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domingo, junio 21

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El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo. (Primera Carta de San Pablo a los Corintios, 13:4-7)

lunes, mayo 25

El Axioma Débil de las Preferencias Reveladas

P1XA+P1XA > P1XB+P1YB => P0XB+P0YB > P0XA+P0YA


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y no, no estoy hablando de economía, pero sólo así ciertas cosas tienen sentido


(y blogger no me acepta las fórmulas, así que los unos y los ceros, las As y las Bs son subíndices y las desigualdades no son estrictas, sino mayores que, un desastre de expresión pues...)

sábado, octubre 11

Ingrid

Yo descubrí un Dios con sentido del humor, con sentido de la autoridad, un Dios que educa, un Dios que ama, pero sobre todo, que es un Dios en el sentido de que lo puede todo. Y pudiéndolo todo, Dios podría haber hecho, en vez del ser humano, un robot perfecto, sin defectos, un robot programado para hacer el bien. La pregunta es por qué Dios hizo al hombre libre, por qué no lo hizo como un robot. La respuesta es muy hermosa, y es que un robot puede estar programado para amar, pero si no tiene la libertad de no hacerlo, el amor no tiene valor.
Ingrid Betancourt.

(algo así había discutido con RL hace varios meses, en una alaraca sin fin sobre el bien y el mal en el mundo, pero Ingrid acá lo dice mejor y de manera más cercana y más sencilla. La entrevista completa está aquí).

martes, agosto 5

pequeñas grandes verdades



All we have is now


así de simple



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Me gusta reencontrarme con los viejos discos, que empiezan a sonar una vez más y de pronto llaman nuestra atención dejándonos cosas nuevas como si los escucháramos por primera vez. Flaming Lips es otra de las bandas que me muero por oír en directo.

El videíto completo está acá (no tiene el código para ponerlo aquí y en el deezer no está la canción); me parece que no es el video oficial, pero está bueno (aunque no es totalmente el sentido que yo le tomo a la letra, pero eso ya es mera subjetividad).

domingo, julio 27

de la memoria sensorial culinaria -o algo así-

Llegó por fin el dichoso cheque ése perdido y ahora tengo que organizarme. La cabeza no me da para mucho ahorita, menos para pensar a futuro. Trato de acallar esa voz que dice que puede que no me lo merezco, pero después de ver la cuenta de banco casi en ceros, pienso que para el caso da lo mismo. No me salen los números y no me puedo concentrar, así que como de todos modos tengo que hacer la comida de la semana creo que puedo pensar mientras cocino. Pero no, no es posible. Por alguna extraña razón, con casi todo el resto de las cosas puedo ser multitask o puede ser facilísimo distraerme, pero en la cocina ocurre una desconexión total.
Cocinar ni siquiera es terapéutico para mí, lo hago por necesidad, pero es una necesidad bien agradable. No sólo todos mis sentidos están ahí metidos, las faenas de la cocina están íntimamente vinculadas con mis recuerdos. Claro que una actividad tan amena tiene sus bemoles: hoy en día hay que verse astuto para sustituir un ingrediente favorito por algo más barato, también es un lata que a veces salga un trastamental que lavar después, o cómo me pone de malas tener que cortar tomates cuando los cuchillos no tienen filo. Pero eso es marginal. El calor de la cocina es un calor rico pese a todo, y también implica armonía: es un trajín con mucho ritmo. Me fascina el mundo tan variado de colores y me dejo consentir con todo lo que huelo, jugar con todas las texturas de los alimentos, desde lo escurridizo de una masa hasta la tarea de desescamar un pescado y escuchar la música del chirrido del aceite o las burbujas de la sopa que hierve. Y luego desconectar mis pensamientos y quedarme en los recuerdos y añoranzas: esto que le gustaba a alguien, aquellas comilonas comunitarias, la vez que hicimos tal plato, el día que me cayeron de sorpresa, la cena por la que nos enojamos, la forma en la que mamá me enseñó a preparar esto, el corretear a papá ordenando su desorden. La cocina es como un álbum de familia, un mosaico de recuerdos, personas queridas, enseñanzas, manías, prácticas libres y fundamentalistas. Y lo mejor son las indulgencias de ser la cocinera: poder probar todo a la primera, eso, o el placer de comer directamente de la olla. No, miento, lo mejor es que alguien querido te ayude a poner la mesa y luego llamar a todos los demás a sentarse y compartir. Por eso antes sufría al cocinar sólo para mí, pero ahora es un ejercicio de recuerdos y reencuentros. Eso, y la experimentación son una gran compañía.

