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viernes, mayo 15

excusez moi

En nuestro último retiro espiritual en la casita de las monjas en Valle, por razones todavía un tanto inciertas tuve un episodio de convulsiones (hipótesis más convincente: desmayo, caída sobre una banqueta, golpe no mortal en la nuca o cerca de ella, et cetearis...). Dicen que salvo el nombre de mi señor padre y mi entonces señorito novio, fui incapaz de pronunciar palabra o hilar ideas y estuve inconsciente toda la noche y sólo recuerdo un flashazo en el que me subían a una ambulancia. A la mañana siguiente me desperté en un cuarto diferente al de los dormitorios de la casa de retiro, yo de lo más fresca y sin entender por qué todos me miraban como si fuera Lázaro recién resucitado, porqué me dolía tanto la cabeza y tenía un moretón en la mandíbula más el labio inferior roto y porqué Caty y Sonia no se me separaban ni un momento. Cuando regresamos al DF y mis padres me recogieron en la escuela me dijeron que las monjas me habían condicionado y que no tenía permitido volver a clases hasta que me hicieran análisis y ver qué diablos me pasó. Los estudios no mostraron ningún daño posterior o condición neurológica de cuidado, así que se tomó eso como un episodio aislado a partir del golpe y fin de la historia.
Hace poco publicaron en PostaSecret una tarjeta en donde alguien confesaba que a veces deseaba ser incapaz de tener hijos para así tener una excusa para adoptar. Eso me dejó pensando porque de forma similar a veces quisiera yo tener una excusa para cuando yo me siento increíblemente torpe. Quienes me conocen saben que tengo muy buena memoria, soy capaz de recordar detalles que para mucha gente pasan desapercibidos, eventos que la mayoría olvida y pendejaditas que a nadie importan. Sin embargo, en ocasiones he descubierto varias lagunas y eso primero me duele y a veces me asusta. Se trata de cosas que han ocurrido y es como si me hablaran de una película que nunca he visto, imposible de entender que haya pasado. Nada grave, pero extraño, recuerdos que se han perdido; una monedita argentina que Sonia nos regaló a Gaby y a mí en una despedida, no logro recordar cuando pasó ni dónde está la parte que me tocó a mí, y eso que yo guardo hasta los recaditos que nos pasábamos en clase durante la prepa; la casa de I, hace varios años también, logro recordar todo lo que hicimos ese día, pero no dónde era su casa ni que estuve ahí, aunque hay fotografías que lo comprueban. Lo más reciente, que fue cuando empecé a darle vueltas a este asunto nuevamente, fue una plática con Fer donde me preguntaba sobre una historia que le conté de JCR una noche que bajábamos al metroTacubaya. Fer me insistía y me insistía ("acuérdate Kari, acuérdate, no se te puede olvidar, tú siempre has tenido buena memoria") y no me creía que no recordara, siendo que de JCR guardo con harto cariño tantos momentos y tantas historias. Lo más extraño es que tengo memoria selectiva, pero no para los buenos recuerdos, es tan raro. Sin embargo, lo que me preocupa en realidad es cuando siento que mi capacidad de almacenamiento en mi memoria se ha deteriorado con el tiempo. A veces me pasa que olvido qué películas vi la semana pasada, o que a la mañana siguiente no recuerdo de qué trataba el capítulo que leí y disfruté tanto. Mi madre diría que eso es porque estoy distraída, que no estoy concentrada. Lo que me preocupan son las ideas y el conocimiento que deberían acompañarme en el largo plazo. Pienso que si este año tuviese que presentar mis prelims de nuevo no sería capaz de responder satisfactoriamente, o que si tuviese que volver a programar en UNIX ya no sabría cómo hacerlo, después de dos años de trabajar y comer de eso, sólo por poner un par de ejemplos, no demasiado exhibicionistas. A veces quisiera que ese golpe en la cabeza o mi otro acompañante ahí dentro tuvieran una razón de ser más allá de lo que son, para así tener al menos una explicación, o más bien una excusa, cuando mi desempeño no es tan óptimo como debiera. Cuando pienso eso me siento culpable, y pienso que en el fondo está bien sentirse mal por pensar eso, porque supongo que buscarse excusas de esa magnitud es una forma muy vil de autocondescendencia. Igual a veces lo pienso. Igual a veces me intriga.
Ya se me habían pasado esos pensamientos cuando hoy por la tarde mientras caminaba pasó un señor en bicicleta y como es mi costumbre me le quedé mirando (últimamente pongo atención a los ciclistas porque pronto me haré de una bici para mí). Me di cuenta que su brazo izquierdo sólo llegaba hasta el codo, así que sólo sostenía el manubrio con su mano derecha; la bicicleta no tenía modificación alguna que hiciera más fácil o cómodo el manejo del manubrio. Dio vuelta a la derecha en Mountain e inclinó todo su cuerpo al frente para que su codo izquierdo se apoyara en el manubrio y así ejercer presión y cambiar de dirección. Con dos manos y dos piernas me he inventado cantidad de historias para no usar la bicicleta. Con electroencefalogramas e IRMs limpios quiero buscarme excusas para mi memoria. Ver a ese hombre me hizo recordar la fuerza de la voluntad, y que ésta es tan poderosa que más vale encauzarla positivamente. Si me he de convencer de algo, que sea de algo bueno, pues.

