sábado, diciembre 6

vida

Anoche tuve un sueño muy bonito, de ésos en los que se resuelven las incertidumbres y se nos revelan grandes verdades. La parte de la resolución de lo incierto siento que fue más de esos respiros que se da el inconsciente para tranquilizarse ante lo que no nos gusta; sentí un gran gran alivio que casi me despierto de la emoción, pero dentro de mi sueño supe que era sólo un sueño y lo dejé pasar. Esta mañana repasando eso me di cuenta de lo preocupada que estaba/estoy, pero también supe que cosas como ésas no son ni buenas ni malas, simplemente son, y debo tratar de que la vida fluya sola sin demasiadas amarras. La otra parte de mi sueño fue una escena muy bonita, pues estaba en un como parque o jardín con una estatua en medio que se suponía era el monumento al amor eterno, representado por una pareja de viejitos sentados en una banca, abrazados y sus rostros frente a frente, acariciándose mutuamente las caras. Lo maravilloso era que uno podía apreciar el embeleso en su mirada, el cariño y el cuidado con el que posaban sus manos en la faz de uno y otro, la felicidad de su sonrisa en sus labios y con sus ojos; y en los ojos se veía el amor eterno, una mirada sin edad, la transmisión de un sentimiento siempre vivo.

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Una semana más, abuelo, espera una semana más.

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