domingo, agosto 31

home, sweet home

Después de tener casa llena por casi diez días se siente bien volver a la rutina, ser sólo dos, vivir en medio de nuestro pequeño y ordenado caos. Nos tardamos cuatro horas de volver del aeropuerto, con la tranquilidad de que no hay que cuidar de nadie más, explicar algo, servir de guía, planear el siguiente recorrido. Paramos en lugares al azar, caminamos a paso lento, con destino final pero sin rumbo definido. Regresamos a casa con actitud permisiva y medianamente indiferente al desorden, aunque hicimos de la lavandería una forzada prioridad, pues mañana hay que regresar a trabajar. La vida sigue en medio de pausas e interrupciones. Es tiempo de nuevas incertidumbres y comienza de nuevo el proceso de decidir en dónde estaremos el próximo año, y mientras, en el ínter, seguir.

sábado, agosto 2

sermones gratuitos que nadie pide

Cuando estoy convencida de algo, no me gusta que me digan que no, y así es como me empeño más en que suceda, y si no, por lo menos darme cuenta de porqué no se puede. Casi al mismo nivel, me desquicia terriblemente cuando la gente piensa que porque ellos hacen algo, todos los demás deberían a su vez hacerlo. Y es increíble que de pronto medio mundo a mi alrededor toma decisiones que piensan que todos los demás deberíamos tomar, como si fuese tan divertido que todos estuviésemos cortados con el mismo molde, como si todos tuviésemos la misma personalidad o atravesáramos por las mismas circunstancias.
Quisiera que un día la gente se diera cuenta que preguntar si ya estás en el proceso de encargar un bebé es descortés, inapropiado y grosero. Que el que haya personas que no tienen un trabajo y/o lugar fijo para vivir no quiere decir que no tengan planes. Que es válido tener dudas. Que en general la gente es distinta y no por eso vas a llegar a sermonearla sobre cómo alguien cree que debería hacer las cosas.
Quizá el problema soy yo. Quizá debería moverme en círculos más diversos.



martes, julio 29

hopscotch

Hoy me topé con esta página en donde se dieron a la tarea de musicalizar todos los capítulos de la novela Rayuela, de Julio Cortázar. Me picó la curiosidad y estuve escuchando la música hasta el capítulo 5, cuando se empezó a hacer incómodo estar teniendo que interrumpir lo que hacía para darle clic a cada video. Fue un viaje interesante, considerando que he querido volver a leer la novela sin lograrlo. La verdad es que, aunque Rayuela fue un libro que me marcó, creo que lo hizo porque lo leí en un momento clave de mi vida, pero a estas alturas ya se siente un poco anacrónico. Leí la novela por primera vez hace nueve años, cuando buscando quién sabe qué referencia me la encontré en la biblioteca del CIDE. Ya había leído antes cuentos de Cortázar, primero con un no muy buen sabor de boca con Las armas secretas, que leí porque Julio Cortázar era el escritor favorito de Fer y El perseguidor su cuento preferido, y después algunos cuentos por aquí y por allá cortesía de Miho, en una tutoría para un análisis de literatura latinoamericana en York U, y de Raúl y Belén a quienes desde entonces recuerdo con Axolotl. No sé por qué me llamó la atención Rayuela esa vez pero tomé el libro y no pude soltarlo, a pesar de que en ese entonces trabajaba como loca explotada a más no poder. Me atraparon sus personajes y sus interacciones, sus circunstancias y su ambiente, París, su belleza, sus absurdos y tragedias. En muchas partes encontraba paralelismos en la historia con mis días de estudiante yendo a todos lados con Fer, pero en otras partes me alimentaba una ilusión de no sé dónde, convencida de que yo era la Maga de alguien. Lo que no me daba cuenta es que era sólo eso, que yo quería ser la Maga de alguien, pero que no lo era, de nadie, aunque el darme cuenta de ello me llegó hasta tiempo después. Por eso digo que Rayuela me parece anacrónica ahora, porque lo que me provoca el libro se relaciona con sensaciones muy viejas, y cada que leo algo de ahí me remite a cómo me sentía años atrás, y es una regresión un poco ridícula. Hay sin embargo, una parte que aún me puede (La Maga sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo  menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos) y que siento muy real, porque a veces siento que eso todavía me pasa. Me emocionan las coincidencias que en verdad no lo son tanto, y aún creo que si pienso mucho en alguien y ese alguien también piensa en mí, tarde o temprano nos encontraremos, y eso es lindo. Así que Rayuela se queda así en un estante no muy a la mano de mi corazón, pero se queda. Mi libro favorito de Cortázar, por cierto, es Historias de Cronopios y de Famas. Es un libro que siempre que leo me hace feliz.
En fin.

