Tengo varias ideas para series de fotografías, pero ésta tenía que haberme llegado antes. Parece ser que se habla tanto de él pero tenemos tan pocas imágenes de las muchas caras del insomnio.
Ahora necesito encontrar al fotógrafo, pero en el ínter, toménse la libertad de jugar con esta idea.
sábado, octubre 31
lunes, octubre 26
what are the chances?
Lauren: I used to think that maybe a long time ago, like in the time of the pharaohs or Louis XIII, there was somebody made just perfect for me. I mean, when you think about it and consider that your feelings of love begin when you are about 10 and if you live to, say, 70, well, that's pretty limiting because what chance is there that he'll be alive at the same time you are, you know?
Daniel: I feel the same thing, I mean, even if she lived in my lifetime, what if my perfect woman lived in India, or California, or Brazil? What chance is there that I meet her when I live in La Garenne?
Lauren: It's incredible, isn't it?
Daniel: Absolutely. Incredible.
Daniel: I feel the same thing, I mean, even if she lived in my lifetime, what if my perfect woman lived in India, or California, or Brazil? What chance is there that I meet her when I live in La Garenne?
Lauren: It's incredible, isn't it?
Daniel: Absolutely. Incredible.
A little romance (1979)
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domingo, octubre 25
draft: edit & cut, still undecided...
(extractos de una serie de borradores que nomás no terminaron de salir y que no me gusta que estén ahí en la bandeja, aunque igual ahí deberían quedar, quién sabe)
1. Where the wild things are
Ya por fin llegaron los monstruitos. Las historias y figuras de monstruitos, me fascinan, seres fantásticos en quienes confiar. No me sentía así desde Totoro :)
Quizá vaya finalmente sola, pero la volveré a ver, espero que con merecida compañía después :)
2. ¡salud!
A Dios le pedí fuerzas para tener grandes logros. Me hizo débil para aprender humildemente a obedecer.
A Dios pedí salud para hacer cosas grandes. Me dio enfermedad para poder hacer cosas buenas.
A Dios pedí riquezas para poder ser feliz. Me dio pobreza para poder ser sabio.
Pedí poder para obtener alabanzas. Me hizo débil para sentir la necesidad de Dios.
Pedí todo para poder disfrutar de la vida. Me dio vida para poder disfrutar de todo.
No recibí nada de lo que pedí, pero sí todo lo que necesitaba.
A pesar de mí mismo, las peticiones que no hice me fueron concedidas.
Yo, entre los hombres, soy el más afortunado.
Mi tío Fede fue el único hijo de mis abuelos maternos que terminó la educación superior y su graduación fue un gran acontecimiento familiar que yo aún recuerdo. Poco después de obtener su título decidió migrar -ilegalmente- a los Estados Unidos, con la excusa de aprender inglés, donde estuvo trabajando como electricista por dos años. Afortunadamente regresó para ser socio fundador de una pequeña empresa de tecnología en donde con muchos sacrificios logra ejercer su profesión y generar por lo menos un puñado de empleos (esos que no sólo el gobierno no genera, sino que hace peligrar con sus estúpidos regímenes fiscales). La noche de su graduación Federico regaló a mis abuelos esta oración que he puesto arriba, plasmó su pulcra caligrafía de ingeniero en una hoja de papel blanco y la puso en un marco dorado. Ese cuadrito era el gran orgullo de mi abuelo, lo tenía colgado de su ropero de roble que, junto con un par de cortinas, servía de biombo para separar la "recámara" de mis abuelos de la cocina-comedor. De niña no entendía cómo uno podía estar agradecido por las cosas que no le han sido dadas y todavía más, agradecer las cosas malas que también llegaban. Leía esa oración una y otra vez y no entendía; me caía mal. Creo que hasta la fecha no me gusta del todo, pero esa oración está constantemente en mi memoria y a veces llega como un sútil consuelo que de alguna manera me hace entender muchas cosas. Siempre que tengo un pastel de cumpleaños con velitas antes de apagarlas pido un deseo; para no errarle casi siempre pido lo mismo "ser feliz". Hace poco mi hermano me hizo ver que uno no puede pedir eso, que en general no lo merecemos; que uno sólo puede tratar de vivir su vida lo mejor posible y si nos va bien y lo sabemos ver, la felicidad es un regalo que nos puede llegar de repente, y ya. La semana pasada mientras soplaba mis velitas sólo pedí salud para la gente que más quiero. Lo pedí sin merecerlo, pero con toda la fuerza de mi corazón. Este año hemos tenido muchos muchos muchos reveses, pero se puede vivir y hemos agradecido esa gran oportunidad que a veces hacemos menos. Pedí salud, y aunque de entrada parecía que se nos cerraban las puertas, de pronto encontramos una ventana y por ella nos entró harta luz.
