domingo, agosto 8

home sweet home

Pensando en lo que escribiría en este post caí en cuenta que a lo mejor mi falta de sentido de pertenencia viene de tantos cambios de casa y de escuela durante mi vida; aunque sé que hay gente que ha vivido mil cosas más y yo sólo soy una chilletas (el consenso últimamente tiende a decir que soy una berrinchuda ¡¿?!). Creo que la primera vez que fui consciente de esto fue cuando estaba en segundo de primaria durante un examen que por alguna razón tomé extemporáneamente con otras dos niñas fuera del salón de clases. Nos habíamos cambiado de casa meses antes y yo de hecho empecé primero de primaria en otra escuela y lo terminé en otro lugar al que tuve que asistir sin el uniforme hasta el fin del año escolar. Empecé segundo de primaria siendo todavía "la nueva" y "la cerebrito" y estas niñas querían que les pasara varias preguntas del examen, situación que trataba de evitar por cuestiones de honestidad, pero sobre todo porque yo misma no estaba segura de mis respuestas. Desde entonces me parece que no me gusta hacer o decir algo de lo que no esté segura si es que va a afectar a alguien más. Recuerdo en particular un ejercicio que ni yo creía entender, pero al que esbocé una respuesta que las niñas insistieron en copiar. Les dije que no, aduciendo que creía que era incorrecta, pero igual las dejé copiar ante el fastidio. Cuando nos devolvieron los exámenes calificados, efectivamente, ese ejercicio estaba mal. Esas niñas me reclamaron e hicieron que el resto del salón no me hablara y me robaban cosas. Creo que fue la primera y única vez que fui víctima de bullying en la escuela, aunque no la primera que me aislé de los demás y en la que me sentí en un lugar que no encajaba. Nunca me queda claro si me excluyen o yo me voy, pero se siente feo. Es extraño sentir a veces esta sensación de marchitez.


Afortunada me siento, sin embargo, de tener momentos, lugares, temporadas y personas que son mi hogar y parte de él.

Thank you, baby, for loving me the way you do, for letting me be myself.

lunes, agosto 2

Definitivamente este seria un mundo mejor si la gente cumpliera todo aquello que se compromete a hacer, en tiempo y forma.

*

Lo peor de esperar es mantener irracional esperanza, como el saber que uno no gana nada asomandose por la ventana, ni tratando de ver mas alla de la mas lejana esquina. Dejar que los nervios me consuman no haran que FedEx llegue a tiempo. Tratar de calmarse pensando en un plan B no funciona en este momento. Maldita la hora en que no insisti en enviarlo por DHL...
Oh, por que estas torturas solo por vivir en provincias!?
Si Edward Hopper (y su obra) fuese una película, ésta sería Revolutionary Road. Una escena perfecta (y hopperiana) es casi al final, con April de frente al ventanal de su casa y de espaldas a la cámara, una imagen que se va alejando, llena de color y luz y justa intensidad.

y la cita citable:

Tell me the truth, Frank, remember that? We used to live by it. And you know what's so good about the truth? Everyone knows what it is however long they've lived without it. No one forgets the truth, Frank, they just get better at lying.
April Wheeler a su esposo Frank.