domingo, julio 13

allá arriba, allá afuera

si es posible que llegase a haber algún tipo de forma de vida en otro planeta, no en este momento, pero sí en el futuro (miles de millones de años a futuro) o se encuentre evidencia de vida en miles de millones de años atrás, me pregunto si entonces esto de la vida es una cuestión de estafeta, que a veces nos toca aquí y a nosotros, y a veces esto acaba y le toca a alguien más en otro lugar... y bueno sí, como la vida misma, supongo

(y todo este círculo cantinflesco-redundante salió por el reportaje de EPSemanal, acá)

y a propósito de la posibilidad de vida en lugares complicados:

(esquina de la calle Colón ya casi en la bajada al mercado; Tampico, Tamps.)

(y según creí recordar que Martín tenía una foto parecida pero no la encontré... y ahí anduve dando vueltas por el omóplato y nada ¿me la imaginé, acaso?, como sea, aprovechemos la ocasión: historias en imágenes bien buenísimas, ya no busque más y pique aquí)

sábado, febrero 16

Eternal Sunshine of the Spotless Mind

A veces es difícil sentarse a trabajar con tantas cosas dando vueltas cual pájaros enjaulados en mi mente. A veces es como si viviera en un mundo totalmente distinto adentro de mi cabeza. Pero eso es en parte porque siempre tengo el pensamiento en otro lado donde desearía estar o porque me acuerdo de algo que ya pasó o me preocupo por algo que no ha pasado. En esa realidad alterna es chocante cuando mis ojos se topan con el procesador de textos y ven el entrecomillado “Network externalities and technology adoptions (…)” el paper que presento el lunes. Entonces me digo que debo trabajar y dejar de andar revoloteando entre recuerdos. Recuerdos. Pienso entonces en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, y en lo mucho que me gustaba esa película y en como lloré y lloré mientras pensaba corre Clementine, corre Joel, no dejen que les gane el tiempo, no dejen que llegue el tiempo y les robe sus recuerdos. Me gustaba esa película porque era como una promesa, una promesa de que el amor era eterno, aun a costa de nosotros mismos, de que el amor verdadero no se va, aunque nos duela, de que las segundas oportunidades existen y tenemos esperanzas. De pronto ya no pienso eso, el amor no es heroísmo y las segundas oportunidades no siempre funcionan. Asi que guardo los recuerdos como compañeros y evidencia de mi vida, pero no como tesoros incuestionables o promesas de que otros tiempos van a volver. Pero no hay amargura en esto, simplemente es como ilusión que se diluye. La verdad es que, en el fondo, estoy convencida de que el amor llega así de pronto, sin avisar, sin esperarlo, al final de una serie de eventos que de maneras a veces absurdas tenían que confluir para unirnos. Porque el amor nos llega cuando estamos listos, son patrañas eso de “llegué demasiado tarde/temprano a la vida de alguien”, no es cierto. Todo llega a su momento, en su momento y lo importante es estar bien con uno mismo para no forzar las cosas y estar abiertos a saber responder a tiempo. Eso es lo que dice Hesse en voz de Demian. Y eso también es la idea detrás de lo que dijo no se quién: "cuando te toca, ni aunque te quites; cuando no te toca, ni aunque te pongas" (ash, ya me acordé, lo dijo una vez el wey que daba las clases de yoga en el programa matutino Hoy).


