lunes, abril 8
reminiscencias de saudade
Estaba pensando en las tribulaciones del día, de la semana, de los meses por venir... dando vueltas a lo doloroso que me resulta vivir tan lejos de la gente a la que amo, dándome de topes para organizar todo el trabajo que se está acumulando en las listas de cosas por hacer que no termino, esperando respuestas, esperando siempre... y sintiéndome envuelta en la atmósfera de antes, con la computadora, la habitación a oscuras y sólo la tenue iluminación de la lámpara de mesa (¡con base en forma de jirafa!), he vuelto a encontrarme con Pessoa y algunas de sus letras que me gustan tanto. Aquí el souvenir de hace cuatro años.
domingo, marzo 3
De Estrellas de los noventa y El espacio de cositas
Cuando estaba más chica veía ese programa con mi tía Malena. No sé qué tan certero sea, pero creo que recuerdo que el refresco Fanta los patrocinaba, y ése es el tipo de cosas que recuerdo particularmente porque nosotros no teníamos Fanta en Tampico (teníamos -y aún tenemos- Escuis, creación y orgullo regional).
Dejando de lado el programa ése, el título viene a colación porque hoy que es sábado y al parecer ni yo ni ninguno de mis vecinos trabaja, y no puedo evitar sentir que este edificio de diez departamentos cumple la premicia básica de una serie típica de los noventa dirigida a veinte/treintañeros: Melrose Place.
Tenemos a oficinistas, entrenadores de gimnasio, meseras, gays, parejas casadas o viviendo juntas, amigos compartiendo piso, no uno sino dos aficionados a tocar el saxofón, y gente viviendo con perros. No sé a qué se dediquen todos en realidad, pues aunque a todos los conozco (obviamente no porque yo llegué a presentarme, sino porque Will es súper amigable y saluda a todo mundo) no sé detalles de sus vidas. Sólo sé que los sábados hay que rezar para que nuestra única lavadora y secadora esté libre y pueda usarla, y para que mi bestial vecino de arriba no haga más ruido del tolerable. Fuera de eso es la típica dinámica de la gente un sábado: ir al súper, abrir las cortinas y ventanas, lavar la ropa, vestirse en fachas, dejar a los perros afuera, y tener todos los coches en el estacionamiento (un gran contraste con nuestro departamento en Tucson, donde el estacionamiento está totalmente vacío durante los fines de semana).
Mi rutina de los sábados generalmente consiste en levantarme tarde (más últimamente que no puedo dormir por trabajo o por insomnio), limpiar un poco, cocinar para la semana y teminar algún proyecto de costura. Sí, mi reto de esta parte del año ha sido aprender a coser a máquina y ha sido no sólo un gran pasatiempo, es súper relajante y lo mejor es que al final obtengo algo útil que puedo usar o regalar. A mí me gustan las cosas prácticas y útiles. Es la razón por la que no me gusta hornear pasteles y galletas tanto como me gusta cocinar cosas que vamos a comer y nos van a nutrir por días, y creo que también es la razón por la que prefiero coser a bordar o tejer.
A mí me da risa que después de pasar toda mi infancia y adolescencia renegando de ser una niña bien y aniñada, vistiéndose de rosa o con vestidos y haciendo cosas bonitas, odiando con todas mis fuerzas las idas a las tiendas de telas (en Tampico le decimos ir a Parisina, cuando en el DF le dicen ir a La Parisina) tanto como tener que acompañar a mi papá al taller mecánico cada vez que nuestro volchito amarillo del '87 se descomponía, y sin comprender la necesidad de mi mamá por hacer manualidades... pues nada que eso es justamente lo que me gusta hacer ahora. Me encanta el color rosa (siempre que sea el tono adecuado), me encanta usar faldas y vestidos (pero no calzar tacones) y me encanta hacer cosas para la casa (sí, supongo que también ya me estoy convirtiendo en señora).