lunes, julio 26

todos los caminos llevan a casa

Aunque a veces no sé muy bien por qué me cuesta tanto el regreso. Pero dicen (al menos lo decía JCR), que eso nunca es una experiencia anodina...
Antes era mi hermano, juegos de poder, supongo, deplazamiento de atenciones, recursos o algo así, pero nos costaba acomodarnos en la misma casa por una semana o dos; si es que llegábamos a coincidir. Ahora ajusté todo (empezando por mis fechas de viaje y mi calendario de trabajo) con tal de llegar a verlo antes de partir, y sólo por verlo dos días. Dos días en los últimos seis meses, y confórmate con eso, porque con suerte, de nuevo, quizá en Navidad. Y yo cargando aún más huecos.
Ahora, o últimamente, es sobrevivir al suplicio de sentirme como una cría por las maneras en que me tratan, como si tuviese cinco años, como si el mundo girara alrededor de mí y de mis caprichos. Eso, o el opuesto contrario: escuchar, buscar soluciones, resolver.
Lo peor es llegar con la maleta perdida en sabrá Dios dónde, recuperarla justo a tiempo para desempacar y empacar de nuevo y partir a ese cacho de tierra de los orígenes, a rendir tributo al abuelo caído, sobre una loza que ni siquiera tiene su nombre, ante la cual ni siquiera dejamos una oración (las flores, ésas no cuentan). Y el reencuentro con esas raíces resulta en una bofetada, en unas ganas de querer no estar ahí, en el creciente fastidio por tratar de hacer oídos sordos a los innumerables comentarios a propósito del sobrepeso, la edad, la soltería, la ausencia de hijos y la incomprensión por la carrera elegida. Mi abuelo nunca entendía, pero al menos me hacía reír. Lo extraño. Pienso en que no quiero regresar más. Pero me gusta el color de esa tierra fértil, me gusta quedarme en el corredor mojando mis pies con el agua de lluvia, las pitayas en el mercado, la pulpa de guanábana, los caminos rodeados de verde, las casitas todas iguales, los chanchamitos de la esquina, los ojos de mi abuela al despedirnos.
Nunca puedo estar al 100% en el mismo lugar, y mi corazón se reparte en cuatro puntos cardinales.
Busco silencio, aire fresco, soledad, para ver por la ventana, para leer con tranquilidad; pero leer me hace añorar los ratos tumbados entrelazados con diferentes libros en las manos, o con las historias que me lee porque yo me he vuelto lenta y desidiosa. Y me pierdo en el arte de extrañar y recordar, aquí y allá.
Estoy y no estoy. Y mi corazón se envuelve en un aura de saudade.

martes, julio 13

...

De vuelta a las andadas de escribir un paper. De vuelta a mis cuadernos cosidos tipo composition books donde escribo todas mis notas de lo que debo hacer, lo de debo recordar y mi bitacora de trabajo en general. Quiza ahora si pueda por fin dedicarme e-x-c-l-u-s-i-v-a-m-e-n-t-e a escribir un paper. Pero no. Trabajar para el departamento implica, dice la experiencia ajena, una tarea demandante y tediosa, pero un mal necesario a final de cuentas porque nada en esta vida es de a gratis. Y justo cuando crei que ya daba por terminados todos los requerimientos de clases presenciales, este otonio se abre el ultimo curso de economia experimental con el que podria sacar una tercer area de especializacion... Dilemas. Por lo pronto, de vuelta a las andadas de empacar maletas, limpiar el refri, corretear gente con papeles por firmar, dejar cheques postfechados, pedir cartas, y despedirse temporalmente, por primera vez en muchos anios, con ganas de no partir y de que el tiempo pase rapido para volver.