sábado, enero 12

girls & boys (o sobre las incompatibilidades)

Street's like a jungle
So call the police
Following the herd

Down to Greece
On holiday
Love in the 90's
Is paranoid
On sunny beaches
Take your chances looking for

[Chorus]
GIRLS WHO ARE BOYS
WHO LIKE BOYS TO BE GIRLS

WHO DO BOYS LIKE THEY'RE GIRLS
WHO DO GIRLS LIKE THEY'RE BOYS
ALWAYS SHOULD BE SOMEONE YOU REALLY LOVE

Avoiding all work
Because there's none available
Like battery thinkers
Count your thoughts on 1 2 3 4 5 fingers
Nothing is wasted
Only reproduced
Get nasty blisters

Du bist sehr schon
But we haven't been introduced

Girls & Boys
-Blur

Esta canción en realidad me trae un buen recuerdo, que poco tiene que ver con la razón por la que la puse aquí. Corría el año de gracia de 2003 y nos dirigíamos al sur de la ciudad para acabar en una peda de calimocho con dos galones de tinto Carlo Rossi, 2 botellas de Coca-Cola y una botella de Paternina (pal cumpleañero en cuestión que acabó compartiéndola con nosotros -sin coca, obviamente). Eran tiempos felices (como casi todo tiempo pasado, que creemos mejor), en los que mayoría de nosotros habíamos vuelto del intercambio, estábamos felices de vernos otra vez y teníamos por delante el último año de la carrera, con la seguridad de una educación subsidiada, becas y/o financiamento paterno. Aún estábamos lejos de enfrentar el desempleo, el subempleo o el sobreempleo. Un jovencísimo Paco hacía proezas sobre Insurgentes Sur (suficiente alcohol ya traíamos encima), con el coche lleno de gente cantando y diciendo estupideces. Y en eso puse el Best Of de Blur y Javier pidió la diez (también mi favorita) y empezamos a cantarla a grito tendido, hasta que pasa el corito de ah-ah-ah-ahah (sí saben cuál ¿no?) y nos calla a todos para cantarlo en un falsete que de tan bueno nos asombramos y nos matamos de risa. Y, oh sí, reímos tanto, que se convirtió una broma común por un comentario de bar gay que hice al respecto. Girls & boys es una canción que siempre me pone de buenas y me hace bailar y dar brincoteos por todos lados.

Recordé esta canción esta mañana mientras pensaba en lo difícil que a veces resulta entender ese polinomio extraño de "Z quiere a Y, quien a su vez quiere a X y por ende no puede corresponderle a Z; pero Z es tan bueno/a que es injusto no hacerle caso y es una opción dado que X no pela a Y o X ya está con W, pero en el camino de Y se ha cruzado V metiendo más conflicto y duda"... o algo así (las combinaciones pueden ser infinitas, más o menos dramáticas, más o menos excéntricas). Eso me hizo cuestionar eso que tanto se dice de Dios los hace y ellos se juntan. A veces pienso que estas cosas complicadas son sólo pruebas, y a veces (lo siento, lo pienso sin herejía) creo que al dios Eros le falla un poco el tino. En fin, nada personal.
Sólo que es difícil entender porqué no somos correspondidos en la misma medida en que amamos y si esa asimetría califica como amor. Luego se voltea la historia y es triste no poder corresponder cuando somos conscientes de ello y sentimos este orden injusto. También pienso que podría ser lindo contar con finales alternativos a nuestras historias de amor/desamor: un último beso, una mirada de soslayo, una promesa, un amén para nuestra oración. Pero por algo no se puede, I guess.