sábado, octubre 26

weight watchers

El doctorado me dejó, entre otras cosas, alrededor de 15 kilos de más. Si consideramos que en la licenciatura había subido como otros diez, aquí concluyo que ya no debería volver a la escuela nunca más. Me descubrí gorda una noche en el reflejo de la televisión y de ahí me di cuenta que ya ni siquiera podía sumir la panza. En mi peso más alto (el cual, de hecho, desconozco) me sentía fatal, así que con disciplina y trabajo en equipo logré bajar un par de kilos para poder sumir la panza de nuevo. Nunca he sido obesa y aún en estos tiempos me encuentro entre los límites del sobrepeso, pero eso no quiere decir que no me quiera mover de ahí. Tampoco nunca he sido flaca y necesito perder como 10 kilos para que se note que he bajado una talla o algo así, según yo por ser de huesos gruesos, pero mis muñecas son tan delgadas que hacen parecer como si mi complexión no debiese ser robusta. Quién sabe. Hace más de un año que cambié mis hábitos alimenticios y que empecé a correr. Mis estudios y chequeos dicen que mi salud se encuentra en buen estado, así que mi motivación para bajar de peso en realidad va más por el lado de la prevención de enfermedades, y de cuidar de mi propio cuerpo. Algún día no muy lejano espero poder ser mamá, y debo aceptar que no seré una mamá joven, así que necesito la mejor condición posible para ser activa a pesar de cuidar de niños pequeños a mitad de mis cuarentas. Me falta un poco más de consistencia, por lo menos una vez al mes tengo un episodio de atasque (o como se dice más bonito en inglés, pig out), pero sé que estoy al menos en la senda adecuada. Creo que desde que llegué he logrado perder ya alrededor de 4 kilos, y espero seguir así. Pero aunque mi cuerpo no es, ni nunca ha sido, perfecto, me gusta. Mi mayor problema es el de tener cuerpo en forma de manzana, lo cual hace de mi panza el enemigo a vencer para evitar que la gente por error crea que estoy embarazada... Pero fuera de eso, me gustan mis formas torneadas y macizas, mis curvas aquí y allá. Sé que nunca seré ni siquiera talla 5, y no me interesa ni me quita el sueño, pero me gusta como soy. Tener 32 años y reconocer que me gusta mi cuerpo y mi compromiso a cuidar de él me hace sentir bien. En medio de mensajes y construcciones sociales que quieren convencerme de cambiar para ser la mejor versión de mí misma como si algo estuviese a priori mal en mí, he aprendido a escuchar a mi cuerpo y a hacer las cosas porque yo quiero, porque les encuentro sentido y porque las puedo hacer a mi manera.

miércoles, octubre 9

No, gracias.

"I love my rejection slips. They show me I try."
~Sylvia Plath. 

Ya hasta me sé la palabrería que se usa para decir que uno no satisface con el perfil deseado, pero aquí uno sigue, que no me estoy yendo a ningún lado -aún-.
Y pues uno tiene que seguir, aunque sea sólo por curiosidad.

viernes, septiembre 20

memory lane

Hay recuerdos a los que me gusta mucho regresar, repasar, una y otra vez. Historias que me definen, que definieron una época de mi vida, que traen de nuevo a mi presente lugares y personas entrañables, lo que fuimos, donde estuvimos. Son calles que camino de nuevo, historias que leo o que cuento de nuevo, fotografías que veo de nuevo, recuerditos que de pronto me topo de nuevo, sueños que se repiten desde años, esas  cosas.
Finalmente desempaqué, tratando de estar en paz con el hecho de que quizá me quede aquí más tiempo del que esperaba. Empecé a salir a caminar, recorriendo la ruta que tomábamos mi hermano y yo hacia la escuela primaria (ésa en la que duré cuatro años), el kilómetro y medio que había que caminar para tomar un autobús, cuando entonces la civilización no llegaba a esta zona, pasando en frente de la iglesia donde hice mi primera comunión el día de corpus christi, parándome a comprar pan en El Almendro, tratando de recordar ciertas casas e incapaz de reconocer ciertas calles. Y en la incomodidad de una habitación en un puerto tropical donde la humedad al cien por ciento es el pan nuestro de cada día, releer historias que de alguna forma quedan para la posteridad, pero recuerdos e historias que no van a volver. Supongo que todo esto es parte del proceso de empezar a medio sentirse de nuevo en casa, en preparación para más adelante volver a partir.
Quién sabe, porque desde ya algún tiempo me he dado cuenta que de muy poco sirve planear algo porque a los cinco minutos a la vida le da por replantearlo todo y ponernos todos los planes de cabeza.