lunes, julio 5

miscelánea

Hice mi primer año de la preparatoria en una escuela que odié con todas mis fuerzas como pocas cosas en la vida. En poco tiempo me di cuenta que mis amigas de la secundaria y yo cambiamos de formas muy diversas (o quizá más bien ellas cambiaron y yo no) y el resto de la gente me parecía insulsa y aburrida. Pasé la mayor parte de los recesos comiendo mi sandwich en el salón mientras leía libros o avanzaba tareas o mi trabajo de becaria, y así fue como empezó mi relación con un par de outcasts como yo que recuerdo con mucho cariño. A era una chica rarísima que medía como 1.85m y pesaba como 150kg y usaba tacones de 10cm, decían que tenía una serpiente y/o una tarántula en su casa como mascota, no tenía más amigos que su madre, de quien era inseparable, y tenía una lengua mordaz pero a la vez era bastante ingenua una vez que bajaba la guardia. Era, sobre todo, una fanática del teatro, en particular de los musicales de Andrew Lloyd Weber, y ella misma estaba escribiendo una novela de misterio de la que saldría un musical. No sé si éramos amigas pero al menos me tuvo la suficiente confianza para prestarme su manuscrito para revisarlo. Uno de los dos descansos que teníamos al día lo dedicábamos a discutir mis impresiones sobre su historia y sobre el giro que debía darle a los personajes o a la trama; a veces me contaba de las obras de teatro de Broadway a las que había ido en el viaje de cumpleaños que hizo con su madre a NY por sus 15, y una vez hasta me enseñó fotos de todos los viajes que había hecho por el mundo. Ella también odiaba esa escuela y finalmente se cambió a otra preparatoria donde sacó la prepa abierta e hizo la carrera de nutrición en tres años. Mi otro amigo era Lalo, a quien muchos consideraban un ñoño y a quien yo creía un pequeño genio en potencia que me hacía reír y a quien yo le tenía mucho cariño. Él estaba convencido de que podría construir una réplica de una bomba de la segunda guerra mundial a partir de unos planos que había bajado de internet. Lalo fue de las pocas personas de quien me despidí cuando me mudé al DF el siguiente verano, y durante el resto de la preparatoria solíamos hablar por teléfono a larga distancia de vez en cuando, y nos mandábamos emails una vez al mes (él fue quien me ayudó a abrir mi primera cuenta de correo electrónico ¡en hotmail en 1996!) y nos juntábamos para tomar café cada que yo volvía a Tampico. Después se mudó a Monterrey para estudiar biogenética y crear un ejército de changos voladores, o algo así, plan que dejó de lado para mejor casarse luego de terminar la carrera de quién sabe qué. VA se cambió de escuela durante el primer semestre y aunque me partió el corazón, también nos despedimos antes de que yo me fuera al DF. La última vez que vi a DP fue cuando lo ayudé a estudiar matemáticas para su extraordinario en diciembre de 1996, él murió años después en un accidente en carretera, y por alguna extraña razón a veces en la calle me cruzo con chicos que me recuerdan a él, cosa que también a veces me pasa con Steve, y olvido que ya no están físicamente entre nosotros. Otra de mis tutoreadas era AC, una chica linda y de buenos sentimientos pero con poco sentido común, por decir lo menos; gracias a ella, sin embargo, fue que conocí muchos de esos detalles de la alta sociedad porteña que yo denostaba pero en el fondo de mi corazón adolescente a veces moría por vivir. Sé que de vez en cuando salía con mis amigas de la secundaria, pero me aburría infinitamente, y de ninguna me despedí cuando me marché; fue casi a punto de terminar la prepa que volví a conectarme con ellas, sin significativos altibajos hasta la fecha. Guardo uno que otro recuerdo de ese año nefasto en esa escuela del mal, pero definitivamente tengo en la memoria una que otra enseñanza de la terrible educación que también recibí ahí (pésima relación calidad-precio, por cierto). Y toda esta cantaleta viene por una de esas clases de filosofía de ahí, en donde destacaban la importancia de saber separar lo contingente de lo necesario, cosa que últimamente veo que nunca he terminado de aprehender.

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Cada vez me convenzo más de que después de vivir aquí puedo ser capaz de vivir en donde sea, bajo las circunstancias que sean (sí, a veces me sobreestimo con ganas). De lo que sí estoy segura es que estos tres años en Tucson me han ayudado a saber apreciar el significado de los pequeños detalles, a saber valorar lo que es importante, y a entender que en verdad no se necesita de mucho para ser feliz.

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Mi manía por buscar patrones hace inevitable el percatarme de que pareciera que cada vez que mi corazón vuelve a latir, la distancia hace irremediablemente de las suyas.

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"El amor infantil sigue el principio: Amo porque me aman. El amor maduro obedece al principio: Me aman porque amo. El amor inmaduro dice: Te amo porque lo necesito. El amor maduro dice: Te necesito porque te amo."
-Erich Fromm, El arte de amar.

sábado, junio 26

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Semana número tres.
Nunca en mi vida había deseado tanto que fuese viernes. Desde hace por lo menos 23 años he ido a la escuela o al trabajo y nunca esperé con tanta impaciencia el fin de semana. Tres de la tarde y acabo exhausta, para las cuatro, una vez libre de mis horas de oficina, me estoy muriendo de hambre y de sueño mientras me debato entre buscar algo para comer o esperar a que sea una hora decente para cenar. Me pongo de malas o trabajo como loca hasta que WR empieza a rondar por ahí, y entonces el mundo se puede caer a pedazos y yo tendré aún algo de esperanza y una sonrisa con mirada pispireta. Y entonces el sol sale de nuevo y la vida recupera su sentido. Y aunque jure que trabajaré como loca sábado y domingo para no sufrir entre semana, es difícil priorizar en lo que se debe cuando se prioriza en lo que se quiere.

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Demasiado romántica para ser economista, es el título de un texto que tengo en mente desde hace tiempo y que siempre que se me llena la cabeza de ideas nunca tengo una computadora o algo donde escribir mis notas a la mano. Ash.

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Tres semanas más. Mi vida definida de tres en tres. Contando los días para irme, y desde ya contando los días para volver.