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sábado, agosto 2

sermones gratuitos que nadie pide

Cuando estoy convencida de algo, no me gusta que me digan que no, y así es como me empeño más en que suceda, y si no, por lo menos darme cuenta de porqué no se puede. Casi al mismo nivel, me desquicia terriblemente cuando la gente piensa que porque ellos hacen algo, todos los demás deberían a su vez hacerlo. Y es increíble que de pronto medio mundo a mi alrededor toma decisiones que piensan que todos los demás deberíamos tomar, como si fuese tan divertido que todos estuviésemos cortados con el mismo molde, como si todos tuviésemos la misma personalidad o atravesáramos por las mismas circunstancias.
Quisiera que un día la gente se diera cuenta que preguntar si ya estás en el proceso de encargar un bebé es descortés, inapropiado y grosero. Que el que haya personas que no tienen un trabajo y/o lugar fijo para vivir no quiere decir que no tengan planes. Que es válido tener dudas. Que en general la gente es distinta y no por eso vas a llegar a sermonearla sobre cómo alguien cree que debería hacer las cosas.
Quizá el problema soy yo. Quizá debería moverme en círculos más diversos.



miércoles, julio 23

letters of recommendation

En un mundo ideal las cartas de recomendación no deberían de existir. Ya todos sabemos que en la mayoría de los casos el candidato las escribe o por lo menos esbozó el guión de lo que hay que decir, que los nombres pesados aún cuando firmen una carta escueta tienen más valor que la semblanza de maravillas y cualidades que un desconocido haya escrito sinceramente desde el corazón, que los contactos y los conectes son los que cuentan, y que al final muchas de las recomendaciones que cuentan son precisamente las que no se envían en una carta... Eso sin contar ese cúmulo de vergüenza que lo inunda a uno cada vez que tiene que vencer todos estos demonios cuando debe pedir una de estas cartas, más el lidiar con ese cachito de dignidad que parece morir cada vez que uno se somete a estos procesos y le quiere seguir el juego a estas cosas que a veces no sabe uno ni para qué más...
En fin. De esas veces que sólo queda suspirar y tragarse el decir hay que vida ésta. Pfff