El miércoles pasado presenté mi trabajo en un seminario abierto al público y anunciado en toda la universidad. Fue un evento que me tenía súper nerviosa y muerta de miedo, pues la persona que comentó mi trabajo es un economista experto en el tema y una de las razones por las que quise venir aquí. Al economista experto en el tema le gustó mi trabajo y reconoció las peripecias que he hecho para defender que vale la pena mi análisis, me dio sugerencias para mejorarlo, y tantas ideas que básicamente puedo escribir unos dos o tres papers más, si es que alguna vez termino éste, y eso fue una gran satisfacción personal. Pero no miento al decir que muy probablemente, esa satisfacción compite fuertemente con el sentimiento de logro que tengo cada vez que termino un proyecto en la máquina de coser :)
Y aquí es donde esa magia ocurre los fines de semana (mesa plegable abandonada en un garage que funge como comedor, escritorio y mesa de coser y planchar, según el caso):
Sean felices. Tengan días buenos.
viernes, marzo 1
foreveando
Mi amiga Lu, que es argentina -pero muy mexicana, decía de los mexicanos que somos raros por aquello de que a pesar de tener treinta/cuarentaytantos años somos fieles a los gustos musicales de nuestra adolescencia, a propósito del hecho de que una buena boda que se respete de haber sido una buena fiesta (independientmente del presupuesto) debe haber incluído música de Timbiriche, Menudo y todas esas maravillas del pop en español de los '80 y '90, y esta conversación salió por aquello del concierto del reencuentro de Timbiriche hace algunos años (y ahora hasta me entero que Sasha, Benny y Erick armaron un trío y cantan juntos... qué cosas). Me declaro culpable de esa aseveración y aún peor: cuando estoy trabajando editando interminables bases de datos o tablas y mi cerebro pide tregua, me encanta escuchar de todo: pop/rock de adolescencia, incluyendo los primeros discos de Maná/Molotov y cosas de ésas, mezclado con cumbias, Selenareinadeltexmex y banda. Pero hoy lo que me duele mucho es que queriendo recordar canciones que me gustaban en la secundaria, específicamente Caifanes/Jaguares, recurrí a un disco que conseguí hace algún tiempo de recopilación de Jaguares, y escuchándolo me cae el veinte de que los años no pasan en vano y que hasta duele aferrarse al hecho de que las cosas cambian. Duele escuchar la otrora gran voz (al menos para mí) de Saúl Hernández casi desaparecer al forzarla tanto para cantar lo que ya no puede, o encontrarse con ese horrible saxofón en esa versión que hacen de Viento. Triste ¿no?
Por algo todo ha de tener su momento y es dejarlo mejor así, qué necesidad de andar revolviendo cosas del pasado. Creo.
Por algo todo ha de tener su momento y es dejarlo mejor así, qué necesidad de andar revolviendo cosas del pasado. Creo.
lunes, enero 21
Ventanas
Pónganme a lado de una ventana, de hecho, de un gran ventanal, y me pongo a trabajar de la forma más productiva e inspirada posible. Quizá tengo complejo de oso panda y me gusta estar filtrada tras el cristal, no sé, pero de verdad me gusta estar así. A pesar de tener una linda oficina con una buena ventana, no es así como que la mejor de las vistas (aunque quizá debería llevar una que otra plantita para acompañar, ahora que lo pienso); y pese a que la sala de mi casa está muy bien iluminada, mi escandaloso y neurótico vecino no me permite disfrutar de horas continuas de paz.
Mi lugar favorito para trabajar por casi cinco años en el CIDE era justo en una sala de la biblioteca a lado de una ventana que daba a las jardineras de la entrada de administración pública. Hoy creo que ese lugar ya lo han hecho oficinas y la nueva biblioteca está súper moderna y con muchas ventanas también. Y mi lugar favorito para estudiar era definitivamente el primer piso de la biblioteca central de la UNAM, aunque ahí había que llegar temprano para encontrar mesa, aunque éstas eran tan grandes que no me importaba tener que compartir de vez en cuando.