3.
Andrés es mi jalador de orejas profesional. Todo (mi) mundo sabe que mi padre es mi adoración y la mayoría piensa que soy la niña mimada de papá. Pocos saben en realidad lo exigente que Andrés es conmigo en particular y las terribles discusiones que podemos tener. Pero él sabe también callar, sus exigencias son más bien sutiles y nunca se ha entrometido en mis decisiones de vida, aún cuando muchas de ellas no han sido de su agrado. Papá sabe estar ahí sin meter su cuchara, sabe lo dispersa que puedo llegar a ser y aún con su tacto de elefante me hace reír y me hace no perder de vista lo importante.
Y al margen, pero en relación con esto, creo que estoy aprendiendo que la esencia de la disciplina reside en el control, en el autocontrol que es posible cuando uno se compromete en causas/tareas en las que cree.
4. dreamgirl
llevo días soñando despierta, con ansia pero sin prisa; esperando enero como una promesa, esperando una vez más
1. Where the wild things are
Ya por fin llegaron los monstruitos. Las historias y figuras de monstruitos, me fascinan, seres fantásticos en quienes confiar. No me sentía así desde Totoro :)
Quizá vaya finalmente sola, pero la volveré a ver, espero que con merecida compañía después :)
2. ¡salud!
A Dios le pedí fuerzas para tener grandes logros. Me hizo débil para aprender humildemente a obedecer.
A Dios pedí salud para hacer cosas grandes. Me dio enfermedad para poder hacer cosas buenas.
A Dios pedí riquezas para poder ser feliz. Me dio pobreza para poder ser sabio.
Pedí poder para obtener alabanzas. Me hizo débil para sentir la necesidad de Dios.
Pedí todo para poder disfrutar de la vida. Me dio vida para poder disfrutar de todo.
No recibí nada de lo que pedí, pero sí todo lo que necesitaba.
A pesar de mí mismo, las peticiones que no hice me fueron concedidas.
Yo, entre los hombres, soy el más afortunado.
Oración de un soldado anónimo.
Mi tío Fede fue el único hijo de mis abuelos maternos que terminó la educación superior y su graduación fue un gran acontecimiento familiar que yo aún recuerdo. Poco después de obtener su título decidió migrar -ilegalmente- a los Estados Unidos, con la excusa de aprender inglés, donde estuvo trabajando como electricista por dos años. Afortunadamente regresó para ser socio fundador de una pequeña empresa de tecnología en donde con muchos sacrificios logra ejercer su profesión y generar por lo menos un puñado de empleos (esos que no sólo el gobierno no genera, sino que hace peligrar con sus estúpidos regímenes fiscales). La noche de su graduación Federico regaló a mis abuelos esta oración que he puesto arriba, plasmó su pulcra caligrafía de ingeniero en una hoja de papel blanco y la puso en un marco dorado. Ese cuadrito era el gran orgullo de mi abuelo, lo tenía colgado de su ropero de roble que, junto con un par de cortinas, servía de biombo para separar la "recámara" de mis abuelos de la cocina-comedor. De niña no entendía cómo uno podía estar agradecido por las cosas que no le han sido dadas y todavía más, agradecer las cosas malas que también llegaban. Leía esa oración una y otra vez y no entendía; me caía mal. Creo que hasta la fecha no me gusta del todo, pero esa oración está constantemente en mi memoria y a veces llega como un sútil consuelo que de alguna manera me hace entender muchas cosas. Siempre que tengo un pastel de cumpleaños con velitas antes de apagarlas pido un deseo; para no errarle casi siempre pido lo mismo "ser feliz". Hace poco mi hermano me hizo ver que uno no puede pedir eso, que en general no lo merecemos; que uno sólo puede tratar de vivir su vida lo mejor posible y si nos va bien y lo sabemos ver, la felicidad es un regalo que nos puede llegar de repente, y ya. La semana pasada mientras soplaba mis velitas sólo pedí salud para la gente que más quiero. Lo pedí sin merecerlo, pero con toda la fuerza de mi corazón. Este año hemos tenido muchos muchos muchos reveses, pero se puede vivir y hemos agradecido esa gran oportunidad que a veces hacemos menos. Pedí salud, y aunque de entrada parecía que se nos cerraban las puertas, de pronto encontramos una ventana y por ella nos entró harta luz.