*

Cocinar para alguien por primera vez puede llegar a ser tan determinante como la primera vez que pasan la noche juntos. Quieres quedar bien, quieres que le guste, quieres que se quede con ganas de más, quieres dejarle un buen sabor de boca. Y como es la primera vez, también tienes que enfrentar la ignorancia y el desconocimiento, porque lo que te gusta a ti no necesariamente le va a gustar a la otra persona, y porque aunque sea algo común, cada quien tiene su estilo y su sazón y mostrarlo y compartirlo es de alguna forma bajar la guardia y vulnerarnos, porque queremos gustar y queremos hacer al otro feliz.
Esta analogía puede verse limitada por el número de experiencias en cada caso, pues muy probablemente hemos cocinado por primera vez para más personas que con las que nos hemos acostado (al menos es lo que supongo, pero puede que para muchas personas sea lo contrario). De entrada porque puede que hayas cocinado para amigos de tu mismo sexo, pero nunca tenido una relación homosexual (o viceversa, en el caso contrario), por ejemplo; o puedes haber cocinado para grupos numerosos, pero nunca participado en una orgía. También muchas veces uno cocina por necesidad para alguien más, pero para decidir con quién sí ir a la cama se suele ser más selectivo (también supongo).
La cocina es un factor importante, así como el lugar donde decidimos entregarnos, pero es diferente. La mayoría de la gente se siente más cómoda y segura en su cocina o por lo menos en una cocina que sí conocen y en la que ubican todo bien; pero cuando te sientes en verdad a gusto y en confianza con alguien, da lo mismo si es en su casa, la tuya, la de alguien más, un refugio temporal, un lugar público, con luz, sin ella, limpio, sucio, lindo, sórdido… no importa. Al final de cuentas sólo necesitas de tu cuerpo y el suyo. Y ésa es otra, quizá el meollo del asunto, la sencillez y la simplicidad, donde radica lo más extraordinario de todo eso: dicen que la mejor cocinera es aquella que se las ingenia y hace algo rico con lo poco que tenga a la mano; así que creo que para lo otro también se aplica la misma lógica. Ni lencería, ni juguetes, ni disfraces, ni música, ni sábanas de satín, fresas, ostras o vino: el mejor afrodisiaco es la química que emana de los cuerpos que nos llena de estas ansias que sólo pueden calmarse cuando se están juntos formando uno; y para eso no se necesitan ni ambientes ni aderezos.

domingo, junio 15

las viejas cartas

Querida Karina:

Regresar a casa nunca es una experiencia anodina. Para empezar, se exhaltan
los primeros sentidos: los que fueron educados alrededor de las mecedoras de
metal que nuestra gente pone enfrente de las casas para festejar la entrada
del crepúsculo. Esas mecedoras que parece que siempre anteceden a la jarra
de agua fría y al cándido parloteo de nuestros viejos. Luego viene el ajuste
de cuentas con los demás: ¿por qué todos que crecieron igual que nosotros
siguen tan igual, como si no sospecharan que el mundo afuera es una
carnicería? ¿Por qué se dan el lujo de creer que la vida se puede entender
con unos cuantos años de mala escuela y las manos llenas de rosarios? ¿Por
qué son tan poco héroes los héroes que nos inflaron el pecho arable de la
niñez? Y esa barda ¿siempre fue así de pequeña? Finalmente nos toca
enfrentarnos a nosotros: ¿Cuánto de mi se ha perdido en el jaloneo de la
nueva vida que me he inventado ahora? ¿Por qué no siento la misma entrega
por mis primeros amores, por las creencias de mis mayores? Por eso es que,
querida Karina, volver a casa, a respirar los primeros olores, a paladear
los primeros sabores o, simplemente, ver las criaturas que la vida nos puso
como escenario de nuestra infancia, no es sólo una visita más: es entender
que somos una constelación de vidas encarnadas por muchas personas distintas
que tienen el mismo nombre.

JC

julio2002


Pero eso fue hace mucho tiempo, y ya lo había dicho, las perspectivas con el tiempo cambian (y aún así, sigue habiendo tanto de cierto)

Update de las 23:40 habiéndose reacomodado un poco todo alrededor (o habiendo uno mismo reconociendo/reconociéndose), todo lo demás toma su correspondiente magnitud, uno ríe y de pronto lo único realmente importante es preguntarse cómo diablos le vamos a hacer para acostumbrarnos a esta humedad y a volver a esa rutina de 3 baños al día, nomás por sobrevivir...

miércoles, junio 11

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Karina necesita clases de buenas maneras una vez más, y quizá recordar aquellos sermones de niña cuando le decían que debía comportarse con recato. De todos modos, de vuelta a la normalidad ahora, creo. No más exámenes por un rato, no más días de encierro en el mismo lugar y con la misma gente. Y aún así, eso de moverse de un lugar a otro me provoca esta sensación de discontinuidad que nunca termino de comprender/remediar/aceptar.

domingo, abril 6

...

Ya con las fechas de los prelims definidas se aclara por lo menos una incertidumbre respecto a mi verano, por lo menos ya sé para cuando estaré de vuelta en México y ya me puse a hacer cálculos sobre el dinero. Es oficial: necesito un empleo, pero la falta de certeza sobre mis resultados en los finales hace que la moneda sobre mi futuro penda en el aire en todos los sentidos. Sobre si paso o no paso, un examen o los dos, si tengo el verano completo de vacaciones, si estando condicionada habrá de nuevo beca en agosto, si pasaré en la segunda vuelta… ¿y si no y debo regresarme?