Yo nunca he sido de trabajar en cafés, aunque como a Will sí le gusta me he ido acostumbrando, pero los dos somos muy particulares con las cosas que sí nos gustan. Nuestro lugar favorito es CE en Tucson, y no me importa que haya gente que diga que el café no es bueno. A mí me parece muy decente, la gente que atiende es súper buena onda, incluyendo el tipo hipster, los frapuchinos son mil veces mejores que los de Starbucks, el internet es gratis, hay muchas mesas en las que uno puede pasar todo el día y sí, no hay paredes sino grandes ventanales con vista parcial a las montañas de las Catalinas. Es uno de los lugares que más extraño.
Hoy que es día feriado y dado que mi vecino se ha puesto más escandoloso de lo normal, he buscado el exilio en un Starbucks... Ayer también lo hice y lo sufrí un poco, pero hoy intenté en otro no tan lleno y conseguí asiento a lado de un ventanal. Veo a toda la gente pasar, caminar, encontrarse con otra gente, dos que tres árboles y tanto movimiento que casi puedo perdonar la mala selección musical. Oh, combinación perfecta para trabajar. Así que es hora de empezar :)
Mi lugar favorito para trabajar por casi cinco años en el CIDE era justo en una sala de la biblioteca a lado de una ventana que daba a las jardineras de la entrada de administración pública. Hoy creo que ese lugar ya lo han hecho oficinas y la nueva biblioteca está súper moderna y con muchas ventanas también. Y mi lugar favorito para estudiar era definitivamente el primer piso de la biblioteca central de la UNAM, aunque ahí había que llegar temprano para encontrar mesa, aunque éstas eran tan grandes que no me importaba tener que compartir de vez en cuando.
Yo nunca he sido de trabajar en cafés, aunque como a Will sí le gusta me he ido acostumbrando, pero los dos somos muy particulares con las cosas que sí nos gustan. Nuestro lugar favorito es CE en Tucson, y no me importa que haya gente que diga que el café no es bueno. A mí me parece muy decente, la gente que atiende es súper buena onda, incluyendo el tipo hipster, los frapuchinos son mil veces mejores que los de Starbucks, el internet es gratis, hay muchas mesas en las que uno puede pasar todo el día y sí, no hay paredes sino grandes ventanales con vista parcial a las montañas de las Catalinas. Es uno de los lugares que más extraño.
Hoy que es día feriado y dado que mi vecino se ha puesto más escandoloso de lo normal, he buscado el exilio en un Starbucks... Ayer también lo hice y lo sufrí un poco, pero hoy intenté en otro no tan lleno y conseguí asiento a lado de un ventanal. Veo a toda la gente pasar, caminar, encontrarse con otra gente, dos que tres árboles y tanto movimiento que casi puedo perdonar la mala selección musical. Oh, combinación perfecta para trabajar. Así que es hora de empezar :)
viernes, enero 18
La primera vez que fui al cine sola fue durante mi primer semestre de la licenciatura. No recuerdo la película, sólo que era un viernes y que esa noche salía a Tampico. Tenía toda la tarde libre y ya no me podía concentrar en nada, así que necesitaba matar tiempo. En ese entonces vivía en Cuajimalpa y el único cine cerca era el del centro comercial Santa Fe. Cómo odio ese lugar, por cierto. La función era a las tres. También lo recuerdo porque a partir de entonces la agarré de irme al cine antes de tomar mi ADO. Pero esa primera vez fue bastante incómoda, me sentía lo que hoy llaman "una loser", y me sentía súper sola (de las cosas que agobian a uno a los 18 años...). Sin embargo, una vez pasada esa primera experiencia, me hice inmune a ser de las pocas personas solas en una sala llena de grupos y parejas (con excepción de la vez que fui a ver Bridget Jones 2 y había que hacer fila para entrar a la sala y como les había puesto salsa a mis palomitas me las tuve que comer parada en la fila...).
