viernes, agosto 14

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Vi la peli de Gladiador una vez más hace rato, ya no me acordaba muy bien de la historia y Russell Crowe sigue siendo un hombre que me fascina. Al final me vinieron muy adhoc un par de detalles, uno al respecto de la muerte y otro sobre una despedida. Máximo cita, supuestamente, a Marco Aurelio: La muerte nos sonríe a todos, lo menos que uno puede hacer es sonreírle a ella (la cita según la IMDB es Death smiles at us all. All a man can do is smile back). Discutimos sobre esto durante la comida y por fin mamá pareció entender algo sobre el humor negro con el que nos defendemos de tantas cosas pero, sobre todo, lo más valioso que he refrendado en estos días: a veces la certeza de la muerte es lo que más nos ayuda a valorar las riquezas de la vida. Mais, je sais, c'est ne pas encore facile.

martes, agosto 11

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D me regaló su copia en español de Las Correcciones la tarde de hace un par de años en que él quería leer y yo andaba por ahí haciendo mosca. El libro es un tabicón de Seix Barral que tuvo que quedarse en casa a añejarse dos años más hasta que este verano le tocó la suerte de salir del librero. Justo D me dijo que Jonathan Franzen no sonaba como la mejor recomendación ahora, pero al final de cuentas, después de tres libros de relectura que fueron abandonados y que muy probablemente acabarán en la maleta, Las Correcciones fue el único que sobrevivió a la desidia. En parte fue por el reto de acabarme un libro "largo", en parte porque como prácticamente no he movido un dedo para actividad laboral alguna pienso que la lectura ha sido al menos una buena excusa cuando me preguntan "¿qué haces?", en parte porque algo dentro de mí se siente mejor persona si estoy leyendo algo, aunque eso es medio estúpido. Terminé el libro en cosa de unos ocho días, en tiempo efectivo habrán sido cinco pero se atravesaron tres días de hospital en donde no leí en solidaridad con mi hermano en la sala de espera. El libro no me gustó y siempre que alguien me veía salía el comentario de qué libro tan grande, sí pero no está bueno, y entonces ¿para qué lo lees?, nomás..., etc.
Pensé en dejar a Franzen por malo y presuncioso. Al principio creí que era la traducción lo que no me terminaba de cuajar y hasta me hice pato cuando empecé a descubrir errores tipográficos, luego me di cuenta que en verdad me disgustaban los personajes y la historia y los pasajes increíblemente largos de descripciones de elementos sin importancia. Decidí terminar el libro como un ejercicio de crítica porque hacía mucho que me no sentía tan repelida por una historia (comentario que suena muy fuerte, pero es que a veces así somos, dicen, los libra de snobs).
La cuestión es que al final de cuentas creo que el libro sí me gustó porque justamente al terminarlo esos personajes que detesté acabé por extrañarlos y darles vueltas para tratar de entenderlos y todo eso, al grado que creo que el libro me parecía malo cuando en realidad era que me hacía sentir tan mal porque el autor finalmente logra transmitir toda esa decepción y toda la podredumbre moral de la familia en la sociedad estadunidense de la frontera del siglo XX con el XXI. La novela me dolió mucho porque a cada rato sus personajes me reiteraban esta sensación de que al final se sienten solos porque esperan de los demás cosas que por no expresar nunca se enteran que el otro estaría dispuesto a darles, que podría, al menos, considerar. De nuevo: las palabras no dichas, las miradas ignoradas, las promesas al aire. Cuando algún tipo de comunicación es posible, generalmente, es obvio, ya ha sido demasiado tarde. Hacia el final de la historia parece que hay una tenue lucecita de esperanza de que las cosas pueden ir mejor, tantos vacíos llenarse, tantas desesperaciones solucinarse; yo me decía "claro, si ninguna familia es perfecta, pero al menos en algún momento tuvieron lapsos de felicidad" y zas, ahí va otra vez todo el desbajaruste de vidas de nuevo y pura frustración tras otra. Terminé el libro como con náusea y bastante decepcionada, y mira que yo no soy precisamente amante de los finales felices, pero esto fue el colmo. De pronto como que entendí la vez que E me dijo que lo fácil es hacer finales con tragedia y que es harto difícil incluir pasajes y aún más terminar con felicidad, al menos cuando uno se dedica a escribir sinfonías. Como sea, supongo que el libro tiene su encanto, pero no del tipo que me atrapa a mí. Para historias de familia, me sigo quedando con Gabo y Jeffrey.

PD, oh, el lugar común: que estoy leyendo los Papeles Inesperados de Cortázar, mi único capricho verdadero del verano, y me dejo envolver por sus maravillas. ¿El placer culpable? Adoro sus manos, veo la encantadora foto de la portada y mis ojos no se despegan de sus manos, el tipo de manos que parecen esculpidas por un gran artista ¡qué impresión!

viernes, agosto 7

andanzas

Cuatro días no son en absoluto suficientes para estar en una ciudad que una quiere tanto y en donde hay gente maravillosa que una quiere tanto; no son suficientes pero sí bastante necesarios. Una visita bastante no planeada pero bastante completa a pesar de las correteadas. Pude hacer mi peregrinaje hacia los tres lugares que más guardo en mi corazón, y me sentí increíblemente feliz de poder reencontrarme con grandes amigos y atestiguar los importantes cambios que han tenido sus vidas, poder acompañarlos en momentos ahora tan difíciles, poder disfrutar de la magia que creamos juntos, la que quiero que nos continúe. De pronto me sentí plenamente consciente de que estaba atesorando nuevas memorias, algo un poco difícil de explicar, y sentí una parte de mí tranquila y renovada. De alguna manera siento que fue una visita que me dejó una sensación de bienestar y quizá de plenitud. Finalmente, en un último repaso de los hechos, esta mañana recorrí todo el Eje Central con El club de los Beatles de fondo en Universal Stereo, la cereza en el pastel fue subir al autobús y que antes de la película pasaran un video de Frank Sinatra (Body and Soul): una última coincidencia linda de despedida, you know, hasta la próxima vez ;)

