de la serie cosas que me hacen feliz y que además son gratis
-- olores
1. la tierra mojada, preferentemente de cuando llueve, pero válido si es sólo que se está regando las plantas
2. una cafetería, entendida como "coffeeshop", que huele todo a los granos del café, al espresso, a jarabes dulces, a leche caliente, a panes y galletas (con el plus del murmullo de los comensales; en general me gustan las cafeterías, un concepto que Starbucks vino de alguna manera a modificar perversamente)
3. una heladería, ¡pfff! una delicia, y también, que sea heladería-heladería exclusivamente :P yummy
4. el remanente de su olor en la almohada cuando no está
5. la sorpresa del olor a pan en el horno (ojo, que no es el mero hecho de que huela a pan horneándose, sino que de la nada te topes con el olor inesperado)
6. las flores de azahar en primavera, mientras uno anda por la calle, y de preferencia de noche o muy temprano por la mañana
*
Tengo ganas de estar en casa. De la nada me asaltan flashazos de los lugares en los que me gusta estar: en el centro de Tampico, por la zona del mercado, haciendo compras con mi mamá; en algún rincón de Coyoacán, caminando con Sonia luego de un café, unas papas, una leída de cartas; dando vueltas por el centro histórico de la Ciudad de México, tomando el metro, el trolebús, a cualquier lugar en que me gusta estar, para encontrar a alguien o encontrarme de nuevo; en un café o en alguno de los bares de siempre con D, platicando de todo y con las viejas intenciones de todo, como si fuera ayer; levantarme temprano para ir a la playa con Andrés, para ir de cola con Andrés a todos lados porque el tiempo siempre es poco; salir a comer con mi hermano, ir al estanque de los patos, hacer de cenar y ver televisión cualquer noche como si fuera uno de nuestros viejos jueves; tomar café en casa de mi abuela, con mi madre y con mis tías y reír a carcajadas de todas sus ocurrencias. Poco más de dos meses, and even there, my heart will be torn anyway...
*
Lo que más me gusta de escribir un paper es armar mi bibliografía; es como el vicio de hacerse de un montón de libros que a uno le entusiasman pero que (entre la desidia, la falta de tiempo, el trabajo y la televisión) se va uno a llevar años en leer.
Mostrando las entradas con la etiqueta cosas en las que pienso cuando no entiendo porqué la segunda derivada es negativa. Mostrar todas las entradas
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martes, mayo 4
miércoles, noviembre 25
lamentaciones
Entré a la licenciatura convencidísima de que era una persona brillante y con potencial. Pronto aprendí que sobreestimarse es una cruel manera de autosabotaje. Sufrí el propedéutico aunque no demasiado y sólo me faltaron dos semanas de clases, un cero en mi primer ensayo y un tres en mi primer parcial de mate para darme cuenta que lo mejor que uno podía hacer en este mundo es bajarse los humos y sentarse a trabajar. Toda mi vocación hacia la ciencia económica se fue al caño en mi clase de principios de economía en donde cuando ya creía haber identificado bien los movimientos de la oferta y la demanda empezamos a ver mercados laborales y todo lo entendía al revés. La cereza en el pastel era tener como profesora a SM y vivir bajo un constante terror para hacer preguntas. Me fui a examen final en esa materia (que en términos cideanos en ese entonces era el equivalente a un extraordinario, dado que sólo teníamos derecho a tres exámenes extraordinarios durante toda la carrera y en algunas materias los finales eran la evaluación extraoficial para pasar cuando uno no había tenido el desempeño satisfactorio). Sobreviví gracias a un tezón que saqué no sé de dónde pero muy probablemente debido a la presencia de gente como Sonia, Gaby, Jose, Eric e Isami y la guía de profesores como Maite, Diéguez y Cejudo. En ese entonces aprendí la importancia de ser humilde y trabajar duro, y me da mucha tristeza darme cuenta de cómo he tenido olvidadas esas enseñanzas. Hoy me siento como hace diez años, pensando en dejar esto para estudiar enfermería (en ese entonces era medicina o historia; ahora que tengo amigos médicos e historiadores me doy cuenta que por ningún lado la cosa es fácil ni automática), con la diferencia de que en ese entonces una fuerza superior a mí me mantenía a flote sin quitar el dedo del renglón y hoy demasiado tarde me doy cuenta que perdí el control del timón y ya ni siquiera es cosa de darle la vuelta al iceberg sino de tratar de que el choque deje el menor de los daños posibles.
Son las nueve de la noche ya y no puedo irme hasta terminar esto, que era para ayer...
Son las nueve de la noche ya y no puedo irme hasta terminar esto, que era para ayer...