Todo esto para decir que hace mucho que ya no me molesta ir sola al cine, sino todo lo contrario. Hoy fue una de esas veces en que me emocionaba ir a ver una película que solo yo quisiera ver y sentarme a mis anchas a disfrutar yo sola de mi bolsa de palomitas. Dejé temprano la oficina y pensaba ir a correr, pero después recordé que podía alcanzar el early bird deal en el cine que está cerca de mi casa. Un cine súper lindo que me hizo figurarme lo que quizá el extinto Plaza Condesa hubiese lucido en sus mejores años. ¡Palomitas con mantequilla de verdad! Oh, eso sí que es un lujo (razón por la que he de salir a correr mañana sin falta), y una sala casi vacía. Pequeños placeres de la vida. En los últimos cuatro años he vivido en lugares que me quedan lo suficientemente cerca de pequeños cines independientes para poder ir caminando. Una cosa más para poner en mi wish list de características que quiero para cuando nos mudemos a un lugar estable.
Todo esto para decir que hace mucho que ya no me molesta ir sola al cine, sino todo lo contrario. Hoy fue una de esas veces en que me emocionaba ir a ver una película que solo yo quisiera ver y sentarme a mis anchas a disfrutar yo sola de mi bolsa de palomitas. Dejé temprano la oficina y pensaba ir a correr, pero después recordé que podía alcanzar el early bird deal en el cine que está cerca de mi casa. Un cine súper lindo que me hizo figurarme lo que quizá el extinto Plaza Condesa hubiese lucido en sus mejores años. ¡Palomitas con mantequilla de verdad! Oh, eso sí que es un lujo (razón por la que he de salir a correr mañana sin falta), y una sala casi vacía. Pequeños placeres de la vida. En los últimos cuatro años he vivido en lugares que me quedan lo suficientemente cerca de pequeños cines independientes para poder ir caminando. Una cosa más para poner en mi wish list de características que quiero para cuando nos mudemos a un lugar estable.
jueves, enero 17
Gratis
Es el título de la canción que me hizo cantar otra vez, después de no canturrear por un buen rato así de forma espontánea como me sale y como me gusta (sip, soy de esas personas que canturrean en la regadera y cuando oyen una canción mientras trabajan y que si no les diera tanta pena cantaría también mientras camino).
Hacía muchísimo que no escuchaba a Babasónicos y hoy a falta de inspiración auditiva (a veces no hallo el right mood para coordinar música y actividades) los elegí casi al azar. Esa canción, Gratis, no sé porqué me gusta tanto pero hasta me da cierta paz; algo parecido a lo que siento con Yoshimi battles the pink robots, de The Flaming Lips (aunque ésa es un poquito más melancolicona).
Ayer me topé con un escrito ajeno súper pusilánime de hace varios años y lo que más me aterró es verme reflejada en ciertos pensamientos de auto conmiseración. Oh, pero yo no me voy a dejar caer de esa manera. En el mismo día también vi una plática de TED y leí un capítulo de mi novela en donde, en situaciones totalmente distintas, se hablaba de la esperanza con la fuerza más grande que nos mantiene vivos en las peores circunstancias. Yo a veces siento que pierdo casi toda esperanza, pero tengo la gran bendición de creer en un Dios que me ama y es mi fuente de esperanza y de fe, quien me rodea de gente amorosa que cree en mí cuando yo no veo ni para dónde. Espero que esto de verdad no suene arrogante, porque es todo lo contrario.
Por el momento sólo tengo un plan de trabajo que espero lograr, un par de puertas como que parecen querer abrirse pero sin garantía de nada (y es increíble el poder reparador que tiene el saber que existe por lo menos una remota posibilidad), y la determinación de terminar y empezar ciclos. Eso me hace sentir bien.
Después de un mes maravilloso a lado de mi marido y dos semanas con casa llena y yendo de un lugar a otro, estoy de vuelta a la que ha sido mi rutina en los últimos meses, acompañada de mis recuerdos, mis plantitas, una lista de pendientes por hacer y un montón de amor que me llega a pesar de la distancia. Y no me puedo quejar :)
Sean felices. Tengan días buenos.