3.
Andrés es mi jalador de orejas profesional. Todo (mi) mundo sabe que mi padre es mi adoración y la mayoría piensa que soy la niña mimada de papá. Pocos saben en realidad lo exigente que Andrés es conmigo en particular y las terribles discusiones que podemos tener. Pero él sabe también callar, sus exigencias son más bien sutiles y nunca se ha entrometido en mis decisiones de vida, aún cuando muchas de ellas no han sido de su agrado. Papá sabe estar ahí sin meter su cuchara, sabe lo dispersa que puedo llegar a ser y aún con su tacto de elefante me hace reír y me hace no perder de vista lo importante.
Y al margen, pero en relación con esto, creo que estoy aprendiendo que la esencia de la disciplina reside en el control, en el autocontrol que es posible cuando uno se compromete en causas/tareas en las que cree.
4. dreamgirl
llevo días soñando despierta, con ansia pero sin prisa; esperando enero como una promesa, esperando una vez más
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miércoles, octubre 21
the gap
no tiene cabeza para generar empleos, pero que tal para generar IGNORANCIA [sic]
comentario de carvic (Miami) en la columna de Carlos Loret para El Universal en línea
Lo natural es pensar que ese comentario se refiere a Calderón y a su gobierno. Lo leí esta mañana, junto con otros muchos comentarios en otras noticias y columnas de variedad de temas y aunque en un principio compartí el malestar y la incredulidad después de un rato acabé de nuevo mareada y por primera vez cansada de tanto conformismo y de tanto quejica profesional pululando por todos lados. Inicialmente pensaba postear sobre lo increíble que me parecía la propuesta de un impuesto a las telecomunicaciones en un país con un retraso tecnológico del calibre de México y con una brecha digital de gran magnitud (simple reflejo de las innumerables desigualdades presentes en la sociedad mexicana), pero ya de eso se ha hablado en todos lados y no ahondaré más porque básicamente desapruebo una medida así y porque ya mucha gente se ha rasgado las vestiduras con banalidades (que esto le echará más leña al fuego de nuestro retraso tecnológico es un hecho, pero, aunque están en todo su derecho, me vale un pito la protesta de internautas que defienden su derecho al acceso a internet pero no están pensando más allá de las pendejaditas superficiales del facebook, hotmail, youtube, twitter, fotologs, blogs, etc --y no es un comentario de amargada, sino un hecho: en México es mayoritario el uso de internet como un medio de comunicación para las redes sociales y los correos electrónicos, pero estamos en pañales todavía para incrementar su uso como una herramienta más en los procesos de enseñanza, como un medio para facilitar transacciones económicas o como un generador de oportunidades de empleo, por mencionar algo). Y eso iba a hacer inicialmente pero después cuando venía a casa pensaba en cómo de los impuestos he escuchado críticas de muchos lados pero muy pocas discusiones verdaderas de fondo y fue cuando me pregunté: ¿dónde están los académicos cuando se necesitan? Recordé que cuando Barack Obama fue anunciado presidente electo, los siguientes meses antes de la toma de posesión y los primeros posteriores estuvieron llenos de rumores, conjeturas y confirmaciones sobre quiénes integrarían su gobierno y particulamente había mucha expectación sobre su gabinete en materia económica debido a todo el desmadre desatado por la crítica recesión. Yo no soy economista groupie que conoce a las grandes vacas sagradas o al stardom de esta ciencia social, así que no es sorpresa que muchas veces incluso me pasa con el premio nobel de economía como con el de literatura, que hasta que los anuncian