sábado, agosto 2

miscelánea

citas citables

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La misión del ojo derecho es atisbar por el telescopio mientras el izquierdo atisba por el microscopio.

Leonora Carrington

La cita que tengo en el cabezal del blog es tal cual la copié de la exposición de Carrington en Reforma ahora que estuve en DF hace un mes y cacho. La que acabo de poner aquí es como viene en mi versión de Memorias de Abajo, traducido de la edición en francés, aunque el texto original fue escrito en inglés. Es una sutileza pero siento que hay algo de diferencia, así que pongo esta otra para confrontar/complementar. Creo que hoy amanecí medio picki.

2

Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados.

La gente que uno quiere debería morirse con todas sus cosas.

Le recordó que los débiles no entrarían jamás en el reino del amor, que es un reino inclemente y mezquino, y que las mujeres sólo se entregan a los hombres de ánimo resuelto, porque les infunden la seguridad que tanto ansían para enfrentarse a la vida.

[...] pero se dejó llevar por su convicción de que los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga otra vez y muchas veces a parirse a sí mismos.

No había nadie con más sentido práctico, ni picapedreros más empecinados, ni gerentes más lúcidos y peligrosos que los poetas.

El doctor Urbino la atribuyó a la inclemencia propia de las mujeres, gracias a la cual es posible que la tierra siga girando alrededor del sol, porque entonces ignoraba que ella interponía siempre una barrera de rabia para que no se le notara el miedo. Y en ese caso, el más terrible de todos, que era el miedo de quedarse sin él.

Gabriel García Márquez
El Amor en los Tiempos del Cólera

Ya había contado por aquí que cuando leí la novela hace como un par de años, la historia no me gustó tanto pero tiene pasajes y frases maravillosas. Hace poco presté el libro y como luego en el camino los libros no siempre vuelven, me puse a copiar algunas de las frases que más me gustaron pero no pude copiarlas todas. Aquí pongo unas poquitas, nomás de ganas. En el contexto de la novela suenan muy bien, pero ya así sueltas igual no tanto y hasta un par de ellas suenan bastante machistas (esa imagen de la mujer débil que requiere del hombre para salir adelante... mhmmm... sí, pero no). La primerita me gustó mucho, es tal cual como empieza la novela, creo que es un gran comienzo, y me gusta mucho el detalle de destacar la memoria olfativa.

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libros de lujo

En un entorno donde se lee poco y en donde también es difícil conseguir buenos libros, uno de las razones que luego se argumentan para tan bajos porcentajes de lectura en nuestro país es el alto costo de los libros, así que de pronto me sorprende saber que un libro puede llegar a costar hasta cien mil euros. Esta mañana pensaba un poquito en eso, otro tanto en uno de mis sueños guajiros de algún día poner una librería, y finalmente, en qué se puede hacer para fomentar la lectura en las personas. Luego me puse a pensar en gente que conozco con prácticas muy particulares respecto a sus libros: ordenarlos por orden alfabético o por tema, forrarlos, subrayar, apuntar la lista del súper o los teléfonos en la parte de atrás, leerlos casi que con pinzas, etc. Pero bueno, el libro como objeto tiene un sentido y no voy a hacer más largo esto contando de usos y costumbres con los libros, aunque hay manías propias y ajenas muy simpáticas y otras que recuerdo con mucho cariño. En fin. La cosa es que pensando en el libro como arte-objeto, coincide que me acabo de encontrar un reportaje sobre la editorial italiana FMR, que hace libros considerados artículos de lujo y que acaba de sacar el libro más caro del mundo. No es un reportaje de esos de cuando se rompe un récord de Guiness sino de la historia estilizada de lo que hay detrás de la creación artesanal por un aficionado de los libros y del proceso de impresión, así como de las dificultades del negocio editorial y el papel de villanos que juegan los distribuidores en este mundillo. El link al artículo es éste.

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retoños




Son retoñitos de un árbol de olivos, de los que hay muchos camino a casa, me fascinan. Los vi desde la semana pasada y ya les traía ganas, pero justamente he estado saliendo tarde y ya no alcanzo luz de sol. Hoy me escapé más tempranón pero era el sol perro de las 5pm, e independientemente de los insportables 40°C de temperatura, creo que no fue la mejor iluminación. Si consigo algo mejorcito las cambio.