*
No nos gusta Loret de Mola, pero al menos por primera vez me topo con alguien con voz que llega a muchos oídos y que dice las cosas con todas sus letras. Me suena a algo similar a los artículos con tintes políticos de Cortázar en los '70 cuando se hizo portavoz desde Francia de lo que se hablaba como secretos a voces en Argentina o en Chile, pero tenía su razón de ser: era terrorismo de estado. Estas historias las vengo escuchando cada vez más cerca desde hace unos años. Qué triste saber que hechos tan terribles pasen en este mundo y pasen en esa patria chica que quiero tanto.
| Narcotamaulipas |
“¿Cuál es el peor lugar de México en términos de seguridad?”, preguntó este reportero a uno de los mariscales de la guerra contra el narcotráfico, integrante del gabinete del presidente Felipe Calderón. “En ejecuciones, Ciudad Juárez. En descomposición social y penetración del narcotráfico en todas las estructuras, sin duda Tamaulipas”. Los empresarios han huido de Tampico, en Reynosa los principales informantes del crimen organizado son taxistas, en Victoria la droga la venden amas de casa en barrios populares, en Nuevo Laredo los ciudadanos viven con miedo a hablar. En Tamaulipas, más que el Presidente, el gobernador o los alcaldes, manda el narco y no lo duda nadie. |
jueves, marzo 19
(sin título)
Ésta es la foto que quise tomar la otra vez y se me pasó, el saguaro ése seguía ahí, viejito y todo. Cuando me vaya de aquí para siempre iré de nuevo y tomaré la misma foto, a ver qué fue de su suerte.
Y ésta la caída principal de las Seven Falls. Yo no vi siete de todos modos y como que creo que se refieren a los niveles y no a que haya siete caídas de agua, como sea, la que sigue está seca pero dicen que en la temporada de lluvias también hay agua aquí, y que si llueve mucho muchísimo es peligroso y la gente se muere (cosa que pasó hace menos de cinco años, bueno, esa oración está mal; quise decir: es peligroso y una vez varias personas murieron llevadas por la corriente y golpéandose con las rocas).
Ésta es la roca que me protegió del sol un rato, y el agua estaba heladísima, por un momento creí que me iban a dar calambres del frío y luego de volverme a poner los zapatos y volver a caminar. Hay otras fotitos en el flickr, pero en realidad es triste porque son paisajes bellos pero el bendito sol y mi pobre camarita no nos dejan sacar fotos a la altura.
La mejor imagen decidí no fotografiarla, es como un ejercicio de continencia que a veces me gusta hacer: guardar imágenes en la memoria y los sentimientos que me provocan. Eran varias chollas (Cylindropuntia cholla), mi cactácea favorita, y unos mini saguaritos creciendo en unas rocas color arcilla con ribetes negros-grisáceos. Me gustó su organización, como estaban distribuidas, y la variedad de colores. Me gustan esos pedazos de montaña que parecen haber sido cortados con sierra, filosos acantilados, todo eso. Mhmm... soy mala para describir, quizá para la próxima mejor sí tome la foto. Pensé mucho en Andrés y todos estos lugares llenos de piedra a los que quiero llevarlo cuando venga, si es que algún día viene, y pensé en que entonces aprenderé mucho cuando le pida que me explique esas cosas, pero después recordé aquel viaje que hicimos a Monterrey hace quién sabe cuánto y a todas nuestras preguntas sobre geología él nos respondía a mi hermano y a mí: son rocas sedimentarias y ya...
J y yo somos buenas hiking partners, supongo que es el tipo de cosas que una puede concluir después de hacer un recorrido de cinco horas y cachito. Eso de hablar cómodamente de cualquier cosa y luego sacar algún tema más acá, llegado un punto de descanso en la caminata que te lleva a un poquito de reflexión, y luego no hablar absolutamente nada porque ya las piernas te duelen hasta el alma y no ves la hora de regresar al estacionamiento. Fue justo cuando veníamos de vuelta que me dijo que a veces le dan ganas de ser de nuevo una niña de diez años y pasarla bien sólo con salir a andar en bicicleta y regresar sedienta a casa a tomar limonada preparada por su mamá. Dijo que era en esa época cuando no se preocupaba por absolutamente nada. Yo respondí con una sonrisa, pero no fui recíproca con algún comentario similar. Ya después en casa, mientras tomaba un baño, me quedé pensando que mi niñez no estuvo en absoluto exenta de preocupaciones y quizá por eso no idealizo mi infancia. No obstante, pienso que mi vida hasta antes de los 22 años estuvo prácticamente libre de incertidumbres y eso hacía las cosas mil veces más llevaderas. Y es que a partir de los 22 me topé con un mundo en el que las certezas son pocas, la seguridad escasa y todas las decisiones se convierten en viles apuestas. Pensé en cantidad de cosas que no voy a escribir aquí, pero mi quasi-conclusión fue ésta: las preocupaciones son controlables pero la incertidumbre no. En realidad esto no tiene mucho sentido si uno considera que las incertidumbres nos preocupan, blablabla. En fin, palabrería; para el caso da lo mismo si uno tiene que aprender a vivir con eso :)
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La pregunta del día: ¿así como hay gente que parece no poder vivir estando sola, hay gente que no puede vivir acompañada? y con vivir me refiero a la vida, no a habitar una casa.
No sé, las asimetrías de este mundo a veces duelen, a veces desconciertan, a veces aterran.
La segunda pregunta del día (de alcances más de corto plazo, pero definitivamente más prácticos): ¿cómo es que puedo ponerme a contar mi vida aquí, pero ser incapaz de escribir una buena carta de motivos donde me eche flores y los convenza para que me den dinero?
No sé, las asimetrías de este mundo a veces duelen, a veces desconciertan, a veces aterran.
La segunda pregunta del día (de alcances más de corto plazo, pero definitivamente más prácticos): ¿cómo es que puedo ponerme a contar mi vida aquí, pero ser incapaz de escribir una buena carta de motivos donde me eche flores y los convenza para que me den dinero?
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