miércoles, junio 6

esas cosas curiosas de la interné...

que si quieres publicar en buenas revistas no uses Office 2007; eso dice este artículo (cuando armemos el Journal of Loser Economists trataremos de estar a la vanguardia)

y que ojo por si te cachan en el Google Earth, porque te ven hasta los calzones (la nota y la foto aquí)

PD1. Escuchen la canción Colorado, de Fussible (Colectivo Nortec) del Tijuana Sessions Volumen 3, que es rebuena. Tenía casi un mes sin escuchar música y ayer después de que hablé con Jaime que ahora vive en Tijuana me puse a oír Nortec en su honor.

PD2. Me pone triste el "otra vez la burra al trigo" de ETA. No sé si les valdría la pena replantearse la lucha vasca por una vía alterna al terrorismo; para qué tanto ruido con el alto al fuego "definitivo" del año pasado si no.

martes, junio 5

la vida es una tómbola

no, no es que no tenga nada qué hacer, todo lo contrario, pero no hay nadie por acá con quien hablar y llevo todo el día en medio del trajín y escribir aquí 5 minutos me despeja un poco.
La cosa es que aún con los pendientes resulta que me llevo sorpresa tras sorpresa con todo mundo, desde amores que van y vienen, hasta amigos que desaparecen de pronto y regresan con herencias millonarias y cambios de vida de 180°. Demasiadas cosas para un solo día y sin comer. Lo único que necesito es un abrazo. Ese abrazo que sé me protege y me reconforta y que me recuerda que todo saldrá bien. Nada más.

Update: sí, claro y yo que me quejaba del calor... me quejaba porque ya no estoy acostumbrada y veo que será difícil habituarme al desierto de Arizona. Bueno, pues decía que me quejaba y para que se me quite lo mula, Dios me castigó y se acaba de venir una tormenta en este bendito cerro. Claro, esa lluvia tan oportuna a las 8pm a punto de salir a casa.

Neruda (poema 10 -fragmento-)

Entonces ¿dónde estabas?
¿entre qué gente?
¿diciendo qué palabras?
¿Por qué se me vendrá el amor de golpe,
cuanto me siento triste y te siento lejana?

miscelánea

Escribo para ver si se me baja un poco la euforia. Debo entregar un informe importante mañana y ni siquiera he comenzado. En el ínter se meten a mi cabeza ideas que amenazan con ponerme triste pero no les hago caso, digo que ahorita no es momento, aunque siento cómo se estruja mi corazón, literalmente.
***
Odio el sistema bancario de este país, el servicio es pésimo y los costos son altos y no reflejan la calidad de la atención que recibimos. Esto lo discutí muchas veces con Luciana, que dice que los bancos son lo peor de México, y con D, para quien la competencia bancaria es una patraña, algo con lo que estoy bastante de acuerdo, pero justifico argumentando que la situación de competencia se va dando paulatinamente. Sin embargo, no es razón para que sean tan caros e ineficientes sus servicios; los bancos operan en medio de un absurdo impresionante, y lo único que quería era una copia de mi estado de cuenta que no llegó. En fin.
En contraparte, me encanta Javier Solórzano, está haciéndole una entrevista a Ugo Pipitone, y ¡oh Dios!, tan guapo él. Me los encontré mientras iba corriendo por un café y a recoger un fax al conmutador porque para mi bendita suerte el de mi división no sirve. Y claro, yo en mis fachas.
Y luego este calor, qué impresión. Si mal no recuerdo, en la primavera de 1998 se rompió el récord histórico en los últimos 20 años de altas temperaturas, algo así. Y el récord era de 30°C. Bien, pues nos estamos asando en esta ciudad. Sábado, domingo y lunes alcanzamos de nuevo esa temperatura. Y yo que sudo horrores. Y mis ventanas que son una burla, no entra el aire, sólo pasan los pequeños insectos que llegan a dar vueltas alrededor del foco. No puedo dormir por el calor y como ya me voy ni para qué invertir en un abanico (sí, pues, ventilador). Lo único bueno de todo esto es que mi insomnio es productivo: trabajo hasta las 3am haciendo matemáticas. Y por el calor me levanto temprano y puedo llevar el día normal, como si nada. Ah, claro, pero tengo que trabajar. Sí, mi informe. Mejor regreso a mis tareas antes de que me dé sueño ahora sí.

lunes, junio 4

...