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PD

1


una fotito mía ganó un concurso para ilustrar una guía turística :) lo mejor es que a esa foto le tengo cariño porque allá en el flickr justo contaba que la estación de tren de San Diego me recuerda a la que sale en Spirited Away (que de hecho por eso fue que la fotografié :P ).
Píquenle por acá (si quieren)

2

ya que al parecer este post se clavó en cuestiones de libros y links, acá otro link sobre libros: Isami-san cavila sobre literatura japonesa; y me consta que sus recomendaciones siempre son buenas. Dado que, como dice él, el problema para acercarse a las letras niponas viene por la escasez de traducciones, contar con sus reseñas por lo menos nos da una idea de lo que pasa del otro lado del mundo.



y ya, que tengan bonitos días.

-Fin.

jueves, julio 31

pfff

Una de las mejores materias que llevé en la licenciatura fue la de Economía Pública. De esa clase recuerdo muchas cosas, como que el primer día me traumé porque no sabía que VC iba a ser nuestro profesor y justo al final del curso de Micro del semestre anterior me había puesto de tiranetas a decirle que sus exámenes y su manera de calificar eran lo más antipedagógico del mundo (¿¡?!), que fue un martes por la mañana cuando sonó el celular de F interrumpiendo al prof y así fue como nos enteramos que habían chocado dos aviones en las torres gemelas del WTC en NY, que el laboratorista de la clase era un cuate que traía sus intenciones conmigo pero yo nomás no le hacía caso así que en represalia siempre me pasaba al pizarrón a resolver la tarea (al final acabó andando con otra de mis compañeras y duraron un chorro :), que me entusiasmé cantidad con la clase y con cada tema nuevo se me ocurría un nuevo tema de tesis, que al final del curso amé la microeconomía y agradecí a todos los cielos que VC fuera mi prof, etc. De esto último, VC me podía poner los pelos de punta por la manera en la que llegaba a generar conflictos morales con sus preguntas y la forma a veces tan fría e indiferente de plantear los problemas (Chicago Boy, al fin y al cabo), como la vez que discutimos sobre la mejor metodología para cuantificar el valor monetario de una vida (y sí, el secuestro puede ser una de ellas :| ).
Uno de esos ejercicios que sacaba de vez en cuando fue ése sobre el robo. Habíamos estado viendo de nuevo los teoremas del bienestar y esas cosas. La cuestión era que si siendo el robo una reasignación de recursos en donde los que tienen menos les quitan a los que tienen más, es entonces éste un mecanismo eficiente, al ser la misma sociedad la que organiza la repartición de bienes sin necesidad de la intervención de un tercero (gobierno o dictador benevolente de su preferencia). Mientras unos se clavaban con cuestiones de ética y justicia social á la Robin Hood, otros usaban el mismo argumento con palabrería técnica más rimbombante y otros cuestionaban el supuesto inicial pues no necesariamente los más pobres les roban a los más ricos, etc. Para no hacer el cuento más largo, nadie llegó a la respuesta correcta que, como en ese entonces economistas en formación, se esperaba de nosotros. El argumento de eficiencia es éste: el robo como mecanismo de asignación es ineficiente porque lo único que hace es repartir el mismo pastel en diferentes rebanadas, mientras que si todos los ladrones dedicaran sus horas de robo en un trabajo que implicara actividades productivas, el pastel se haría más grande y aún manteniéndose los mismos estándares de distribución, todos los agentes estarían mejor que en su estado inicial (claro, esto bajo un montón de supuestos, empezando por el cetearis paribus, y porque ahora empiezo a dudar que sea ésta una mejora de Pareto, pero bueno).

