juego que todos jugamos en el sistema económico del país donde vivo, tuve una cátedra sobre el régimen del ISR de exempleados de Hacienda que lo defendían (¡¿!? después de eso ya no debería sorprenderme tantas cosas sobre las que me quejo aquí...), y mientras cavilaba en porqué parecemos incapaces de vivir en un mundo mejor, el hombre en la camioneta no me vio y yo en mi bicicleta no lo vi pero por un golpe de suerte nos alcanzamos a ver antes de que algo malo sucediera a mitad del cruce entre Speedway y Campbell... y pues nada, que las cosas son y aquí seguimos.

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update OCT/22/2009
lo que tengo en mente cuando pienso en estas cosas, evidencia de que hay mucho por hacer y que se puede hacer, a veces de maneras poco ortodoxas: Presunto Responsable (el original en inglés aquí)
y de esas formas de divulgación que pueden ser bastante útiles, P&R sobre las tarifas eléctricas explicado con peras y manzanas aquí (además me consta que Carreón, un tipo notablemente teórico pero con gran sentido común y los pies bien puestos en la tierra, ha trabajado por años en estos temas con una serie de propuestas de eficiencia y que algunas han hecho mella positiva --viva viva por mi mentor :) -- ).

viernes, octubre 2

divagaciones

Me emociona la elección de Río, no sabría explicar por qué; mero frenesí acaso, creer que por haber estado cuatro días ahí y haberme maravillado por su verde y su azul, las caipirnhas y la calidez de su gente, ya lo conozco y puedo opinar que lo merece. Quizá es el contagio de las fotos de las ciudades candidatas y las emociones de sus delegaciones y los voluntarios. Pero es una decisión política, mejor dicho diplomática, a final de cuentas (económica también, ¿no? el país se endeuda hasta las narices bajo el supuesto de que habrá una gran derrama hacia el interior después)... sí, pero también me cae bien Lula. Las olimpiadas me interesan y me emocionan mil veces más que el mundial de fut (el cual sólo he medio seguido en 1994 y 2006), me gusta pensar que el espíritu de la competencia deportiva (quise decir amistosa, pero sería muy ingenuo de mi parte) en verdad nos une. Los mejores olímpicos que recuerdo son los de Barcelona 1992; para muchos su fiesta inaugural sigue siendo la mejor, pero yo recuerdo más el final, con toda esa gente cantando (a mí me gustaba mucho el tema de Amigos para Siempre), y el Cobi y el Dream Team en el basket y que hubiese tres lenguajes oficiales en todas las justas y entre ellos estuviese el español (y eso me encantó también en Brasil, por el congreso, hacer el switch automático hasta con el portugués y eso que yo lo sufro mucho). Ya más grande me quedé enamorada de Barcelona y cuando me topé con sus planes de reordenamiento urbano a partir de la justa olímpica creí que si ser anfitrión era la excusa para hacer todo lo que hicieron (cosa que los barceloneses repitieron para el Forum Universal de las Culturas en 2004) pues venga, que qué bien. Hace casi un mes estuve en el aeropuerto de Chicago en tránsito y uno podía sentir el interés de la ciudad por ser la sede los juegos: kioskos de información, muestras de la infrastructura existente y proyectada, maquetas de los proyectos, fotos, imágenes con el logo y mucho color (pero bueno, era el aeropuerto, supongo que es natural querer dejar bien claro el mensaje) y hoy leyendo las noticias de Madrid es latente la tristeza y decepción por haberse jugado todo y quedarse en el camino. Como supuesta economista que soy no le veo mucha racionalidad a todo esto, porque creo que los costos superan con creces los ingresos esperados, pero eso sólo lo sabrán las arcas del gobierno. Pero quiero pensar que si estoy en lo cierto y el balance final es positivo, el diferencial viene por el placer de estar una porción de seres de cada país diferente de este mundo en el mismo lugar, y disfrutar y estar en paz.
Sí, ya sé... cursi... Sí, yo también, dudo mucho que sea una economista de las buenas, neta que estas dudas que tengo ahorita no son de a gratis...

