viernes, junio 29

varios

me safé del proyecto para coautorear un artículo en Este País... se supone que ya no era sacatona, pero mi cabeza no me da para escribir sobre la exclusión en México y cosas así... aún estoy atada a mi otro empleo y no sé dónde pasaré estos días en lo que dejo mi departamento y me voy a Tampico

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debo darme de baja en el SAT y lo único que me da más miedo que la embajada gringa es justamente Hacienda... y con eso de la reforma fiscal, más vale que arregle todo lo malo que pueda estar mi estatus fiscal... maldita maldita maldita sea! qué tedio esto de las obligaciones

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despedirse o no despedirse, ésa es la cuestión... si me dejan quedarme en casa hasta el martes, organizo algo, yo aviso

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quisiera escribir algo sobre la salida del aire de Radio Monitor, la cosa es que ignoro su historia reciente y todos esos ires y venires para sobrevivir en FM, TV, prensa y AM. Hace muchísimos años que dejé de escuchar a José Gutiérrez Vivo, pero fue él de mis primeros contactos con el mundo de la información y además él representa uno de los tantos recuerdos que tengo de mi abuelo. Mi abuelo Mario escuchó Monitor siempre y aún puedo recordarlo con su viejo radio mientras se arreglaba para ir al trabajo, poniéndose al día con las noticias.

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de verdad lamento no hacer más interesante este blog :/

jueves, junio 28

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Ojalá pueda quererte siempre
y nos perdure este sentimiento mutuo.
Quiero tener el corazón tranquilo
por saber que hubo un día
en que nos amamos totalmente.
Quiero sentir ese calor en el alma
que siento cuando nos siento unidos.
Saber que un día,
a pesar de distancia, vidas ajenas y ausencias,
podemos volver a ser amor y ser uno.
Quiero tener el corazón tranquilo
de saber que te quiero, te quise
y tú igual conmigo.
Ser feliz, aún cuando no contigo;
tú feliz, aún cuando no conmigo.
Y un día te extrañe, me extrañes,
lo extrañemos
y ser de nuevo uno
en una noche ajena al mundo.
Y ser, amor, en la distancia,
ser amor, juntos, unidos.

Nov/23/2004
20:15

miércoles, junio 27

ESTUDIAR CIENCIAS SOCIALES A FINES DEL SIGLO XX EN MÉXICO
Por Mauricio Tenorio Trillo

Estimado amigo (a):
No son muchos los años que separan tu vida universitaria en México de la mía. Yo a principios de los ochenta, tú a mediados de los noventa. Sin embargo, yo todavía estudié en el siglo XX, bien cargado de siglo XIX, tú estudias “ciencias sociales” en un naciente e incierto siglo XXI que se aquerencia en el XX. El conocimiento, el país y el mundo han cambiado mucho en estos pocos años, y lo más seguro acerca del futuro, como decía un historiador inglés, es que nos sorprenderá. Para ti que hoy estudias alguna de las variantes de lo que el siglo XIX denominó “ciencias sociales”, quiero sugerirte algunas labores que ya veo que a mi generación y a la de mis maestros –que son también tuyos- nos ha faltado. Aunque mi generación aún está por dar sus verdaderos frutos, ya te puedo decir que traemos algunos pecados de “nacencia” que tú puedes ahora emprender con la seriedad, dedicación y, sobre todo, candidez que ya no podemos nosotros. Dos de estas labores son puramente intelectuales. La otra, ya verás de qué naturaleza es.