En fin, tanta verborrea nomás para venir a quejarme de Ticketmaster y su sistema nefastísimo de venta y reventa de boletos del mal que es la peor patraña con la que me he topado en mucho tiempo. Resulta que me estaba animando a lanzarme a ver a Radiohead a California a finales de agosto, jugándome no sólo las críticas de ¡uy, ni sabe si pasó el examen y todavía se salta la primera semana de clases! sino también mi estabilidad financiera, pero dije, nel pues ya qué, sólo se vive una vez, yo lo valgo, y todas esas cosas cuando uno se quiere convencer de la racionalidad que hay en decisiones cuasi-impulsivas como ésas. Total que checo muy mona que todavía quedan boletos para un par de fechas y que según Ticketmaster estaban entre 30-50USD y yo feliz, ya me veía coreándole a Thom Yorke. Así que ya dispuesta a comprar mi boleto, entro confiadísima a la página porque en todos lados dicen que aún hay boletos disponibles pero nomás no, que en Ticketmaster ya no hay, que muchas gracias por participar, que mejor suerte pa la próxima, PERO que chance en su compañía filial o subsidiaria o como se diga, chance ahí sí encuentre. Entonces ahí voy y es como me topo con TicketsNow, que sí tiene boletos, pero por lo que entendí (y disculpe ud mi ignorancia y torpeza si es que entendí mal pero con el coraje ni ganas de ponerme a investigar) y por lo que vi ahí, hay boletos PERO EN REVENTA. De veras, que no jodan.
Que la reventa existe en todos lados, sí pues; que en eBay también y las subastas y el mejor postor y la manga del muerto, dale, sí; pero ¿un sitio de reventa organizado por los mismos que venden los boletos (que dicho sea de paso, son tan hipócritas que limitan la venta de boletos a 2 por ¿hogar?)? Eso sí me pareció una reverenda tomadura de pelo, porque además tienen la desfachatez de cobrar $24.15 USD adicionales por el servicio (una vez incluído el sobreprecio del boleto).
Sí, ya sé que el mercado y toda esa historia de la oferta y la demanda, pero hoy por hoy no deja de parecerme algo ineficiente, poco ético e improductivo. Todos esos revendedores deberían estar trabajando para que haya más conciertos de Radiohead en el mundo, incluído el cucho pueblo donde vivo.
Por lo pronto la misión jugársela a ser groupie de Radiohead está en peligro de ser abortada, a menos que el dinero me caiga del cielo, Ticketmaster libere boletos de última hora en los días por venir, o que Yorke y compañía se den cuenta que se mueren por conocer el desierto y abran nuevas fechas y toquen por acá... ajá... Mucho me temo que tendré que apelar a la generosidad de Obiwan para que compre memorabilia del concierto cuando él los vea en octubre (qué envidia, caray).

miércoles, julio 30

2 versiones

de Volver

flamenco



tango


Discover Carlos Gardel!




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tercera persona

cuando el abuelo partió, aprendió a nunca dejar que alguien se vaya sin despedirse, pues no sabe si ésa será la última vez que pueda darle un abrazo

ahora que S no está, trata de digerir la idea recurrente de que no se puede dejar todo en manos del tiempo, suponer que todo está bien y que, si no, las malas noticas se saben pronto
a veces el tiempo pasa más rápido de lo que se cree, y las malas noticias que llegan rápido pueden ser las peores, y ser entonces demasiado tarde

martes, julio 29

muda

¿De qué sirven las palabras cuando no puedes expresar tu respeto, tu dolor, tu consternación por la pérdida de un ser querido?
¿De qué sirven si eres incapaz de encontrar algo que te ayude a dar un consuelo?
¿De qué sirven cuando no puedes entender que la vida sea tan corta sin más explicaciones?
¿De qué sirven las palabras cuando tus sentimientos se ahogan por la vergüenza de enfrentar tu cobardía?