Difícil escribir en este momento. Me he hecho una mujer muy ocupada en parte para no pensar demasiado en cosas que me apachurren el ánimo. No, es mentira, no lo hice a propósito, pero como que todo fue ocurriendo así. La verdad no quisiera escribir porque eso me obliga a tratar un tema que será persistente estos días: es mi último mes aquí. Sí, lo sé, no big deal, pero me está pesando.

El sábado fue un buen día, me invitaron a dar un recorrido en el museo para los nuevos voluntarios y fue una experiencia muy comprometedora que me hizo aprender mucho; lo único malo es que me puse muy nerviosa y hasta cierto punto insegura... creo que pude haberlo hecho mejor y lo lamento... Pero bueno, después de eso me llevé una grata sorpresa.
Tuve un encuentro de esos lindos. Fui a hablar con J, mi coordinador, para avisarle que éste será mi último mes en el museo. Le conté lo de la beca y la universidad y yo nada más sentía la tristeza que me daba al decirle esto, y un dejo de temor porque sé que me estoy yendo con menos de un año de laborar con ellos. J no se esperaba esta noticia, pero a pesar de todo fue amable y generoso conmigo. Hacía tiempo que alguien no me decía cosas que me hicieran sentir tan bien, en el sentido de la decisión que estoy tomando y el no temer al futuro. Me sorprendió sobre todo porque tenemos poco de conocernos y no habíamos interactuado mucho. Afortunadamente he contado con personas que me apoyan y cuyo cariño siento y agradezco de corazón, pero J me dejó muchas cosas buenas con nuestra charla del sábado. En particular traigo en la cabeza eso que me dijo de “si hace tres años me hubieran dicho que estaría aquí, no lo hubiera creído"; fue como si me dijera "no te predispongas, no sabes lo que puede pasar, pero lo que sea, será lo mejor”; suena de lo más común, pero para mí significó mucho; me recordó varios pasajes que me gustan de la historia de Demian, de Hesse, y también me dio fuerzas para no tenerle miedo a lo que viene por delante, sino mejor seguir, aprender, vivir y dejarme sorprender. Quizá J no sabe lo mucho que dejó en mí, pero se lo agradezco enormemente. Es una gran persona.
Salí del museo y me sentí ligerita ligerita de alma. En todo lo que va del año cuando salgo del museo me da un poquito de tristeza porque antes de enero, las ideas al museo acababan en una cita para ir a comer, con esa grata compañía que hoy no tengo. Sin embargo, este sábado me sentía casi plena. Caminé hacia Madero y resultó que estaba la calle cerrada. El centro de la ciudad nunca deja de sorprenderme. En todo este tiempo ninguna ida al centro histórico ha sido igual a otra. Si no es un concierto, es una manifestación, una asamblea, un campamento, filman una película, hay un desfile, etc., etc., etc. El sábado sucedió que varias alcantarillas explotaron. Todo un caso. Tuve que cambiar de camino y, justo debajo de los arcos, rumbo a 16 de septiembre me percaté de que estaban arreando la bandera. Hace tiempo que dejé los nacionalismos, pero la ceremonia de los honores a la bandera aún me sigue gustando. Así que me quedé a ver el trajín de los más de diez soldados intentando lidiar con el lábaro ése inmenso y resulta que estaban desenredándola. Me pareció divertido y me puse de buen humor. Me agarré entonces a caminar por el centro por alrededor de dos horas. Hacía rato que no lo hacía.
El día estaba bien lindo. Zigzagueé por varias calles pensando que siempre he ido al centro con gente muy querida, tengo muy buenos recuerdos. Desde mi primer recuerdo en el zócalo a los 8 años de edad (y que me compraron mi primer paraguas en la calle de Moneda); las visitas estudiantiles con mis amigas de la prepa; las idas de compras con Sonia y con Gaby para revender cosas y ahorrar el excedente para nuestro viaje a Europa; los conciertos masivos a los que fui con mis padres, Vicente o ese banda tan buena que se armó la vez del Virreyes y de Manu Chao; las caminatas con Fer, Gonzalo y Tito, entrañables amigos; las muchas calles recorridas con él, incluyendo nuestro último paseo una noche a mediados de diciembre de 2006, donde me puse junto con los niños a recolectar algodón de azúcar que escapaba volando de los puestos; y así y así, hasta llegar a una noche de febrero donde lo mejor que recuerdo fue que pasamos por un cono del McDonald’s y alargamos el momento caminando hasta la estación del metro Juárez.
Caminé finalmente hasta el Teatro de la Ciudad en Donceles para comprar los boletos para el ballet. De regreso a Eje Central por Madero me sentía sumamente feliz, consciente de ser feliz, algo que no pasa muy a menudo (la última vez que me preguntaron si era feliz, hace un mes, lo guardo como un recuerdo rudo y triste). Entonces me invadió un sentimiento enorme de algo así parecido a la tristeza, pero sin serlo, este sentir de darme cuenta que me estaba despidiendo de esta parte de la ciudad, de un mosaico de recuerdos de diez años de mi vida. Estuve a punto de llorar, pero no me gusta hacerlo en público y me aguanté. Así vislumbré la Torre Latinoamericana y volví a alegrarme: ése fue el primer sitio que visité en julio de 1997 cuando a los 15 años me mudé al Distrito Federal. Ahora sé dónde será mi despedida.