martes, septiembre 17

lluvia

Mis padres viven una zona baja de la ciudad, muy cerca del sistema lagunero, así que en época de lluvias el agua fácilmente sube al nivel de la banqueta y en ocasiones hasta la cochera. Eso sin contar el impactante espectáculo de las corrientes de agua que van y vienen en el crucero de la esquina. Cuando se mudaron a este lugar hace unos cuantos años, el puente peatonal que se encuentra en dicho crucero fue una de las vistas más surrealistas que he presenciado. Todos creímos que se trataba de uno de esos gastos estúpidos del gobierno para demostrar que hace algún tipo de obra pública, por ridículo que parezca. Semanas después, cuando ocurrió la primera lluvia torrencial, mi madre me llamó para compartirme la razón de ser de dicho puente: es tal la fuerza de las corrientes de agua, y la altura que alcanzan, que no hay otra forma de cruzar la calle sin correr el riesgo de que lo lleve la corriente a uno, más cuando esa calle la cruzan cientos de niños que van hacia al kínder o a la escuela primaria que se encuentran justo pasando esa cuadra.
Esta mañana desperté con la desidia de quien reconoce el ruido de la lluvia al caer y se arropa de nuevo en la cama con la esperanza de volver al sueño y a los sueños que nos acompañaron por la noche y que nos llevaron a un viaje de recuerdos e historias del pasado. Me levanté, desayuné, me hice cargo de la cocina y vencí la desidia para lavar la cafetera y hacer café sólo para mí, aunque fuese ya cerca del mediodía. Evité la música para poder disfrutar de la melodía de la lluvia al caer, uno de mis clichés favoritos, sobre todo porque en los últimos años la única lluvia que me tocó fue en la temporada de monzones; lluvia que sólo cae por una hora o dos, inconsistente, a menos que sea una tormenta eléctrica, de esas bellas, pero que igual, duran muy poco.
Mi egoísmo me hace sentir feliz de ver tanta lluvia, pero poco a poco deja pasar la preocupación por todos aquellos que viven en las partes de verdad más bajas y que seguramente ya tienen sus viviendas inundadas. Y esto es sólo aquí, en la tierra donde los huracanes ya no llegan gracias a las bases ovnis (de acuerdo al vox populi), y donde las tormentas tropicales cuando tocan tierra no producen lluvias sino hasta dos días después (lo más chistoso que me ha tocado hasta ahora, a diez días de mi regreso: la señorita del clima, que Will no entiende porqué visten como escort, comunicando que a pesar de un 90% de probabilidades de lluvia no hay forma de explicar porqué aún no llueve...). Pero muchos más han sido afectados en otras zonas del estado y del país. Es difícil continuar maravillándose con esta lluvia que tantos estragos ocasiona. Y, sin embargo, son tan poquitas las cosas que estos días logran levantarme el ánimo, que sólo me queda aferrarme a lo que poco que puedo, que si lo piensa uno bien, igual y no es tan poco.
En fin. Sean felices. Tengan días buenos.