miércoles, julio 23

letters of recommendation

En un mundo ideal las cartas de recomendación no deberían de existir. Ya todos sabemos que en la mayoría de los casos el candidato las escribe o por lo menos esbozó el guión de lo que hay que decir, que los nombres pesados aún cuando firmen una carta escueta tienen más valor que la semblanza de maravillas y cualidades que un desconocido haya escrito sinceramente desde el corazón, que los contactos y los conectes son los que cuentan, y que al final muchas de las recomendaciones que cuentan son precisamente las que no se envían en una carta... Eso sin contar ese cúmulo de vergüenza que lo inunda a uno cada vez que tiene que vencer todos estos demonios cuando debe pedir una de estas cartas, más el lidiar con ese cachito de dignidad que parece morir cada vez que uno se somete a estos procesos y le quiere seguir el juego a estas cosas que a veces no sabe uno ni para qué más...
En fin. De esas veces que sólo queda suspirar y tragarse el decir hay que vida ésta. Pfff

miércoles, julio 2

miércoles

Mi cabecita se niega a concentrarse hoy, y cuando a mi mente le da por vagabundear por ahí encuentra consuelo en música tranquila y cálida (no pongo atención a las letras, pero disfruto mucho ahora a Band of Horses, y la sorpresa de The xx), historias, a veces dibujitos (feliz de haber descubierto a guerreroagustina.blogspot.com.es por el momento), y casi siempre una ventana que dé a alguna vista en verde (mi árbol de jacaranda ya está todo lleno de hojas otra vez y recién le encontré algunas flores nueves) en un día como hoy que no se decide si quedarse soleado o prepararse para empezar a llover.
Y en el ínter, esa sensación de seguir esperando, sin saber muy bien qué.

jueves, junio 26

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Para que mi mente no se me ponga ociosa pensando en si algún día voy a poder reproducirme o no, a mi vida cotidiana llegan más cosas que hacer que tienen que resolverse casi siempre en el mismo día o vecindario de días. Mala elección la de pedirme que haga revisión de este documento: quizá no sea buena para escribir, pero eso de hacer proofreading y corregir estilo se me da algo bien y no me sale ser ni muy diplomática ni muy de hacer sugarcoating en mis opiniones, pero por lo mismo me puedo tardar horas porque no me gusta hacer una crítica sin tener una alternativa para proponer. Esto mismo me pone un poquito triste porque no he podido trabajar en esa traducción que tantas ganas tengo de hacer pero tanto me consume y ahí sí que voy de un párrafo a la vez. Pero al menos todo eso sí me gusta. Porque por otro lado me siento una total inútil porque llevo días y muchos intentos de explicaciones sin poder entender qué tipo de estimaciones tengo que hacer para esa bendita última tabla de resultados y ya no sé qué más maromas aventarme a ver si por fin me llega la iluminación. Luego mi variable descriptiva con más de catorce mil observaciones por fin ha sido reducida a menos de trescientas por codificar, si tan sólo ésas no fueran las menos precisas para generalizar. Y tengo el deadline encima para terminar ese ensayo en donde explico cómo voy a salvar al mundo si por fin me dan ese empleo que llevo medio vida creyendo que es el trabajo de mis sueños, y a pesar de que llevo semanas con ese borrador no puedo pasar de esas pocas ideas. Y en el ínter trato de aprender cosas nuevas sobre cómo hacer encuestas y llegar temprano a casa para disfrutar de ratitos de calor de hogar antes de que acabe el día y organizarme para leer lecciones que alimenten mi alma y tratar con mayor frecuencia de dormir más de seis horas (si tan sólo los sueños imposibles o las pesadillas no me afectaran tanto a veces). Y así las cosas.
En fin. Sean felices, tengan días buenos.

sábado, mayo 31

una más de sábado

Éste quizá sea el último sábado que paso aquí solita en un buen rato. Digo quizá porque soy bien mula y bien arisca y no me creo nada hasta que lo tenga ya en la mano. Y porque estoy y estaré llena de ansiedades de aquí  al miércoles hasta que no estemos ya los dos aquí y por fin pueda llamar hogar a este lugar.
No me molesta estar sola, me gusta, y muchas veces lo necesito. Tener el soundtrack de mi vida de música de fondo mientras limpio y ordeno me distrae y me da energías, pero dependiendo del azar, la música que me acompañe al hacer de comer me puede poner muy melacólica, sobre todo cuando cocino sólo para mí sin la intención de dejar sobras para después.
Hasta hace poco apechugué con el hecho de que estar de vuelta en el terruño me significa muy poco cuando la gente a la que quiero está desperdigada en muchos mundos a la redonda. A veces, aunque uno las quiera mucho, la gente más cercana físicamente tiene circunstancias muy lejanas a nosotros y con quienes nos entendemos mejor en este momento nos quedan a muchas llamadas por Skype a la distancia. Así que mi sábado mañanero se ha convertido en un cúmulo mensajes, correos, promesas de llamadas y coordinación de visitas a futuro.
Tacho varias tareas de mi lista de pendientes, mientras pienso de dónde voy a sacar tiempo para todo lo demás que quiero hacer porque soy bien pachorruda. Mi candidez e ingenuidad se coluden con la necedad que me sale cuando no me gusta que me digan que no y me quieren convencer de que puedo traducir un libro sólo porque creo que es bueno. Mis circunstancias me recuerdan que debo terminar de editar esa base de datos, diseñar una clase para el próximo semestre, escribir un ensayo para tratar de ser atractiva en el mercado laboral otra vez, y un correo electrónico me avisa que hay nuevas estimaciones y nuevas tablas por  hacer. Todo esto me emociona. La cuestión ahora es seguir, cumplir la parte ésa del "sticking around".
En fin.
Sean felices. Tengan días buenos.