Así a bote pronto, pienso que ni modo. Me vuelvo a Tampico y al menos sé que tengo chamba casi segura dando clases, a nivel primaria y universidad. Siempre me he resistido a trabajar oficialmente con niños pero ahora es algo que me entusiasma. Lo intentaría un año y volvería a aplicar, pero ya esta vez sólo a una maestría, planeación urbana en McGill, que fue mi plan B desde hace tiempo; o Desarrollo, en Sussex, ya al chile, me vale lo que el mundo tenga que decir al respecto. Eso y dar un giro a todo, a lo mejor trabajar con Mónica o con Raúl, y volver a voluntarear en el museo. O quizá me case y decida seguir a mi marido hasta el fin del mundo. O me hago dama de compañía de algún ejecutivo que me trate bien. O a lo mejor para entonces los jesuitas ya aceptan mujeres en la orden y me uno. O empiezo de cero y me dedico al arte (lo que sea que signifique). Eso, lo que sea, pero que mi vida no se acaba ni se determina aquí, aunque a veces parezca lo contrario. Pensar en los caminos que se bifurcan una y otra vez, posibilidades numerosas, resultados indefinidos, en el mediano plazo, aunque sea vislumbrarlos lejos bien lejos, en broma o en serio, me da un poco de tranquilidad. Pero también hay que ser racional: examen de teoría de juegos a las 9:30am mañana; en el corto plazo debo estudiar.

jueves, abril 3

Comunidad

Hace tiempo vi en algún lugar una especie de votación por la palabra que sonara más bonita, no recuerdo si en lengua hablada o escrita o si era en un idioma particular o en general. Tampoco recuerdo si hubo alguna ganadora, sólo que yo pensé que me gusta mucho cómo suena beautiful, así como su significado, bello, o quizá, pleno de belleza.
Sigo pensando eso, pero hoy también revaloré mucho la palabra comunidad, y lo que significa, así como sus implicaciones. Hace rato estuve en un almuerzo en donde conviví nuevamente con una comunidad de la que formo parte. Días atrás, cuando estuve en este seminario en donde me identifiqué por primera vez con esta comunidad pensé en un principio: formo parte de una comunidad excepcional, pero no me siento identificada; pero después, cuando por fin me involucré en ella, revaloré totalmente esta oportunidad. Hoy lo ratifiqué.
Se dice que el ser humano es un animal social, gregario, por naturaleza. Sin embargo, a veces eso pierde significado cuando el sentido de pertenencia se envicia y pretendemos ser algo que no somos sólo por encajar, formar parte, ser aceptado en determinado círculo. Pero si es una comunidad plural, en donde se comparten intereses comunes y son bienvenidas las diferencias, la unión y el trabajo en conjunto, aunado al compartir y compartirse, son un vehículo maravilloso para el crecimiento individual, un elemento más para nuestra propia plenitud.
Pienso en El Señor de las Moscas, y pienso en Rousseau. No me quiero poner utópica, creo que como personas debemos reconocernos profundamente en nuestro interior y eso implica a veces mucha soledad, pero parte importante de nuestro crecimiento y formación se determina por nuestro ambiente y nuestra vida en común. También de nosotros depende hacer una comunidad auténtica, compartir, compartirnos.
Una de mis partes favoritas de Demian es al final, una plática entre Sinclair y Demian, donde éste critica:
Por todas partes se extienden el grupo y la manada, por ningún lado la libertad y el amor. El espíritu de corporación [...] no es más que un producto de la necesidad. Es una solidaridad por miedo, temor y falta de imaginación; en su fondo está carcomida y vieja, a punto de desintegrarse.
La comunidad, es algo muy bello. Pero lo que ahora vemos florecer por todas partes no es la comunidad verdadera. Ésta surgirá, nueva, del conocimiento mutuo de los individuos y transformará por algún tiempo el mundo. Lo que hoy existe no es comunidad; es, simplemente, rebaño. Los hombres se unen porque tienen miedo unos de otros, y cada uno se refugia entre los suyos [...]. ¿Y por qué tienen miedo? Se tiene miedo cuando no se está de acuerdo consigo mismo.
Hermann Hesse critica aquí a Europa poco antes de la Primera Guerra Mundial, pero tampoco creo que hayamos progresado mucho desde entonces. De nosotros depende.

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Ya más repuestita de la racha abrumadora de trabajo (que no para, pero que he decidido enfrentar de mejor ánimo), aprovecho para cambiar la foto de este blog, a la de cerezos en flor -ahora somos rosa cereza-. En noviembre pasado, medio triste, medio depre, me repetía wait until spring, como si eso me resolviera todo. Ahora estamos en primavera y hay que aprovecharlo. Días de sol pero con mucho viento. Eso es rico.

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Algo tarde, pero tenía que hacer mención de que este blog fue nominado a un premio por Jonay, lo cual agradecemos profundamente. Se supone que tendría que hacer también nominaciones, pero soy como Ned Flanders: yo pongo a todos en el cuadro de honor... es difícil decidir (Libra, totalmente). Ah, pero ésta es buena excusa para que visiten el blog de Jonay, que cuenta cosas bonitas de la vida y las Islas Canarias :)