me entero de su existencia, así que tampoco voy a hacer como que ya sabía de los grandes nombres del gabinete económico de Obama y obviar lo que no es obvio, pero el punto es éste: el hombre, a diferencia de Calderón, se supo rodear de las personas adecuadas, de académicos con gran experiencia en su campo, independientemente si está afiliado o no incondicionalmente a todos sus proyectos. La administración estadunidense tiene gente que se ha movido en áreas abstractas pero con suficiente experiencia aplicada, y para todo lo demás, también tiene el balance de sus operadores políticos, y por si fuera poco, girando alrededor, toda una variedad de economistas casados con sus ideologías que polemizan, critican y proponen, desde sus cubículos, aulas, columnas y blogs, enriqueciendo la discusión. No, no soy una ingenua que se traga todo el cuento de que EEUU es la maravilla del mundo, pero quisiera ver algo de esto en mi país. A diferencia de lo que pensé cuando me fui enterando del gabinete económico de Obama, dos años antes estuve horrorizada con los nombramientos que hizo Felipe Calderón (a excepción de Georgina Kessel a quien conocía por su trabajo con Enrique Dávila y Santiago Levy, pero de quien quedé muy decepcionada luego de la supuesta "reforma energética" y veremos qué pasará ahora con LFC). Aunque nunca quise a Calderón como presidente, el contexto en ese entonces no dejaba más que apechugar tratando de darle el beneficio de la duda, pero luego de la elección de su gabinete no pude evitar sentir que efectivamente nos las veríamos muy negras. Aún tratando de no ser prejuiciosa, es difícil no dudar de la visión de personas sin experiencia en el servicio público, propanistas, tecnócratas y con una formación que a veces está plagada de muchas ideologías. Y sin embargo, no debería esto ser un problema si contáramos con una opinión pública bien formada y un diálogo constante entre los hacedores de política pública, académicos y sociedad civil. Pero eso, me temo, no sucede. Calderón y su gobierno parece que tienen tapones en los oídos. Su gabinete económico propone planes que tienen poco o nulo sentido desde donde sea que uno lo intente ver, y lo peor es que ni siquiera son capaces de defender sus propuestas convincentemente. El poder legislativo sólo busca llevar agua a su molino, así que qué flojera detenerse a echar verborrea sobre eso. Pero, ¿y los académicos? Los académicos parecen vivir en una torre de cristal, siempre que no les quiten su nivel en el SNI y tengan asegurada su tenure; y si se llegan a preocupar, encuentran refugio en la siempre creíble excusa de que no importa qué tanto propongan el gobierno nunca va a querer asumir el costo político de implementar sus propuestas; pero eso sí, bien que cobran cuando los subcontratan para hacer evaluaciones de sus programas ¿Estoy perdiéndome de algo, acaso? ¿el error es mío porque a donde estoy sólo me llegan los ecos de las noticias que leo en línea y no me entero de las polémicas discusiones sobre los diferentes planes para la ley de ingresos? ¿en verdad estoy juzgando mal creyendo que tanto profesor-investigador en las universidades y centros de investigación sólo discute esto en charlas de café y en los pasillos, y no que está participando activamente en buscar soluciones o mecanismos que nos signifique una mejora (sí, de Pareto, si quieren) a las burradas que se están proponiendo ahora desde el poder? Pienso que de muchas maneras la academia tiene margen de acción (y debería tener definitivamente más presencia) para proponer, discutir y evaluar, desde el inicio de los procesos y no sólo al final, debe tener un rol mucho más comprometido, activo y propositivo en el diseño de