1.- Tú estás siendo educado en la numeralia loca de las ciencias sociales contemporáneas. Te propongo una cosa difícil: no te creas nada de los números y teorías que estás aprendiendo. Duda de todo eso, pero vuélvete un verdadero experto en esos temas. Sé, cínicamente, como los sacerdotes de la inquisición española, que sin pecar –or so they said- conocían todas las posibles variantes del pecado para poder legislarlo y penarlo. Pero a esta pericia y descrédito hay que añadir otra cosa: leer, leer y leer. Teorías van y vienen, y tu puerto más seguro cuando no hay paradigma fijo es el viejo anhelo de ser hombre o mujer culta. Ahí encontrarás un verdadero sentido en, y el goce de, tu trabajo especializado. A mi generación las universidades públicas la llenaron de lecturas dogmáticas, recién llegadas de Francia o Italia. Muchos de nosotros creímos que era suficiente leer lo último que había salido sobre Gramsci o Althuser. Tú no sólo leas los Journals que te piden y los últimos libros de moda. Lee todo, especialmente los clásicos, esos nombres citados por todas partes y nunca leídos. Si en lugar de haber leído tres veces a Althuser hubiéramos leído una sola vez a Tocqueville, o si en vez de recetarnos a Rolando Cordera nos hubieran dejado leer a Lucas Alamán o a Molina Enríquez, otro gallo nos cantaría. Perdimos mucho tiempo en rectificar la senda. Tú no cantes victoria: flaco favor te estás haciendo si crees que leer a North te va a salvar de leer a Marx. Sin embargo, tú aún puedes lograr ese híbrido que nosotros cada vez estamos más lejos de lograr: ser experto tecnócrata, descreído, cínico, honesto y erudito. Si lo logras, pase lo que pase estarás a la vanguardia del conocimiento.

2.- No quiero espantarte, pero la labor intelectual más urgente que tienes que emprender es mucho pero mucho trabajo. Yo sé que estás pensando en terminar tu licenciatura en economía o ciencias políticas, e irte a Harvard, Princeton, Chicago, Yale, Stanford o cualquier otra. Si aún no empiezas a trabajar en serio en moldearte un perfil intelectual sólido, más vale que empieces cuanto antes. Si ya empezaste, no te ilusiones: nunca acabará el trabajo. Piensa algo desde ahora: ¿qué quieres? Sigue tus lecciones de rational choice: a) grilla, b) academia, c) salir de casa, de México y pasarla bien, d) una u otra combinación de lo anterior. Cualquier cosa es válida. Pero decide ya lo que quieres hacer, y trabaja por ello. Si te decides por la ruta más académica, lee y estudia mucho porque tus ilusiones de irte no deben caer en los errores y vicios que nosotros cometimos hace muy pocos años. Nosotros nos fuimos a Estados Unidos, pero la mayoría entramos por la puerta de atrás, chiquitos, tercermundiando por los pasillos de Harvard o Stanford. Pero eso sí, regresamos a pavonearnos a un México lleno de Ph.D. en la política, y con una academia pequeña, por decir lo menos, que hacía de nuestros Ph.D. pasaportes diplomáticos. Aunque todavía está por verse qué haremos los de de mi generación, desde ahora tú tienes que proponerte, si te decides por el conocimiento, transformar la estructura académica de México, hacerte realmente internacional, ser bueno allá y aquí, combinar lo mejor del ambiente mexicano con lo mejor de lo que aprenderás fuera. Aunque nos separan pocos años, me temo que para ti te será más difícil que a nosotros vender el Ph.D., si no eres un verdadero scholar, como decía Emerson (y si no has leído en ensayo de Emerson, léelo antes de irte a Estados Unidos, “The American Scholar”).

3.- Lo más seguro es que hoy, a tus 19 o 22 años, estés abordado por cuatro polizontes: la impaciencia, el miedo, la curiosidad y la hormona. Te preocupa, estoy seguro, el país, pero te angustia mucho qué va a pasar con tus becas, cuándo vas a lograr terminar y hacer tus planes. Temes por tu futuro, crees que “todo tiempo pasado fue mejor” y no fue tuyo sino de otros, y que a ti, como dicen ahora “te pasaron a chingar”. De la hormona, para qué hablar, tú sabes bien cómo alborota. En tanto tú estás apabullado por estas cosas, quiero proponerte algo que parecerá estúpido porque es poco tangible, pero que te puede servir de guía. Haz de tu impaciencia trabajo, mucho trabajo, piensa que cada nuevo conocimiento, cada investigación, cada compromiso, es, como decía del amor un poeta brasileño, efímero porque es flama, “pero eterno en cuanto dure”. En fin, de tu impaciencia haz trabajo, y de tu miedo haz crítica honesta. Crítica académica e intelectual, pero también crítica y participación social en el ambiente que te toca vivir. Entérate, habla, trata de irte entrenando en los dilemas políticos y éticos. Ponte a prueba intelectual, social y éticamente. Y a partir de tu curiosidad vete construyendo un bagaje de conocimientos que te permitirá salvar mejor las tormentas en el futuro. Y, me dirás, ¿qué hay de la hormona? Pues no sé, sólo puedo repetirte que de la paciencia hagas trabajo; de la curiosidad, conocimiento; y del miedo, crítica... y que ojalá todo ello lo hagas con la dedicación y pasión que te exige la hormona.