Estoy ahora en una estancia corta con los Jóvenes Exploradores y estaría totalmente aterrada si no es porque me encuentro en un lugar maravilloso que satisface bastante bien los criterios para calificar como paraíso personal; tengo que volver en mejores y más tranquilas circunstancias. Estar en eventos así me hace consciente de lo verde que estoy para tantísimas cosas y de las carencias con las que cargo, pero me alegro de lo mucho que aprendo y de descubrir más y más facetas de la naturaleza humana de las que por hoy no hablo porque ya me está dando sueño.

update, 19hrs: first I was happy I could survive, then I realized, oh poor candid kitten, that cats only have nine lives; how many do I still have in this academic life?

jueves, julio 30

Mi apellido se escribe con V y agradezco que se tenga en cuenta.
No exagero cuando digo que eso me ha generado muchos problemas burocráticos, aunados a las maravillas de las largas largas esperas por trabas de oficina.

viernes, julio 24

la una

Es casi la una y estoy despierta en mi vigilia de todos los viernes (aunque en estricto sentido esto ya cuenta como sábado), la única desvelada que vale la pena en toda la semana. Andrés no debe tardar en llegar. Hoy nadie pudo ir por él así que tiene que venirse en taxi; en solidaridad (y como una forma de paliar mi sentimiento de culpa porque aún no logro vencer mi pánico ante el volante de un coche) soy la única en casa esperando su regreso. Me educaron con un sentido muy alto de la atención a los demás, especialmente al hombre de la casa, así que estoy al pendiente de que llegue mi padre para asegurarme de que deje la ropa sucia en el bote de abajo, darle agua y ofrecerle de cenar, así como pasarle el reporte de las últimas novedades, esa manía muy de Andrés de asegurarse que todo está bajo control antes de irse a la cama sabiendo sus pendientes del día siguiente. Espero con ansiedad su llegada y pienso en la relatividad del tiempo, una casi obsesión mía. Convivo de manera cercana con mi padre alrededor de un mes al año, quizá menos; paso cinco meses seguidos sin verlo y sin inmutarme, pero un sólo fin de semana que no pueda venir cuando yo estoy aquí se me hace eterno y siento que hay algo vital en toda la dinámica familiar que no encaja con su ausencia.
Es la una de la mañana ya y prefiero terminar de leer esa larga novela que me parece tan mala antes de ponerme a trabajar. Recién reparé en que el Taller de Jóvenes Exploradores será dentro de dos semanas más y que debo preparar la presentación y practicar. Mi madre me pregunta qué demonios hago con la luz prendida hasta las tantas de la madrugada si es que no estoy trabajando y sólo respondo "leyendo", porque me parece demasiado complicado explicarle que me entra el síndrome de Peter Pan y que de paso me aterra enterarme que esta vez expondré sola durante una hora más preguntas y respuestas y que siempre que empiezo a pensar en compartir mi trabajo a los demás una parte de mí se llena de inseguridad y se paraliza de tan sólo imaginarse que alguien vaya a llegar a decirle que sus datos están mal, que sus supuestos son débiles, que su metodología apesta, que sus conclusiones son erradas. El proceso de convertir esa parte insegura en mi mayor autocrítica para mejorar mi trabajo no deja de ser lento y doloroso.
Es la una y diez y entra un aire fresco por la ventana mientras observo las nubes moverse con rapidez, un fenómeno que me fascina. Quisiera que lloviese ahora para acompañar el olor de la tierra mojada con el de las gardenias que adornan mi escritorio. Me gusta el silencio accidentado de la madrugada, mis sentidos nunca están en su fase más alerta como a estas horas.

martes, julio 21

defe

Yaaaaaaaaaaaaa
¡Por amor de dios!
De todos mis planes pendientes por culpa de decisiones, papeleos y atrasos burocráticos que ya no dependen de mí, este viaje aplazado es lo que más me pesa, sniff :(
¡Ya me cansé de esperar!
Yaaaaaaaaaaaaa
¡que ya quiero volver, caray!


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ahora, muy tarde, me doy cuenta de que erré mi elección de carrera: debí haber estudiado medicina; sería, quizá, más útil al mundo, pero definitivamente más conveniente y, por hoy, necesaria para mi familia :|

miércoles, julio 15

lo inesperado es lo que transforma nuestras vidas

Sabía que hacía lo correcto cuando me negué a ir a leerme las cartas esta vez; lo sabía aunque no sabía porqué.
La última vez que me sentí así fue hace tiempo, en una de esas rachas en que todo parece salir a pedir de boca, en que uno se siente feliz; lo único que quería era vivir y dejarme sorprender, sin ningún tipo de predisposiciones. También, aún más tiempo atrás, había concluído que cuando uno es feliz no puede escribir; en un arrebato de frenesí incluso pensé: ya no escribo, VIVO mi poesía.
Sólo que esta vez no se trata precisamente de felicidad, pero sí de un evento que transforma vidas de maneras tan crueles como plenas e inesperadas. Yo, que siempre he vivido aferrada al pasado y tratando de planear el futuro, nunca antes me había sentido con tanta necesidad de vivir intensamente mi presente, esta hora, hoy.
Nunca me había sentido a la vez tan afortunada como desdichada; ése es uno de los grandes misterios del amor.