lunes, septiembre 9

Home is wherever I'm with you

Sé que él es la persona para mí porque saca lo mejor de mí y me ayuda a lidiar con lo peor. Pocas personas conozco como él, tan íntegro, y tan feliz. Sí, Will es la persona más auténticamente feliz que hay en mi vida, feliz en el sentido de content, resilient. Una de las muchas razones por las que lo admiro y lo amo tanto. Y con él siento que puedo sobrevivir estos días, una vez más viviendo lejos, viviendo de nuestros mensajes constantes durante el día y la conversación larga en la noche antes de dormir.
Siento que ésta es la mudanza más dura por ser la más incierta y en la que hay tantas cosas en juego que yo no necesariamente elegí, pero tampoco debería hacer tanto drama. Debo admitir que a la distancia y en este momento, mis días en el desierto fácilmente se ven tan perfectos y tan color de rosa, que casi olvido que justamente hace seis años no fue así. La transición no fue fácil, y los primeros días y meses fueron sumamente difíciles. Pensar en eso, esa perspectiva, al menos me recuerda que siempre hay cosas peores, pero como también decía Yuri, siempre vendrán tiempos mejores.
Lo primero que hago al llegar a un lugar es domesticarlo, aún cuando sea sólo por un tiempo corto. Aún no desempaco porque no sé dónde nos acabaremos instalando pseudo-definitivamente, pero por lo pronto he organizado el espacio donde escribo y leo, y donde están nuestras fotos. Como la viejita de la película del Titanic, necesito mis memorias representadas en forma tangible alrededor mío. De esas cursilerías que le dan sentido a ciertas vidas.
Y mientras, así seguimos.

sábado, agosto 17

mudanzas, versión quién-sabe-cuántos

No importa a dónde se vaya uno, ni que tan entusiasmado se esté, mudarse es horrible. Más cuando el presupuesto es súper restringido. Más cuando no hay ni siquiera seguridad de a dónde uno está yendo. Siento que vivo en un estado de total incertidumbre, en el que no puedo tratar de resolver algo porque cada asunto depende de dos o tres más que a mí no me corresponde resolver. Es horrible *tener* que volver cuando en realidad no hay ninguna opción tangible ahí, y de este lado las oportunidades para el futuro lejano y cercano se ven mucho más claras. Yo que sí quiero volver, llevar a mi familia conmigo y aprovechar la experiencia, pero las circunstancias de aquel lado no me hacen sentir tan bienvenida.
Un día a la vez. Un día a la vez. Lo malo es cuando nos tocan días planos y oscuros y en silencio. En fin. Cosas de esta vida.

jueves, agosto 15

Próxima estación: Esperanza

Vivo de esperanza en esperanza. En serio. No hay otra forma de sobrevivir estos días. Uno trabaja por muchos años para lograr terminar esto, lleno de complejos e inseguridades, pero esperando ver la luz al final del túnel; esperando que algo bueno, algo mejor ocurra al final de este tramo de la vida. Es difícil no sonar cursi y llena de clichés, argh. Y es feo que las cosas no se vean muy claras al final. Así que sólo queda vivir un día a la vez, seguir tocando puertas, seguir teniendo fe. Todos los días una puerta u otra se cierra, pero cada tercer día parece querer abrirse una ventana. Lo bueno de creer que esta vida no es lineal, y que la razón de esta vida va más allá de mi limitada visión, es que entonces se puede vivir durante estos días con la perspectiva de que todo tiene su razón de ser y se acomodará en su momento. Que es difícil tener paciencia, lo es. Que es difícil seguir trabajando y cuestionando casi todo, oh, sí, lo más. Bien decía mi abuelo que la necesidad es la madre de la creatividad. Así que estos tiempos son pa ponerse creativos. Pero nadie dijo que esta vida es fácil ni que venimos a ser felices todo el tiempo ni que a todos la vida nos viene servida en bandeja de plata. Y al final del día, cuando en verdad abrimos nuestro corazón y lo sinceramos, nos damos cuenta que en realidad tenemos muchísimas cosas más por las cuales estar agradecidos.
Así que aquí seguimos.
Sean felices, tengan días buenos.