Sin más, y deseándote lo mejor, quedo tuyo.
Mauricio Tenorio Trillo
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sé que pongo posts muy largos, pero no podía dejar de compartir esto. No sé cuándo fue escrito exactamente. Éste fue mi legado del final de mi curso de Microeconomía I. El primo de Mauricio fue mi profesor y nos dio una copia de su texto. Eso que escribió fue mi guía en algunos de los momentos más difíciles que pasé en la universidad. Ahora que lo releo me recuerda muchas cosas del sentido de mi futuro en el doctorado.
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Hace un par de días me reencontré con un viejo amor. Sí, pues, es platónico, pero amor al fin y al cabo. Me refiero a Mauricio Tenorio Trillo y su libro De cómo ignorar. Lo compré cuando recién salió, hace siete años. El tema me llamó mucho la atención, pero por X o por Y nunca lo leí, sólo lo hojeé y lo dejé aguardarme en el librero por mucho tiempo.
Mauricio es historiador y su forma de escribir me parece fascinante porque la encuentro a la vez culta, íntima y cercana. Algo que me encanta de él es la forma en que vincula el estudio de la historia con temas poco comunes, como analizar la conformación del nacionalismo mexicano a partir de la presencia de México en las Exposiciones Universales del siglo XIX; y en el ínter, logra traerte del pasado al presente como si cualquier cosa. He leído artículos suyos que lo mismo me hacen reír a carcajadas en un párrafo, que pasarme una hora dándole vueltas a una idea para asimilarla o para investigar más y entenderla. Otro punto a su favor: me encanta la historia de las ciudades, es decir, el relato de cómo el espacio urbano ha ido transformándose con el paso del tiempo y en función de los diferentes usos y necesidades que manifiesta la sociedad; y resulta que tiene un libro donde justo hace eso, desde La Piedad, Michoacán hasta Berlín y Barcelona.
¡yo lo adoro! No tengo actitud de grupie, pero por lo menos sí el fervor. Y admiro mucho a Mauricio. No tuve el gusto de tomar clases con él, pero me encantaría tener la oportunidad algún día. Por alguna extraña razón me da pavor acercarme a él, así que sólo lo veo de lejos cuando viene a México y se pasea por el CIDE o por las librerías del FCE, donde me lo he topado varias veces.
Ahora que no tengo tele y ya todos mis libros se encuentran empacados aquí o en Tampico, mi única distracción es leer De cómo ignorar. Estoy segura que los libros nos llaman y el domingo me entró una inquietud por leer éste en particular. Lo volví a comprar el lunes (mi ejemplar anterior hace poco lo regalé a un amigo muy querido) y no lo puedo dejar, estoy picadísima. En este libro me gusta la humildad con que escribe y la iniciativa para escribir sobre intereses generales al margen de la academia, sin perder el compromiso por dar algo de calidad a sus lectores.
Paco dice que uno de los grandes retos de un escritor hoy en día es escribir algo de calidad y de interés suficiente para poder atraer al auditorio que hoy está cautivo por los medios masivos de comunicación; es decir, su rival a vencer no es García Márquez (por poner un ejemplo), sino Matt Groening y los Simpsons. Yo ya estoy feliz de no tener tele y poder dedicarme a leer a Mauricio Tenorio Trillo.
(P.D. obviamente lo anterior no fue ni crítica objetiva, ni reseña, ni nada, sólo fervor por un escritor que me atrapa)

