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lunes, abril 14

el té es una bendición

hay comidas y bebidas a las que les tengo una fe casi ciega, como las lentejas para ponerme de buenas, la miel para tener energía o suavizar la garganta, el café para quitar el dolor de cabeza (siempre que no sea en exceso, porque luego mucha cafeína tiene el efecto contrario), el chocolate como sustituto -no perfecto- de los besos, el helado como recompensa por algo bien hecho (o para compartir un buen momento), el mezcal para llenarse de calorcito las entrañas, las galletas y los chicles para curar la ansiedad, y el té, oh sí, el té para apaciguar ánimos y dolores de panza.
Ayer me di el lujo de comprar una cajita de 20 sobres de té verde con mandarina, $4.99, ¡oh, pero los vale! Y es que llevo todo el día dando vueltas pa todos lados como león enjaulado y no logro terminar esto. Ahí va, ahí va, pero qué desidia, qué caray. Y ese tecito me supo a un pedazo de gloria, eso y una cuartilla escrita. Buen deal.
Y es que con gusto, con muchísimo gusto, I'd rather dance with you (mil veces lo preferiría), pero ya un día...

(oooh, y ya es lunes, hoy es mi medio cumpleaños ;) !)

martes, enero 15

miscelánea

coming back to town

y no sé si poner carita feliz :) o triste :(
Pero según mi tarotista (bueno, la de Sonia), 2008 será un año de estabilidad y equilibrio, siempre que logre lidiar con la tristeza.
Feliz por los nuevos bríos y este brillito centelleante adentro de mí que parece optimismo. Lo que sea pero, al menos, muchas ganas de trabajar.
Triste por todo lo que dejo una vez que llego aquí (aunque me sale una sonrisa entre tanto recuerdo -guiño, guiño-).
Ceño fruncido porque me choca esa costumbre tan tucsoniana de andar en chanclas s-i-e-m-p-r-e. Nunca he entendido cómo haciendo frío la gente sale con suéteres, sudaderas, ropa térmica, bufanda y CHANCLAS. Pa acabarla me repatea el sonido de un caminar chancleando, pfff... (fin de mis cinco minutos de intolerancia del día de hoy).
Suspiro: atardecer rosado, cielo claro, viento frío.

***

Recuento

Mhmmm... iba a ponerme a contar aquí lo bonito de mis vacaciones y los reencuentros, redescubrimientos y esas cosas, pero es algo tan personal que supongo va a resultar aburrido. Anyway, hay algunas fotos que espero ir subiendo al flickr, aunque algunos de los mejores momentos no cuentan con imágenes (patrimonio intangible que le dicen).

Por lo pronto, para decorar esta entrada, una imagen de la serie Homage to the Square de Josef Albers, gran gran gran descubrimiento gracias a la exposición que aún tienen oportunidad de alcanzar en el Antiguo Colegio de San Ildefonso (Justo Sierra 16, Centro Histórico de la Ciudad de México; los martes la entrada es gratuita).




***

In memoriam

Me acabo de enterar que cerraron la cantina El Nivel en la Ciudad de México, después de 125 años de operar en esa esquinita de Moneda entre el zócalo, catedral y palacio nacional. Como casi todos los que han dicho algo, me uno a la voz que lamenta que la cierren y me pregunto cuáles son los planes que la UNAM tiene para ese lugar. Como casi siempre, aunado al clamor popular de preservar la tradición mexicana de las cantinas, las razones sentimentales también interfieren en esta añoranza por un lugar que se cierra. El nivel fue la segunda cantina que visité en mi vida (porque en Tampico aún no se permite la entrada de mujeres a este tipo de lugares) y fui cliente más o menos asidua hace tres años porque íbamos a comer ahí los sábados después de las clases de tseltal. Eso también me ha hecho recordar mucho a Pablito, que fue quien me llevó ahí la primera vez, luego de colarnos a un evento de danza en el Teatro de la Ciudad.
Supongo que en esto de los negocios también es la ley de la vida, que todo llega a su fin y esas cosas. Como el Café El Mundo en el centro de Tampico. Ese lugar me hace recordar a mi abuelo, porque siempre fue a tomar café en la barra de ahí y me llevaba pastelillos (unos panes de pasta hojaldrada cubiertos de azucar dorada). Hace años tuvieron problemas con el dueño del lugar y lo cerraron, sin avisar ni indemnizar a los trabajadores. Su antigua ubicación, en César López de Lara ahora alberga una farmacia, una zapatería y una heladería de La Michoacana. Los trabajadores armaron algo así como una cooperativa y trataron de rescatar el espíritu de El Mundo. Pusieron una cafetería en un pasillito sobre la calle de Madero; ahora se llama Mun-2. Hace un par de semanas a mi hermano y a mí nos entró un antojo loco por pastelillos y nos lanzamos a buscarlos. Me dio mucho gusto ver que el negocio prosperó y ya se hicieron del local contiguo. Sigue siendo un lugar pequeño y no es muy bonito, pero si andan por ahí dénse una vuelta, pidan un café y acompáñenlo con un polvorón o un pastelillo, de verdad son buenos; ojalá tengan suerte porque vuelan. Ñumi, ya se me antojó.