Hacía muchísimo que no escuchaba a Babasónicos y hoy a falta de inspiración auditiva (a veces no hallo el right mood para coordinar música y actividades) los elegí casi al azar. Esa canción, Gratis, no sé porqué me gusta tanto pero hasta me da cierta paz; algo parecido a lo que siento con Yoshimi battles the pink robots, de The Flaming Lips (aunque ésa es un poquito más melancolicona).
Ayer me topé con un escrito ajeno súper pusilánime de hace varios años y lo que más me aterró es verme reflejada en ciertos pensamientos de auto conmiseración. Oh, pero yo no me voy a dejar caer de esa manera. En el mismo día también vi una plática de TED y leí un capítulo de mi novela en donde, en situaciones totalmente distintas, se hablaba de la esperanza con la fuerza más grande que nos mantiene vivos en las peores circunstancias. Yo a veces siento que pierdo casi toda esperanza, pero tengo la gran bendición de creer en un Dios que me ama y es mi fuente de esperanza y de fe, quien me rodea de gente amorosa que cree en mí cuando yo no veo ni para dónde. Espero que esto de verdad no suene arrogante, porque es todo lo contrario.
Por el momento sólo tengo un plan de trabajo que espero lograr, un par de puertas como que parecen querer abrirse pero sin garantía de nada (y es increíble el poder reparador que tiene el saber que existe por lo menos una remota posibilidad), y la determinación de terminar y empezar ciclos. Eso me hace sentir bien.
Después de un mes maravilloso a lado de mi marido y dos semanas con casa llena y yendo de un lugar a otro, estoy de vuelta a la que ha sido mi rutina en los últimos meses, acompañada de mis recuerdos, mis plantitas, una lista de pendientes por hacer y un montón de amor que me llega a pesar de la distancia. Y no me puedo quejar :)
Sean felices. Tengan días buenos.
martes, diciembre 4
garabatos de ideas que van y vienen de mi cabeza
Pienso que de alguna manera estoy perdiendo mi voz. Si supieran la de borradores que tengo de posts que no alcanzo a subir porque no me convencen. ¿Será que pierdo mi voz porque me siento lejana de mi audiencia? Quisiera decir que es mi ocupada vida lo que me mantiene alejada del blog, pero la verdad es que vivir sola de nuevo -temporalmente- me deja suficiente tiempo libre para escribir. Sin embargo, la escasez de palabras me acompaña aquí y allá (allá, sí, en ese monstruo horrendo que es la tesis). Pero como a pesar de la erosión de mi palabrería, las ganas de escribir aquí persisten, ahí van algunas de las ideas que me acompañan los últimos días.
*
La vida da muchas, muchas vueltas.
*
Tantas canas que ni caso tiene ya arrancarlas una por una. Y la resistencia a tenirme el pelo. Seré una cabecita blanca a los cuarenta.
*
Cuando veo las bodas perfectas de mucha gente me pongo a pensar todo lo que me hubiese gustado que fuese diferente en la mía. Pero luego me doy cuenta que dadas nuestas circunstancias no hubiese podido ser de otra manera, y me da gusto. Y hace dos semanas, en uno de nuestros restaurantes favoritos en LB, me topé con fotos de un libro que lo dice todo: Imperfect weddings are the best.
(Indeed.) ¿Para qué quiere uno la boda perfecta si lo que debería ser bueno es más bien el matrimonio? (¡Y sí que lo es, a pesar de la distancia temporal!)
*
He descubierto que no puedo hablar de política con la mayoría de la gente. Es tan fácil acabar en discusiones bizantinas que no llevan a ningún lado. *Sigh* Mi bisa tenía razón: cada cabeza es una barbacoa (y la de cabezas duras que abundamos...)
*
Bad timing: mucha gente se sorprende que tuviese tan claro que quería hacer de mi vida cuando tenía 14 años. Lo que a mí me sorprende es no saber qué hacer de mi vida profesional a los 31.