domingo, julio 27

de la memoria sensorial culinaria -o algo así-

Llegó por fin el dichoso cheque ése perdido y ahora tengo que organizarme. La cabeza no me da para mucho ahorita, menos para pensar a futuro. Trato de acallar esa voz que dice que puede que no me lo merezco, pero después de ver la cuenta de banco casi en ceros, pienso que para el caso da lo mismo. No me salen los números y no me puedo concentrar, así que como de todos modos tengo que hacer la comida de la semana creo que puedo pensar mientras cocino. Pero no, no es posible. Por alguna extraña razón, con casi todo el resto de las cosas puedo ser multitask o puede ser facilísimo distraerme, pero en la cocina ocurre una desconexión total.
Cocinar ni siquiera es terapéutico para mí, lo hago por necesidad, pero es una necesidad bien agradable. No sólo todos mis sentidos están ahí metidos, las faenas de la cocina están íntimamente vinculadas con mis recuerdos. Claro que una actividad tan amena tiene sus bemoles: hoy en día hay que verse astuto para sustituir un ingrediente favorito por algo más barato, también es un lata que a veces salga un trastamental que lavar después, o cómo me pone de malas tener que cortar tomates cuando los cuchillos no tienen filo. Pero eso es marginal. El calor de la cocina es un calor rico pese a todo, y también implica armonía: es un trajín con mucho ritmo. Me fascina el mundo tan variado de colores y me dejo consentir con todo lo que huelo, jugar con todas las texturas de los alimentos, desde lo escurridizo de una masa hasta la tarea de desescamar un pescado y escuchar la música del chirrido del aceite o las burbujas de la sopa que hierve. Y luego desconectar mis pensamientos y quedarme en los recuerdos y añoranzas: esto que le gustaba a alguien, aquellas comilonas comunitarias, la vez que hicimos tal plato, el día que me cayeron de sorpresa, la cena por la que nos enojamos, la forma en la que mamá me enseñó a preparar esto, el corretear a papá ordenando su desorden. La cocina es como un álbum de familia, un mosaico de recuerdos, personas queridas, enseñanzas, manías, prácticas libres y fundamentalistas. Y lo mejor son las indulgencias de ser la cocinera: poder probar todo a la primera, eso, o el placer de comer directamente de la olla. No, miento, lo mejor es que alguien querido te ayude a poner la mesa y luego llamar a todos los demás a sentarse y compartir. Por eso antes sufría al cocinar sólo para mí, pero ahora es un ejercicio de recuerdos y reencuentros. Eso, y la experimentación son una gran compañía.

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Cocinar para alguien por primera vez puede llegar a ser tan determinante como la primera vez que pasan la noche juntos. Quieres quedar bien, quieres que le guste, quieres que se quede con ganas de más, quieres dejarle un buen sabor de boca. Y como es la primera vez, también tienes que enfrentar la ignorancia y el desconocimiento, porque lo que te gusta a ti no necesariamente le va a gustar a la otra persona, y porque aunque sea algo común, cada quien tiene su estilo y su sazón y mostrarlo y compartirlo es de alguna forma bajar la guardia y vulnerarnos, porque queremos gustar y queremos hacer al otro feliz.
Esta analogía puede verse limitada por el número de experiencias en cada caso, pues muy probablemente hemos cocinado por primera vez para más personas que con las que nos hemos acostado (al menos es lo que supongo, pero puede que para muchas personas sea lo contrario). De entrada porque puede que hayas cocinado para amigos de tu mismo sexo, pero nunca tenido una relación homosexual (o viceversa, en el caso contrario), por ejemplo; o puedes haber cocinado para grupos numerosos, pero nunca participado en una orgía. También muchas veces uno cocina por necesidad para alguien más, pero para decidir con quién sí ir a la cama se suele ser más selectivo (también supongo).
La cocina es un factor importante, así como el lugar donde decidimos entregarnos, pero es diferente. La mayoría de la gente se siente más cómoda y segura en su cocina o por lo menos en una cocina que sí conocen y en la que ubican todo bien; pero cuando te sientes en verdad a gusto y en confianza con alguien, da lo mismo si es en su casa, la tuya, la de alguien más, un refugio temporal, un lugar público, con luz, sin ella, limpio, sucio, lindo, sórdido… no importa. Al final de cuentas sólo necesitas de tu cuerpo y el suyo. Y ésa es otra, quizá el meollo del asunto, la sencillez y la simplicidad, donde radica lo más extraordinario de todo eso: dicen que la mejor cocinera es aquella que se las ingenia y hace algo rico con lo poco que tenga a la mano; así que creo que para lo otro también se aplica la misma lógica. Ni lencería, ni juguetes, ni disfraces, ni música, ni sábanas de satín, fresas, ostras o vino: el mejor afrodisiaco es la química que emana de los cuerpos que nos llena de estas ansias que sólo pueden calmarse cuando se están juntos formando uno; y para eso no se necesitan ni ambientes ni aderezos.

viernes, julio 25

muda



(q.e.p.d. SM)