Hace tiempo vi en algún lugar una especie de votación por la palabra que sonara más bonita, no recuerdo si en lengua hablada o escrita o si era en un idioma particular o en general. Tampoco recuerdo si hubo alguna ganadora, sólo que yo pensé que me gusta mucho cómo suena beautiful, así como su significado, bello, o quizá, pleno de belleza.
Sigo pensando eso, pero hoy también revaloré mucho la palabra comunidad, y lo que significa, así como sus implicaciones. Hace rato estuve en un almuerzo en donde conviví nuevamente con una comunidad de la que formo parte. Días atrás, cuando estuve en este seminario en donde me identifiqué por primera vez con esta comunidad pensé en un principio: formo parte de una comunidad excepcional, pero no me siento identificada; pero después, cuando por fin me involucré en ella, revaloré totalmente esta oportunidad. Hoy lo ratifiqué.
Se dice que el ser humano es un animal social, gregario, por naturaleza. Sin embargo, a veces eso pierde significado cuando el sentido de pertenencia se envicia y pretendemos ser algo que no somos sólo por encajar, formar parte, ser aceptado en determinado círculo. Pero si es una comunidad plural, en donde se comparten intereses comunes y son bienvenidas las diferencias, la unión y el trabajo en conjunto, aunado al compartir y compartirse, son un vehículo maravilloso para el crecimiento individual, un elemento más para nuestra propia plenitud.
Pienso en El Señor de las Moscas, y pienso en Rousseau. No me quiero poner utópica, creo que como personas debemos reconocernos profundamente en nuestro interior y eso implica a veces mucha soledad, pero parte importante de nuestro crecimiento y formación se determina por nuestro ambiente y nuestra vida en común. También de nosotros depende hacer una comunidad auténtica, compartir, compartirnos.
Una de mis partes favoritas de Demian es al final, una plática entre Sinclair y Demian, donde éste critica:
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Ya más repuestita de la racha abrumadora de trabajo (que no para, pero que he decidido enfrentar de mejor ánimo), aprovecho para cambiar la foto de este blog, a la de cerezos en flor -ahora somos rosa cereza-. En noviembre pasado, medio triste, medio depre, me repetía wait until spring, como si eso me resolviera todo. Ahora estamos en primavera y hay que aprovecharlo. Días de sol pero con mucho viento. Eso es rico.
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Algo tarde, pero tenía que hacer mención de que este blog fue nominado a un premio por Jonay, lo cual agradecemos profundamente. Se supone que tendría que hacer también nominaciones, pero soy como Ned Flanders: yo pongo a todos en el cuadro de honor... es difícil decidir (Libra, totalmente). Ah, pero ésta es buena excusa para que visiten el blog de Jonay, que cuenta cosas bonitas de la vida y las Islas Canarias :)
Sigo pensando eso, pero hoy también revaloré mucho la palabra comunidad, y lo que significa, así como sus implicaciones. Hace rato estuve en un almuerzo en donde conviví nuevamente con una comunidad de la que formo parte. Días atrás, cuando estuve en este seminario en donde me identifiqué por primera vez con esta comunidad pensé en un principio: formo parte de una comunidad excepcional, pero no me siento identificada; pero después, cuando por fin me involucré en ella, revaloré totalmente esta oportunidad. Hoy lo ratifiqué.
Se dice que el ser humano es un animal social, gregario, por naturaleza. Sin embargo, a veces eso pierde significado cuando el sentido de pertenencia se envicia y pretendemos ser algo que no somos sólo por encajar, formar parte, ser aceptado en determinado círculo. Pero si es una comunidad plural, en donde se comparten intereses comunes y son bienvenidas las diferencias, la unión y el trabajo en conjunto, aunado al compartir y compartirse, son un vehículo maravilloso para el crecimiento individual, un elemento más para nuestra propia plenitud.
Pienso en El Señor de las Moscas, y pienso en Rousseau. No me quiero poner utópica, creo que como personas debemos reconocernos profundamente en nuestro interior y eso implica a veces mucha soledad, pero parte importante de nuestro crecimiento y formación se determina por nuestro ambiente y nuestra vida en común. También de nosotros depende hacer una comunidad auténtica, compartir, compartirnos.
Una de mis partes favoritas de Demian es al final, una plática entre Sinclair y Demian, donde éste critica:
Por todas partes se extienden el grupo y la manada, por ningún lado la libertad y el amor. El espíritu de corporación [...] no es más que un producto de la necesidad. Es una solidaridad por miedo, temor y falta de imaginación; en su fondo está carcomida y vieja, a punto de desintegrarse.Hermann Hesse critica aquí a Europa poco antes de la Primera Guerra Mundial, pero tampoco creo que hayamos progresado mucho desde entonces. De nosotros depende.
La comunidad, es algo muy bello. Pero lo que ahora vemos florecer por todas partes no es la comunidad verdadera. Ésta surgirá, nueva, del conocimiento mutuo de los individuos y transformará por algún tiempo el mundo. Lo que hoy existe no es comunidad; es, simplemente, rebaño. Los hombres se unen porque tienen miedo unos de otros, y cada uno se refugia entre los suyos [...]. ¿Y por qué tienen miedo? Se tiene miedo cuando no se está de acuerdo consigo mismo.
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Ya más repuestita de la racha abrumadora de trabajo (que no para, pero que he decidido enfrentar de mejor ánimo), aprovecho para cambiar la foto de este blog, a la de cerezos en flor -ahora somos rosa cereza-. En noviembre pasado, medio triste, medio depre, me repetía wait until spring, como si eso me resolviera todo. Ahora estamos en primavera y hay que aprovecharlo. Días de sol pero con mucho viento. Eso es rico.
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Algo tarde, pero tenía que hacer mención de que este blog fue nominado a un premio por Jonay, lo cual agradecemos profundamente. Se supone que tendría que hacer también nominaciones, pero soy como Ned Flanders: yo pongo a todos en el cuadro de honor... es difícil decidir (Libra, totalmente). Ah, pero ésta es buena excusa para que visiten el blog de Jonay, que cuenta cosas bonitas de la vida y las Islas Canarias :)