martes, junio 26

Mhmm... nomás veo el tiempo pasar y lo fácil que me resulta dejar que se vayan los minutos y yo sin avanzar. No me puedo concentrar ni puedo ver claramente qué es lo que debo hacer para que las cosas queden bien. Eso me pasa cuando no tengo fe en algo. Quisiera decir todo lo que pienso respecto a este informe que me han pedido que corrija; admito que así las cosas no quiero trabajar en ningún organismo internacional lleno de falacias. También quisiera desahogarme y quejarme como seguramente muchos más que han tenido que soportar los desplantes y malasatenciones de los trabajadores de la embajada estadunidense en México. La cosa es que estoy esperando mi visa y no quiero tener problemas antes de llegar a los states. Así que por todos lados estoy cooptada y por lo pronto debo aguantar un poquito. Pero de que he de hablar, uy, esperen nada más al día en que lo haga.

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¡Ya me quiero ir! ¡ya no quiero saber nada! sólo dormir 10 horas continuas y ya después veremos...

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ay amor, sin ti no siento el despertar
ay amor, sin ti mi cama es ancha
ay amor, que me desvela la verdad
entre tú y yo, la soledad
y un manojillo de escarcha

Romance del curro El Palmo
Joan Manuel Serrat

¡qué canción tan triste y tan bonita!
(y vieja que da un gusto...)

lunes, junio 25

Iba a escribir ¡vaya este fin de semana que pasó! Pero la verdad es que de finales de mayo para acá no he parado casi ni un minuto. Sin embargo, éste sí que me ha dejado rendida física y emocionalmente, en parte porque ya traigo cansancio acumulado y en gran medida porque fueron días de un trajín sin parar, como dice mi mamá: como calzón de puta, de arriba para abajo. Mi recámara por fin está vacía al 75%, ya no hay muebles míos más que este bendito escritorio al que le han hecho el feo, tan bueno y útil que está todavía (by the way: ¿a alguien le interesaría? Lo vendo en $200; háblenme o escriban si lo quieren, incluso si me dicen que le encuentran un buen uso y vienen por él, hasta lo regalo). Lo único lamentable es que me he quedado sin televisor y ya no podré ver mi telenovela, aunque supongo que tendré tiempo para ver a algunas personas y para volver a avanzar con mi tarea de mates.
Me siento muy a gusto conmigo, porque este agotamiento también viene del hecho de haber arreglado todo esto por mí misma y sin ayuda alguna. Por ello tengo que agradecer y culpar a mis padres, que toda la vida me han enseñado a ser autosuficiente y a valerme por mí misma, al grado de que me es casi imposible pedir un favor, por mínimo que éste sea. Eso en ocasiones puede ser malo, pero lo mejor es que no se me cierra el mundo tan fácilmente. El único apoyo que he tenido a mi lado estos días es por parte de mi hermano (quien, estoy más que segura, Dios me envió para ayudarme a no perder la cordura, y quien de paso, de premio, se ha quedado con todas mis cosas); pero él aún no tiene redes sociales en esta ciudad y las mías están como débiles, así que estuvimos solos contra el mundo y salimos avante.
Junto con la tranquilidad de saber que tengo cada vez menos pendientes, lo mejor fue haber pasado este domingo con mi hermano y mi papá. Andrés cambió su vuelo a Veracruz haciendo una larga escala en el DF y estuvimos todo el día juntos. Lo más lindo fue cerrar un ciclo en el mismo lugar donde lo empezamos. Hace aproximadamente diez años nosotros tres hicimos un viaje a la Ciudad de México para cerrar el trato de la casa donde íbamos a vivir en Rinconada Coapa y para ubicar la escuela a dónde llegaríamos a estudiar al mudarnos aquí. Antes de regresar a Tampico de ese viaje de 1997 nos fuimos a turistear al centro y subimos al mirador de la Torre Latinoamericana. Para mí era significativo regresar a ese lugar. Víktor y yo planeábamos ir de nuevo, esta vez de noche, para mi despedida, pero al saber que Andrés venía fuimos con él. Papá estuvo encantado con la idea, así que pude llegar al inicio de este círculo con las personas con quienes lo empecé, y con ellas mismas lo cerré.
Me reconforta saber que aún tengo esa parte masculina de mi vida, esos dos hombres con quienes he compartido mi vida y para quienes sigo siendo prioridad. Con el resto tengo aún un gran vínculo y siguen ocupando un lugar enorme en mi corazón, pero sé que todos ellos cuentan ya con su significant other y eso diluye nuestra relación; es normal. Pero mi unión con mi padre y mi hermano permanece inalterable. Y eso me hace, hoy por hoy, muy feliz.