*
Después de dos semanas sin poder correr, he vuelto a calzarme los tenis. No sé si me va a ayudar a bajar de peso, pero a estas alturas ya no me importa mucho. Lo que quiero es hacer buen uso de mi cuerpo, porque el sedentarismo sale caro. Y al final, qué más da. Seré gorda, pero con buena pierna.
Descubrí que me gusta correr al aire libre. Y que me gusta correr a media tarde, regresando de trabajar. Y justo entonces terminó el horario de verano y me he visto obligada a correr en las mañanas otra vez, ahora que oscurece a las 5pm. Yo que soy la persona menos entusiasta por las mañanas... pero ya llevamos tres días al hilo, así que esperemos que funcione.
*
El amor en los tiempos de skype. La historia de mi vida. Y las distancias hacen que ahora mida el tiempo en periodos de dos semanas (cada que nos podemos ver).
*
A pesar de entender el valor de twitter, lo encuentro poco práctico, para poder estar al día, requiere demasiado tiempo. ¿Cómo le hacen las personas que siguen y son seguidos por tanta gente?
*
Departamento de quejas: las cocinas en las oficinas no deberían ser zonas abiertas, sino cerradas, y con paredes que aíslen el ruido. Oh, soy tan sensible al ruido y al parloteo de los demás.
*
Supongo que si no puedo controlar nada más, perseverancia es lo único que me queda. Sí, ser perseverante es lo único que está en mis manos.
*
La vida da muchas, muchas vueltas.
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Tantas canas que ni caso tiene ya arrancarlas una por una. Y la resistencia a tenirme el pelo. Seré una cabecita blanca a los cuarenta.
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Cuando veo las bodas perfectas de mucha gente me pongo a pensar todo lo que me hubiese gustado que fuese diferente en la mía. Pero luego me doy cuenta que dadas nuestas circunstancias no hubiese podido ser de otra manera, y me da gusto. Y hace dos semanas, en uno de nuestros restaurantes favoritos en LB, me topé con fotos de un libro que lo dice todo: Imperfect weddings are the best.
(Indeed.) ¿Para qué quiere uno la boda perfecta si lo que debería ser bueno es más bien el matrimonio? (¡Y sí que lo es, a pesar de la distancia temporal!)
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He descubierto que no puedo hablar de política con la mayoría de la gente. Es tan fácil acabar en discusiones bizantinas que no llevan a ningún lado. *Sigh* Mi bisa tenía razón: cada cabeza es una barbacoa (y la de cabezas duras que abundamos...)
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Bad timing: mucha gente se sorprende que tuviese tan claro que quería hacer de mi vida cuando tenía 14 años. Lo que a mí me sorprende es no saber qué hacer de mi vida profesional a los 31.
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Después de dos semanas sin poder correr, he vuelto a calzarme los tenis. No sé si me va a ayudar a bajar de peso, pero a estas alturas ya no me importa mucho. Lo que quiero es hacer buen uso de mi cuerpo, porque el sedentarismo sale caro. Y al final, qué más da. Seré gorda, pero con buena pierna.
Descubrí que me gusta correr al aire libre. Y que me gusta correr a media tarde, regresando de trabajar. Y justo entonces terminó el horario de verano y me he visto obligada a correr en las mañanas otra vez, ahora que oscurece a las 5pm. Yo que soy la persona menos entusiasta por las mañanas... pero ya llevamos tres días al hilo, así que esperemos que funcione.
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El amor en los tiempos de skype. La historia de mi vida. Y las distancias hacen que ahora mida el tiempo en periodos de dos semanas (cada que nos podemos ver).
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A pesar de entender el valor de twitter, lo encuentro poco práctico, para poder estar al día, requiere demasiado tiempo. ¿Cómo le hacen las personas que siguen y son seguidos por tanta gente?
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Departamento de quejas: las cocinas en las oficinas no deberían ser zonas abiertas, sino cerradas, y con paredes que aíslen el ruido. Oh, soy tan sensible al ruido y al parloteo de los demás.
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Supongo que si no puedo controlar nada más, perseverancia es lo único que me queda. Sí, ser perseverante es lo único que está en mis manos.
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