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I say a little prayer...

miércoles, julio 11

confessions of a torta eater


Esta mañana terminábamos de almorzar y aún indecisos sobre ir al sureste o no, esperábamos una señal divina que nos acabara por convencer de no ir (que el birlo no le quedó al coche, que no hicieron un último depósito bancario o algo así). En eso sonó el teléfono para dejarnos de estupideces: mi tío José (quien en realidad es mi medio primo) llamaba para avisarnos que el asma de mi abuelo empeoró y que estaba internado en el hospital desde ayer. Es así que son las 3am y en un par de horas estaré viajando a tierras húmedas y calientes del sur. Recién ayer terminé por fin de desempacar y ahora empaco otra vez para irnos unos días a ver a los abuelos y a toda esa familia que dejo de ver por años y que nos desconocemos mutuamente. La prioridad es ver a mi abuelo, pero quiero aprovechar para ver a mi abuelastro, el segundo esposo de mi abuela la estrafalaria; quiero también comer pulpa de mazorca de cacao, que es temporada y para mí es exquisita; muero por comer una gruesa de maíz untada con nata y mantequilla fresca, y tener de postre un heladito de leche bronca con canela y azúcar. Es un viaje que quiero hacer pero me pesa que no vaya mi hermano y que mis tiempos se agotan a gran velocidad.

En la noche llamé a mi muy querida Rose para despedirnos temporalmente y me invitó a acompañarla a un partido de basketball de su novio para platicar un rato. Hacía por lo menos un par de años que no me paraba por una cancha y lo disfruté bastante, me gusta mucho ver el basket en vivo. Después del juego nos fuímos a cenar tortas y es por eso que escribo ahorita.

Para quienes no lo sepan, acá en Tampico hay una creación culinaria bastante exclusiva: la torta de la barda. Se llama así porque una señora se iba a vender tortas afuera de la estación de ferrocarril hace muchos años y justo se ponía junto al muro que bardea la explanada de la estación. Resultan ser tan buenas estas tortas que se hicieron famosas rapidísimo y son típicas de la zona. La combinación en principio no suena muy atractiva, pero tiene su encanto: un bolillo (que en Tampico se le dice pan francés) embarrado de frijoles negros refritos, queso fresci molido, un poco de carne deshebrada, queso amarillo, jamón, queso de puerco, chorizo, cebolla, tomate (oh pues, jitomate), aguacate y una salsa verde bien picosa con chicharrón. Una bomba, sí, lo sé. En mis 25 años de existencia en la vida había siquiera probado una torta de estas, una vergüenza, pero en mi familia nadie las come y a mí nunca se me antojó. Ya desde hace tiempo quería probar una, nomás por no dejar, y fue divertido ir con Rose... ella ni siquiera es originaria de aquí y es la que a veces me muestra muchas cosas, por eso la quiero tanto. Les pongo unas fotitos para que se entretengan. Me tengo que ir porque aún tengo cosas por empacar.

1. Acercamiento a la torta, reconociendo el terreno. Los conocedores dicen que es mejor pedir la salsa aparte para dosificarla mejor.

2. Un par de acercamientos más, los cuales también nos muestran cómo acomodarse para tomar eficazmente el alimento evitando derrames lamentables.


3. Ahora sí, a zampársela. Carlos le entra a la torta con gusto, Karina se acerca desconfiada pero igual le mete el diente con entusiasmo.

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nos vemos prontito, besos mientras ;)