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Respuesta a Sor Filotea

Esto va por un comment que me dejó Jaime el otro día, donde me decía que no fuera por ahí llorando por los rincones. Querido Jaime, no eres el primero que me lo dice, pero no lo puedo evitar. Está bien, tienes razón, basta de gimoteos, pero todo tiene su momento y es difícil no sentirse triste. Que esté triste, que me sea difícil dejar mi lugar aquí, es natural. Eso no quiere decir que no me quiera ir, que no esté contenta con todas las oportunidades que se vislumbran con mis planes en Arizona; estoy muy entusiasmada. Pero todo tiene su momento, y éste es mi momento de partir y eso involucra muchas cosas. Soy cursi y sentimental y esta gran ciudad significa mucho para mí, aquí se determinaron muchos eventos que me formaron como persona y dejo aquí lugares importantes para mí y personas que han marcado mi existencia en este mundo. Estoy bien, no me voy a hundir ni me echaré para atrás, pero a veces las lágrimas salen solitas y otras veces me es muy difícil desapegarme. Mejor sacar eso ahorita, entenderlo y aceptarlo, que estar sufriéndolo y desconcentrándome después. Me voy a ir, y no quiero volver la vista atrás, no en un largo rato.

viernes, junio 22

En días nublados y húmedos como hoy me siento muy bien. Me agradan los días así, son como días al final de un otoño perfecto. Siempre he relacionado este clima con Tampico en diciembre, ahí por las vacaciones de Navidad. En mi tierra casi nunca hace frío, varios años hemos pasado las pascuas sudando con ropa de verano. Sin embargo, diciembre y enero suelen ser meses de bajas temperaturas, entre 10° y 15°C, que aunque no parece poco, la humedad y la brisa marina hacen que el frío cale hasta los huesos.
Mis sentidos me transportan a esos días cuando estaba en las vacaciones de la primaria o la secundaria, mi madre es maestra y no va al trabajo en esas fechas. Me levanto en la mañana después de ella, desayunamos con mi hermano, hacemos entre los tres el quehacer, juego con mi hermano un rato, me meto a bañar y esperamos a que llegue Andrés del trabajo para comer con él. Por la tarde veo la televisión y leo un rato. Pasamos casi todo el día adentro de la casa por el frío y la lluvia. Por esas fechas es común la lluvia “mojapendejos” como decía mi abuelo Mario, esa lluvia que no moja pero cómo empapa. A veces, en los fines de semana, voy con mi papá a la playa, siempre me ha gustado el mar revuelto, sin gente, con mucho mucho frío.
Hubo un tiempo en que mi padre estaba embarcado; trabajaba 20 días en altamar cerca de Chile y regresaba a descansar por 10 días. Durante esos 20 días sin padre en casa mamá cambiaba, se volvía más tierna, más cariñosa, como si tratara de llenar con nosotros el vacío que le daba la ausencia de papá. De niños tuvimos una relación muy estrecha con mi mamá, ella fue muy disciplinada con eso de las tareas del hogar (menos de las recámaras, eso era cosa de cada quien y éramos libres de tener nuestro cuarto en orden o patas arriba), pero nos alcahueteaba en la tarde para hacer lo que quisiéramos. Cuando hacía mucho frío nos quedábamos en casa, comprábamos pan y hacía chocolate tabasqueño caliente, rezábamos el rosario a las 7pm y a las 7:30 nos sentábamos a ver Los Picapiedra en la tele. A veces rezábamos más temprano y veíamos alguna película. Los viernes siempre fueron para ir a visitar a mis abuelos y merendar con ellos. O a veces eran mis abuelos los que iban a mi casa a rezar (por si no lo saben, diciembre es el mes del rosario dedicado a la virgen de Guadalupe; tradición que mi familia cumple con fervor). Del frío en casa de mi abuelita sólo recuerdo el té de zacatelimón que hacía para beber como agua de uso hasta en las comidas, cosa que yo detestaba porque siempre me ha gustado el agua fría y de sabor para comer.
Recuerdo muchas cosas y me dan ganas de salir a caminar bajo el día gris y fresco, regresar a casa y jalarme un cobertor para echarme frente al televisor y ver cualquier cosa, sin pendientes por el día de mañana. Me siento renovada cuando recuerdo así mi niñez, cuando recuerdo con todos mis sentidos esa parte de mi vida cuando me sentí siempre acompañada y protegida por el calor de hogar a pesar del frío exterior.
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Me gusta ver llover, así podría quedarme horas absorta con la nariz pegada al vidrio de la ventana, viendo cómo escurre el agua, escuchando los chorros cayendo. Me gusta mucho el agua. Ayer mientras brincaba charcos en el camino rumbo a casa pensaba que eso debe ser porque crecí en un lugar rodeado de agua por todos lados: la playa de Miramar, la laguna del Chairel, la del Champayán y la del Carpintero, el río Pánuco. Recordé entonces una canción que me gusta mucho desde niña y que mi madre, en su patriótico afán localista, siempre me pone cuando estoy de visita:

El Navegante.

Navegante que vas por el río
navega y navega en busca de amor
cuando pasas por Reventadero la brisa hechicera murmura un adiós
Periquillo, La Isleta, Tamuche, la Vega de Otates, el Puente y Tamós
es que vas a llegar a Tampico
y una linda porteña te dará su amor.
Navega
en busca de amor...

(No recuerdo bien pero me parece que la tocan Claudio Rosas y La Orquesta Tampico)

jueves, junio 21

Rothko

Ayer vi parte de un documental sobre Mark Rothko. Me gustó mucho, a pesar de que el narrador era un tanto tendencioso y de esos que usan palabras rimbombantes para describir la sensibilidad del autor y la maravilla de sus creaciones pictóricas. El documental se centraba en este encargo que le hicieron a Rothko para realizar los murales en el restaurante del Four Seasons en Manhattan. Le dieron total libertad de creación y acordaron un pago de 2.5 millones de dólares. Pero una vez que el pintor terminó su obra, fue a cenar al Four Seasons con su mujer y salió asqueado. Ésa no era la atmósfera que había pensado para su pintura. Rechazó el dinero por respeto al arte y a los principios bajo los que él creaba. Esa serie de cuadros monumentales es una de las más dramáticas que he visto. No sé exactamente dónde están actualmente (me parece que en la Tate Gallery), pero qué bueno que no se quedaron en ese restaurante porque nunca habría podido irlas a ver.

No me voy a poner aquí a detallar sobre la obra de Rothko, porque en la red hay en verdad información que sí vale la pena leer (pueden empezar por lo que hay en wiki). Sólo sé que desde que descubrí una obra suya por casualidad hace ya varios años, me quedé maravillada por la intensidad y sencillez de sus pinturas. Después tuve la oportunidad de ver algunas otras pinturas en Nueva York y hace un par de años vino una pequeña muestra de su trabajo al MAM de la Ciudad de México. Voy a empezar a postear acompañándome de imágenes suyas, para darle un toque de belleza a este espacio.

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uy, esta canción cómo me gusta!
además me recuerda al Warpig, porque hará cosa de un año que contó una historia muy linda respecto a esta canción y justamente con la versión de Cheap Trick (yo la conocí gracias a los Save Ferris :P)

I want you to want me.
I need you to need me.
I'd love you to love me.
I'm beggin' you to beg me.
I want you to want me.
I need you to need me.
I'd love you to love me.
I'll shine up the old brown shoes, put on a brand-new shirt.
I'll get home early from work if you say that you love me.

Didn't I, didn't I, didn't I see you cryin'?
Oh, didn't I, didn't I, didn't I see you cryin'?
Feelin' all alone without a friend, you know you feel like dyin'.
Oh, didn't I, didn't I, didn't I see you cryin'?

Cheap Trick