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domingo, abril 19
una vez más
Hace veinte años también celebraron su aniversario en el hospital. Y a sus ojos ella no ha dejado de ser la mujer más bella, a pesar de todo; y ella no habría podido hacer su vida con alguien más que no fuera él, a pesar de todo. Tienen casi ocho años viviendo separados y durmiendo mal los fines de semana: él por las incomodidades de viajar para ir a verla y ella porque no duerme hasta asegurarse que él ya llegó. Se hablan todos los días y se envían al menos un mensaje diario. De niña me gustaba leer las cartas que se escribían, de novios y luego de casados, porque desde siempre por una u otra razón han pasado temporadas viviendo en lugares distintos. Pensé que eso ya no pasaba hasta que hace un año sin querer descubrí que se mandan mensajitos que guardan en un archivo exclusivo en sus celulares (ternurita bochornosa, ¡como adolescentes!). Mis padres cumplieron hoy 28 años de casados, y las fechas y las circunstancias dejan muchos sentimientos en mi corazón.
lunes, marzo 30
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Como casi todo mundo, supongo, tengo la cabecita atestada de relaciones imágenes-sonido que a la vez me hacen evocar un montón de momentos pasados y sensaciones. Quería escuchar esta canción de Travis, Turn, que era así como mi himno a la alegría cuando tenía 19 años, pero acabé escuchando todo el disco y podría escuchar Writing to Reach You hasta la náusea porque adoro el bajo y la guitarra en esa canción. The Man Who es uno de los discos claves de mi OST y fue un compañero inseparable en prácticamente casi todos los viajes DF-Tampico-y-de-regreso que me aventé durante toda la licenciatura. Sin necesidad de cerrar los ojos la música me transporta de nuevo a mi asiento en el autobús, a oscuras y con la cortinilla abierta, la nariz pegada a la ventana, viendo las lucecitas de colores, mirujeando hacia los edificios, los otros coches, sufriendo el tráfico de Insurgentes Norte y así hasta pasar la caseta y que todo el camino se vuelva casi negro, iluminado apenas por las luces de los otros coches y, a veces con algo de suerte, de la luna. Extraño a veces esa sensación. Se me hacían las horas eternas hasta llegar a mi destino y a la vez solía tener mucha paz; es muy raro que pueda dormir en el camino y aprovechaba para ponerle orden a mi vida aunque fuese nada más en la cabeza. Tener de nuevo un atisbo de esa sensación me tranquiliza un poco. Un poco es eso, y otro poco que hay cosas al final decido guardar en el cajón de "pensaré en eso mañana".
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