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martes, mayo 26

viaje

Dicen de esos libros tan buenos que no quieres que terminen. Yo más bien pienso de esos libros buenos que me envuelven tanto que me hacen muy difícil regresar a mi realidad; siempre toma tiempo, aunque no se esté tan lejos, el camino de vuelta va lleno de emociones y cuestionamientos.

*

El último libro que me ha hecho sentir así, que me ha atrapado por completo, que no quería que terminara, es El Error del Milenio, una colección de cuentos de Daniel Espartaco Sánchez. Para todos los que no hemos podido conseguir un ejemplar, el autor ha subido una copia de libre acceso en internet aquí.

Así que aquí tienen una invitación: vayan al link en scribd, bajen el libro, dense un ratito para leer. Les aseguro que les gusta, no es una recomendación al azar. Disfruten.

domingo, noviembre 18

Finding the unexpected

Pues no sé ni cómo pero navegando hace rato para matar el tiempo entre que trato de encontrar un equilibrio Arrow-Debreu y entre que mi cabeza se harta, me vine topando con este blog de Constanza Rojas Caballero. Uy y pues yo recontenta porque encontrarse con un escritor que nos gusta mucho y que nos llega es como encontrarse con un viejo amigo que nos conoce bien.

A Constanza la conocí cuando escribía en la revista de música La Mosca en la Pared. Eran buenos tiempos esos. El primer ejemplar que leí fue el de diciembre de 2000, que encontré de puro churro en el WalMart de Tampico y que me gustó por el diseño de la portada. De ahí comenzó una colección que continuó hasta el año 2005, más o menos. En ese entonces empezaba a escuchar música mucho más variada y de alguna manera educaba mi oído musical. Por ese lado, la Mosca fue una gran aliada, además de Fer, Brenda y Roberto, que me compartían un montón de cosas, entre discos y novedades. Pero también la Mosca era una revista, digamos, completa, porque no se clavaba sólo en la música: Armando Vega-Gil escribía el Diario Íntimo de un Guacarróquer, que a pesar de lascivo y abyecto era graciosísimo ("hilarante") y no podía dejar de reír, José Agustín tenía una columna donde criticaba discos clásicos y nuevos, Eusebio Ruvalcaba era un señorón que escribía historias que siempre me dejaban pensando, y claro, siempre, o casi siempre, había un cuento de Constanza Rojas que me gustaba y hacía sonreír. Creo que Paco se contagió del gusto por la revista, que fue una colección que armamos entre los dos y que mantuvimos a pesar de nuestras temporadas fuera de México en los intercambios. Con el tiempo acabó la colaboración del Vega-Gil, Ruvalcaba se clavó en historias de putas, borrachos y música de Mozart y las colaboraciones de Constanza desaparecieron (y de pronto empezó a escribir Patricia Peñaloza que nunca me ha caído como que muy bien). Creo que la Mosca nunca ha dejado de ser una buena revista, con buenas recomendaciones, buenos análisis y muy buen sentido del humor, pero supongo que la cosa ya no fue igual y entre que había temporadas en donde nuestros ingresos se tornaban inseguros, comprar la Mosca dejó de ser prioridad.

Anyway, después de este flashback, dejo tanta palabrería para compartir las historias de Constanza Rojas, a quien pueden leer aquí mismito.
Son historias cortitas, sencillas, cotidianas, pero bien narradas y no sé, de alguna manera íntimas, como si trataran de nosotros o de alguien conocido o fuese una historia que ya nos tocó ver. No sé, ojalá les gusten.

UPDATE: bueno, quizá exageré de la emoción... sí, no son los súper cuentos, pero como sea, hay algunos buenos :)

PD: ¿a alguien le gustan los monitos de Trino? a mí me encantan y me llena de ternurita la serie que ha estado sacando en el Reforma los últimos días en las Fábulas de Policías y Ladrones y en sus Crónicas Marcianas, haciendo referencia a su próximo y esperadísimo estreno como papá :) desde aquí, ¡Felicidades!

martes, octubre 23

2 Historias de Cronopios y de Famas (y Esperanzas)

VIAJES

Cuando los famas salen de viaje, sus costumbres al pernoctar en una ciudad son las siguientes: un fama va al hotel y averigua cautelosamente los precios, la calidad de las sábanas y el color de las alfombras. El segundo se traslada a la comisaría y labra un acta declarando los muebles e inmuebles de los tres, así como el inventario del contenido de sus valijas. El tercer fama va al hospital y copia las listas de los médicos de guardia y sus especialidades.
Terminadas estas diligencias, los viajeros se reúnen en la plaza mayor de la ciudad, se comunican sus observaciones, y entran en el café a beber un aperitivo. Pero antes se toman de las manos y danzan en ronda. Esta danza recibe el nombre de "Alegría de los famas".
Cuando los cronopios van de viajes encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos y les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: "La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.
Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a ver porque ellas no se molestan.

TORTUGAS Y CRONOPIOS

Ahora pasa que las tortugas son grandes admiradoras de la velocidad, como es natural.
Las esperanzas lo saben, y no se preocupan.
Los famas lo saben, y se burlan.
Los cronopios lo saben, y cada vez que encuentran una tortuga, sacan la caja de tizas de colores y sobre la redonda pizarra de la tortuga dibujan una golondrina.

(Los cronopios, los famas y las esperanzas siempre se las ingenian para hacerme sonreír, una y otra vez)