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Empieza el otoño y después de más de una semana promediando 38°C hemos bajado alrededor de diez grados y uno hasta parece ser capaz de ver el mundo de otra manera. A mí los días así, más frescos y con mucho mucho viento me alborotan los sentidos pero también me ponen harto melancólica. El mejor otoño de mi vida lo pasé en Canadá, y por obvias razones ha sido el mejor, por lo menos para la vista. Hace un mes o tres veníamos en el metro y yo de nuevo con mi perorata de que Toronto era como el DF, sólo que con un cuarto de su población en un área cuatro veces mayor, y más limpia y ordenada; esta mañana pensé en esa conversación y fue muy extraño porque la sentí como si hubiese ocurrido ayer, literalmente, ayer en la mañana, como si estuviéramos todavía tan cerca. No sé por qué. No sé porqué me entran esas rachas así de extrañar tanto ciertos lugares, pero es un echar de menos que a veces causa ansiedad y que duele por no poder volver. Así como está la enciclopedia de una vida a la Amy Krouse Rosenthal, así debería haber el atlas de una vida y que uno ploteara los lugares queridos e importantes en su pequeño y muy particular mundo, y bueno, es que a mí me gustan mucho las historias personales salpicadas de las historias de lugares, de cómo nos cambian los paisajes. Hoy extraño downtown Toronto, harto, mucho, las caminatas que hacía desde los alrededores del City Hall hasta Chinatown, que pues no es mucho, pero así, o el recorrido hacia Gladstone 444 en el metro pasando por estaciones en la superficie y atravesando ese parque que ya no recuerdo tan bien como debiera. De pronto pienso que soy una tonta por haberme deshecho recientemente de mi colección de mapas de ciudades y de redes del metro en los que he estado. Hoy extraño Coyoacán también, desde el otro día, pero hoy también, particularmente. A mí Coyoacán siempre me provocó lo que de niña me hacía sentir ir a las fiestas de abril en Tampico, que obviamente sólo ocurrían en abril y por eso me provocaban tal expectación, aunque uno en el fondo sabía que era algo bastante pichurriento y que iba a hacer lo de siempre y comer lo de siempre y todo eso, pero por lo mismo, supongo, más las complicidades implicadas, eran parte de todo su encanto.
Hoy pienso en todo esto y no es por evadir. Quiero estar aquí, sé que estoy bien aquí, pero de pronto dudo y pienso que no tengo fuerzas para enfrentar cuando las condiciones se me ponen adversas.

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Anoche vi Scenes From a Marriage y me dejó impresionada, es una película tan sencilla y tan bien hecha, creo que quedé enamorada de la actriz, ¡qué dominio tiene sobre su rostro, qué riqueza de expresiones! Me quedé, también, irremediablemente triste, con un montón de espinitas en el corazón y de nuevo esta duda sobre cuál es el número óptimo de intentos que uno debe sostener ¿estamos acaso condenados a separarnos temporalmente y hacernos daño por temporadas hasta que recuperemos nuestro equilibrio y volvamos a estar juntos? ¿realmente se trata de eso? ¿cuáles son las estadísticas de divorcios (o separaciones) con matrimonios reincidentes? ¿mis padres hicieron bien al nunca divorciarse y continuar juntos porque su estabilidad actual supera con creces todos esos años en donde separarse parecía lo único racional? ¿estoy de nuevo cayendo en la falacia de las generalizaciones?
(pero lo peor lo peor de los pensamientos consecuentes a esta película ha sido esta idea de que a lo mejor podemos modelar este comportamiento, de nueva cuenta, como una stopping-rule, ¡por dios!)

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Sí, ya sabemos qué fecha es hoy; sí y aunque creamos que no se nos olvida, la chimoltrufia tenía razón: no nos hagamos tarugos.
(y aquí seguía una diatriba que he decidido eliminar porque era tan inútil como deseperada, gracias)

miércoles, agosto 27

candidez

Teníamos poco de conocernos pero luego luego empezó con sus preguntas insidiosas y sus toritos, una de sus favoritas era: ¿qué es lo que mueve al mundo: el poder, el dinero o el sexo? Mi respuesta no variaba: el poder, y la suya siempre era: no Karina, es el sexo. Como hace mucho de eso, no se me ha ocurrido preguntarle recientemente qué tanto de eso era cierto y qué tanto eran nomás sus hormonas de los 19 años. También por ese entonces Fer me había contado que pensaba estudiar Relaciones Internacionales para poder entender la balanza de poder que mueve al mundo. Cuatro años y medio después los dos nos graduamos de Economía.
Desde chavita me fue difícil entender y aceptar la desigualdad y la pobreza. A los 10 años califiqué la situación como algo injusto, y decidí que quería estudiar Derecho para traer la justicia a este mundo. Poco después intuí que por ahí no iba la cosa; una chiripada me hizo fijarme en la Economía y creí que la clave tenía algo que ver con el dinero. Mi percepción se fue refinando, aparentemente: la disparidad en la distribución del ingreso como un reflejo del inequitativo acceso a las oportunidades de desarrollo, las fallas de los mercados, efectos del entorno macro, blablabla. Pero no, de nada sirve entender y explicar cómo es que un país como Zimbabwe puede tener a más del 80% de su población desempleada y tasas de inflación de 11 millones por ciento (aunque creo que nunca me había imaginado que una cifra así pudiera existir, según las equivalencias, una barra de pan viene costando alrededor de $150 USD), si no se puede hacer nada porque la clase política de un país es la que dirige y lo lleva al caño, derechito y sin escalas. Y ahí están esos tipos, rascándose la espalda el uno al otro y robando a discreción en tiempos de bonanza, y sacándose los ojos y desconociéndose cuando el barco se hunde, mientras la gente se muere de hambre, cuando no tiene fuerzas o medios para poder huir. Y una vez más, uno acá bien mono inútil, nomás mirando.
O sea que para el caso da lo mismo Fer, lo que mueve al mundo es la voluntad, buena o mala, pero lo mueve.