Mostrando las entradas con la etiqueta cosas bonitas que siento pero cuando escribo suena sacado de postal de Hallmark. Mostrar todas las entradas
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jueves, marzo 18

cosas imposibles

Me gusta mucho esa canción de Gustavo Cerati y más ese disco. Su concierto para promocionarlo en el Auditorio Nacional fue el primer concierto de verdad así en grande al que fui en mi vida. Aunque en ese entonces no me había gustado mucho, hoy el disco me parece muy bueno y un par de canciones ahí tienen harta sensualidad que fascina.
Creí que me gustaba pensar que yo quería eso: quiero hacer cosas imposibles, pero últimamente creo que tengo aspiraciones más a ras del suelo: quiero hacer cosas bonitas, cosas buenas. Quiero hacer las cosas bien.

*

Hace casi tres años, tuve esta conversación (mencionada aquí, por cierto), sobre no saber lo que depara el futuro y las cosas inimaginables en las que uno acaba sin esperarlo.
No creí que me fuera a pasar a mí...
Nada extraordinario, pero se siente muy bien saber que la vida nunca deja de ofrecernos oportunidades (de todo tipo, por decir lo menos).

miércoles, octubre 14

veintiocho; feliz, orgullosa y plenamente

Había estado pensando en el blog post del cumpleaños y todo eso de los recuentos, de las cosas buenas y malas, de las sobreexposiciones y una que otra cursilería, pero ahorita tengo ganas de escribir y esto es lo que me sale, así, calientito y auténtico.
Mis días favoritos en el año son los cumpleaños, los cumpleaños de la gente a la que más quiero en el mundo y de las personas a las que aprecio por razones especiales, y claro, el mío. Me gusta celebrar el cumpleaños de los demás porque en verdad me siento feliz y afortunada de tener la compañía de personas tan maravillosas que enriquecen mi vida de muchas maneras. Estas ganas de celebrar los cumples ajenos, sin embargo, no aplican para el mío. De hecho, me llega incluso a estresar la cuestión de tener que celebrar mi cumpleaños. Soy un viejo lobo solitario que prefiere las pequeñas reuniones con la calidez de los amigos cercanos o los mitotes multitudinarios de familia. Soy una cabezadura (ya sé que no va junto, pero no importa) que no se adapta a la idea de que los amigos cercanos (familia y amigos, que básicamente es lo mismo) están lejos casi siempre y prefiere entonces aislarse del mundo que la rodea y celebrar la vida con pequeños detalles y reflexiones que guarda para sí, rituales personales que dan el toque diferente a este día, más las llamadas, los mensajes y los abrazos casuales en el pasillo de los poquitos que lo recuerdan. Cosas sencillitas que me hacen el día. Y eso está bien para mí. Pero también soy un animal social que resiente las miradas de extrañeza de quien pregunta ¿y no vas a hacer nada para festejar? (suerte tengo que por acá las fechas coinciden que ni mandadas a hacer y una vez más seré free-rider de las fiestas de cumpleaños así que ya tengo con qué sacármela y de todos modos uno se la pasa bien ¡pffff!).
Mi querido hermano tiene una frase que me repite cada año cuando hablamos del tema (él, también libra pero notablemente más sociable que yo, tampoco gusta de ese aparente requisito social de celebrar un cumpleaños): festeja tu vida, que estás vivo, no tu cumpleaños.
Recibo, pues, el año número 28 con fuerza, sintiéndome tremendamente afortunada de estar viva.
Karina vive.

viernes, octubre 10

chipil

nada, pues que me pongo medio chipil por varias personas maravillosas a quienes extraño muchísimo, seres a cuya presencia no podemos ni queremos renunciar por tantos sentimientos inexorables, y amigos muy queridos que tienen a bien escribir y mantenerme al tanto de eventos tan extraordinarios que transmiten tantas ganas de que la vida sea mucha para tener oportunidad de disfrutar de todo cuanto hay en ella.
En fin, son muchas cosas y de alguna manera las desfogo compartiendo estos minutitos de música. Desde el martes que me avisaron no he dejado de escuchar esta canción, que siempre me ha gustado mucho y que ahora tiene el plus de ponerme contenta porque el arpista es un amigo querido y admirable y que se acaba de estrenar como papá.

viernes, junio 6

El Club de la Pequeña Lulú

(a mis amigos varones siempre les reclamo cuando se ponen en plan de Club de Tobi, así que ésta va para mis amigas)

Lo mejor de mis amigas es que no importa si estamos solteras o casadas, si una bajó de peso y la otra subió, si trabajamos o seguimos en la escuela, si ya tienen hijos o no, si viven en la abundancia o sobrevivimos para llegar a fin de mes, si somos independientes o aún viven con sus papás, si estamos en un país u otro... No importa porque siempre podremos reír a carcajadas de nuestras más torpes estupideces; y escuchar con harta emoción de las ilusiones del amor como si aún fuésemos adolescentes; y prestar el hombro para llorar el dolor por aquel hombre, que dejamos o se fue, como si fuese el único (porque en su momento lo fue); y cantar a grito tendido todas las canciones que nos llegan, aunque les cambiemos la letra; y reprendernos mutuamente porque entender no significa alcahuetearnos los errores; y compartir la expectativa de nuestros planes con el nerviosismo y la fe como si fueran los propios; y alejarnos quizá cuando las vida nos lleve por caminos distintos. Así, porque mientras no perdamos contacto, no dejaremos de ser cómplices y amigas; no dejarás de ser la hermana que no tuve por destino, pero sí por elección.