políticas públicas no sólo con capacidad de voz sino también de voto. Los institutos de investigación y las universidades, me parece, están bastante al margen de muchas decisiones importantes que se toman y afectan a la sociedad. Es fácil decir que todo mundo se queja y nadie propone nada, para un ciudadano promedio, aunque cuestionable, podríamos decir que pasa, pero para alguien que por vocación ha elegido una carrera en donde la generación de conocimiento es uno de sus principales motores, esta omisión o esta indiferencia debería ser inadmisible. Y sin embargo, eso parece pasar en mi país y por eso quizá no debería extrañarme que en lugar de haber un diálogo lleno de discusiones enriquecedoras y propositivas haya toma de tribunas en los recintos legislativos y marchas y manifestaciones. Aún así, quizá sea algo (no lo de las tomas de tribunas, lo cual me ennerva; pero sí podría ser la manifestación frente al Senado que se llevará a cabo el 25 de octubre contra la ley de ingresos). Pero podría seguir con mis preguntas: ¿por qué nos quejamos nada más echando la culpa al gobierno pero no se discuten nunca planes alternativos? ¿por qué, de entrada, creemos durante todo el año que las cosas están bien y que no hay que hablar de presupuestos hasta que llegamos al otoño? ¿por qué nos quejamos de que nos den atole con el dedo pero bien que lo aceptamos SIEMPRE? Mi impresión es que dejamos todo hasta el final y nos ganan siempre las prisas, tenemos una visión completamente cortoplacista y a pesar de las molestias encontramos mil veces más cómodo quejarnos y echar la culpa a otro antes de preguntarnos qué pudimos haber hecho nosotros y eso cuando nos afecta, porque si al final de la historia lo que pase apenas y nos roza, pues qué-más-da ¿no? La verdad es que me da risa cuando escucho/leo que tantas cosas que están pasando ahora en México no es sino una bomba de tiempo y que pronto el descontento social llevará a un levantamiento y esas cosas. Yo no lo creo. El país está en caos ya, pero no veo a absolutamente nadie comprometido con causa alguna, con un plan alternativo sensato, con una verdadera vocación de cambiar las cosas y hacerlas bien. Me dijeron que igual estaban las cosas entre 1910 y 1920 y aún así tuvimos eso que llamamos revolución... vaya consuelo, y aquí el resultado, varios pasos hacia adelante y vé tú a saber cuántos para atrás.
En estas cosas pensé durante todo el día, más o menos en ese desorden de ideas. En el ínter fui a sacar una membresía más en el juego que todos jugamos en el sistema económico del país donde vivo, tuve una cátedra sobre el régimen del ISR de exempleados de Hacienda que lo defendían (¡¿!? después de eso ya no debería sorprenderme tantas cosas sobre las que me quejo aquí...), y mientras cavilaba en porqué parecemos incapaces de vivir en un mundo mejor, el hombre en la camioneta no me vio y yo en mi bicicleta no lo vi pero por un golpe de suerte nos alcanzamos a ver antes de que algo malo sucediera a mitad del cruce entre Speedway y Campbell... y pues nada, que las cosas son y aquí seguimos.
*
update OCT/22/2009
lo que tengo en mente cuando pienso en estas cosas, evidencia de que hay mucho por hacer y que se puede hacer, a veces de maneras poco ortodoxas: Presunto Responsable (el original en inglés aquí)
y de esas formas de divulgación que pueden ser bastante útiles, P&R sobre las tarifas eléctricas explicado con peras y manzanas aquí (además me consta que Carreón, un tipo notablemente teórico pero con gran sentido común y los pies bien puestos en la tierra, ha trabajado por años en estos temas con una serie de propuestas de eficiencia y que algunas han hecho mella positiva --viva viva por mi mentor :) -- ).