viernes, junio 1

Hora de partir

En el fondo, me agrada la idea de saber que todo se acomoda poco a poco, que todo tuvo su razón de ser y que, al final, todos estamos bien. Sobrevivimos, algunos mejor que otros, pero estamos, seguimos.
Tranquilidad (con un ligerito escozor, lo admito).

hoy

Por más que lo intente me es muy difícil no preocuparme por los demás. No me malentiendan, no soy la madre Teresa reencarnada, es sólo que hay gente que guardo celosamente en el corazón y quisiera que nunca nunca les pase algo malo. Una vez un grafólogo interpretó mi firma y le atinó a muchas cosas, era un tipo que no me conocía y, según él, mi firma mostraba que si pudiera, pondría a toda la gente que quiero en una cajita de cristal para protegerlos. Soy aprehensiva y sobreprotectora; me gusta que los demás estén bien. Por desgracia, eso no quita que haya hecho daño en ocasiones y que me haya equivocado estrepitosamente. Así que es verdad eso de que las personas que más amamos son las que más nos lastiman. En fin. Escribo esto porque mi corazón me estruja y ya no sé si es el pasado, el presente o la incertidumbre del futuro. La cosa es que se me está apachurrando un poquito el ánimo y por eso escribo, cuando de verdad me gustaría hablar de cosas más amenas, y nomás no dejo de decir pavadas... que de todos modos son ciertas.

Bluff
Hoy en la mañana fui a una discusión de un documento sobre empresas familiares. Estaba que me jalaba los pelos de la desesperación porque el trabajo metodológicamente era bastante deficiente y tenía serios errores en la definición de sus objetivos y la delimitación del tema. Lo peor es que se escudaban con que era un informe de diagnóstico y casi casi que ellos eran los pioneros en este tipo de estudios... bluff... ERROR. Cómo podemos llegar a ser tan cortos de miras. Y cómo podemos creernos sólo lo que queremos ver y lo que queremos creer. Quedé de mandar mis comentarios y algo de bibliografía. No quiero ser la pesada, pero si algo ando haciendo mal, creo que me gustaría saberlo. Mhmm... vaya, supongo que es probable entonces que reciba comentarios para este post...

P.D. nótese el uso de los puntos suspensivos... procuro evitarlos y ahora proliferaron aquí descaradamente.