En estas cosas pensé durante todo el día, más o menos en ese desorden de ideas. En el ínter fui a sacar una membresía más en el juego que todos jugamos en el sistema económico del país donde vivo, tuve una cátedra sobre el régimen del ISR de exempleados de Hacienda que lo defendían (¡¿!? después de eso ya no debería sorprenderme tantas cosas sobre las que me quejo aquí...), y mientras cavilaba en porqué parecemos incapaces de vivir en un mundo mejor, el hombre en la camioneta no me vio y yo en mi bicicleta no lo vi pero por un golpe de suerte nos alcanzamos a ver antes de que algo malo sucediera a mitad del cruce entre Speedway y Campbell... y pues nada, que las cosas son y aquí seguimos.
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update OCT/22/2009
lo que tengo en mente cuando pienso en estas cosas, evidencia de que hay mucho por hacer y que se puede hacer, a veces de maneras poco ortodoxas: Presunto Responsable (el original en inglés aquí)
y de esas formas de divulgación que pueden ser bastante útiles, P&R sobre las tarifas eléctricas explicado con peras y manzanas aquí (además me consta que Carreón, un tipo notablemente teórico pero con gran sentido común y los pies bien puestos en la tierra, ha trabajado por años en estos temas con una serie de propuestas de eficiencia y que algunas han hecho mella positiva --viva viva por mi mentor :) -- ).
jueves, octubre 15
miércoles, octubre 14
veintiocho; feliz, orgullosa y plenamente
Había estado pensando en el blog post del cumpleaños y todo eso de los recuentos, de las cosas buenas y malas, de las sobreexposiciones y una que otra cursilería, pero ahorita tengo ganas de escribir y esto es lo que me sale, así, calientito y auténtico.
Mis días favoritos en el año son los cumpleaños, los cumpleaños de la gente a la que más quiero en el mundo y de las personas a las que aprecio por razones especiales, y claro, el mío. Me gusta celebrar el cumpleaños de los demás porque en verdad me siento feliz y afortunada de tener la compañía de personas tan maravillosas que enriquecen mi vida de muchas maneras. Estas ganas de celebrar los cumples ajenos, sin embargo, no aplican para el mío. De hecho, me llega incluso a estresar la cuestión de tener que celebrar mi cumpleaños. Soy un viejo lobo solitario que prefiere las pequeñas reuniones con la calidez de los amigos cercanos o los mitotes multitudinarios de familia. Soy una cabezadura (ya sé que no va junto, pero no importa) que no se adapta a la idea de que los amigos cercanos (familia y amigos, que básicamente es lo mismo) están lejos casi siempre y prefiere entonces aislarse del mundo que la rodea y celebrar la vida con pequeños detalles y reflexiones que guarda para sí, rituales personales que dan el toque diferente a este día, más las llamadas, los mensajes y los abrazos casuales en el pasillo de los poquitos que lo recuerdan. Cosas sencillitas que me hacen el día. Y eso está bien para mí. Pero también soy un animal social que resiente las miradas de extrañeza de quien pregunta ¿y no vas a hacer nada para festejar? (suerte tengo que por acá las fechas coinciden que ni mandadas a hacer y una vez más seré free-rider de las fiestas de cumpleaños así que ya tengo con qué sacármela y de todos modos uno se la pasa bien ¡pffff!).
Mi querido hermano tiene una frase que me repite cada año cuando hablamos del tema (él, también libra pero notablemente más sociable que yo, tampoco gusta de ese aparente requisito social de celebrar un cumpleaños): festeja tu vida, que estás vivo, no tu cumpleaños.
Recibo, pues, el año número 28 con fuerza, sintiéndome tremendamente afortunada de estar viva.
Karina vive.
viernes, octubre 9
preludio
a cinco días de mi cumpleaños, un statement muy certero:
La infancia es un campo minado por la realidad, la vida adulta un campo arrasado por la artillería pesada de la realidad.
-DES
(pero cada quien se las ingenia de una u otra forma para seguir)
La infancia es un campo minado por la realidad, la vida adulta un campo arrasado por la artillería pesada de la realidad.
-DES
(pero cada quien se las ingenia de una u otra forma para seguir)
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